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20 ene. 2008

Ficción y demagogia Por Daniel Salas

El poeta y blogger Paolo de Lima no es una persona con la que se pueda discutir debido a una sencilla razón: porque nunca responde a los argumentos. De todos modos, anoto dos frases de su último post, en el cual comenta un artículo de Iván Thays relacionado con la polémica entre “andinos” y “criollos”.

Me gustaría escribir más sobre el tema que trata, que da para mucho, especialmente la noción (para mí innecesaria) de “heterogeneidad cultural”, pero lo dejo para otra ocasión. Por eso, antes que se me olvide, comento estas dos frases:

Por mi parte, aquí recuerdo el libro ¿Quién dijo totalitarismo? de Slavoj Zizek
y su célebre tesis: "Desde el momento en que uno acepta la noción de
'totalitarismo' queda inserto firmemente en el horizonte democrático liberal"
(Valencia: Pre-textos, 2002, 13).

No comento el ensayo de Zizek, que no he leído, pero hay dos asuntos que quiero resaltar:

a) ¿Cuál es el problema con el horizonte democrático-liberal? La estrategia retórica aquí es ponerte una etiqueta y presuponer que ella te descalifica. Pues bien, pregunto de nuevo: ¿cuál es el problema con el horizonte democrático-liberal? Y si no queremos estar bajo ese horizonte ¿cuál es una mejor alternativa? ¿la dictadura del proletariado? ¿la “metapolítica” de Eduardo Hernando? Izquierda y derecha se dan la mano en su antiliberalismo y en su desconfianza en la democracia. Si tienen argumentos para esto, que los presenten, pero que no los presupongan.

b) Juzgo la frase de Zizek aisladamente y tal como la presenta Paolo de Lima. Me parece bastante problemática por no decir absolutamente absurda. El totalitarismo se define por su utopismo. Es muy fácil. Para estar en contra del totalitarismo basta sentir disgusto por los uniformes, los desfiles de banderas, el culto mesiánico al líder y la búsqueda de una sociedad perfecta e inmejorable. El totalitarismo es de una estética y de una moralidad brutal. Si oponerme a ello me etiqueta como “demócrata-liberal” no veo el problema. Sobre esto, voy a escribir un post bastante gráfico y breve en unos días.

La otra frase de Paolo de Lima es, sin duda, demagógica. Refutando la idea de pluralidad que propone Thays, el blogger sostiene que no es suficiente. Observen este argumento:

Para la aceptación plena de la pluralidad tendría que darse una sociedad con
las mismas oportunidades para todos aquellos que hasta ahora (incluyendo a los
escritores y sobre todo a los productores populares de discursos que nunca
llegan a la escritura) se sienten postergados.

Es decir, basta que “me sienta postergado” para que “alguien” (Paolo de Lima no dice quién) me deba dar una oportunidad. ¿A qué se refiere? ¿Al Estado? ¿Al público? Si Paolo de Lima no puede decir quién le debe dar esa oportunidad a los que “se sienten postergados”, la frase es hueca y una apelación a la misericordia de nadie. Además ¿qué pasa si te dan la oportunidad y a nadie le gusta lo que haces? ¿Por qué alguien debe invertir en una producción que nadie va a disfrutar? ¿De qué manera se les puede dar a todos “una oportunidad”? ¿Obligando a todos a leer lo que no queremos leer y escuchar lo que no queremos escuchar?
El problema con los argumentos de Paolo de Lima es su habitual abstracción, sus recomendaciones claramente demagógicas que no pueden ser aplicadas. Hay que limpiarnos de la imprecisión y, sobre todo, del aislamiento disciplinario.

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