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15 jun. 2007

Diferentes espacios-tiempos históricos Por Silvio Rendon

Las cosas se han precipitado con la publicación de Con las manos en la mesa de Caretas. Hoy leemos:
¿Arroz con pacto? Por Mirko Lauer
(...)
el famoso entendimiento del Apra con el fujimontesinismo no es una exclusiva. El sistema de cuotas para llenar el Tribunal Constitucional también representa un inevitable entendimiento de los humalistas y de UPP con el fujimontesinismo.
Comentario: Aquí se está jugando a varias bandas.
  1. Mantilla no actúa por cuenta propia como el APRA ha querido hacer pensar a la opinión pública, sino que es un representante plenipotenciario del partido aprista y del gobierno. Toda la estrategia consiste en cuidar la imagen de Alan García, protegido por sus partidarios como por una prensa que juega (o no le queda otra) a la "oposición suave". En el Perú post-Montesinos no es novedad que el gobierno controle también a los opositores y se esfuerce por suavizarlos/ comprarlos/chantajearlos/ amenazarlos/ cooptarlos. Al parecer el centro de operaciones de antes era el sótano del SIN, ahora es Palacio de Gobierno o algún restaurante o chifa.
  2. Fujimori no ha elegido a Chile por casualidad. No era sólo estar cerca del Perú, sino que efectivamente está jugando la carta guerrera (quedaría por averiguar si tiene contactos locales). Los medios a su servicio se han dedicado a una vergonzosa campaña belicista, destinada a exaltar los ánimos antichilenos, coincidentemente caldeados en la campaña electoral por los humalistas. ¿Por qué? Suena a que pretenden distraer la atención pública azuzando la tensión con nuestros vecinos. Fujimori ya lo hizo hace doce años con el Ecuador: después de viajar al Ecuador promovió la guerra con el vecino del norte para acabar abandonando a los soldados peruanos en el frente (con razón se pudo entender tan bien con Abimael Guzmán, otro criminal de los que da las órdenes asesinas, pero elude sus responsabilidades de la manera más cobarde). Si bien el Perú y Chile no han dejado de estar en una absurda guerra fría desde hace ya muchas décadas, lo que se está haciendo es aún más absurdo: escalar hacia romper fuegos.
  3. García ha jugado a la protección de Fujimori, a través de unos peones, y al parecer no le ha quedado otra que jugar a la extradicción, a través de otros, como Múlder. Asociaría este cambio al cerco externo al que se estaba sometiendo García: fuera del Perú Fujimori es un dictador más. Tarde o temprano García iba a pagar (y todavía puede pagar) por tal protección, en total contradicción con sus esfuerzos por firmar el TLC con EEUU (miremos sino a Uribe). Dentro del Perú, la cosa es diferente, pues Fujimori y los humalistas sí que tienen apoyo. Para el tema interno, sucio, como el reparto de cuotas en el Tribunal Constitucional, está Mantilla. Doble juego. Y tampoco es muy sorprendente que se haya hecho un reparto por cuotas en esta institución: lo mismo pasó en el BCR. ¿O es que no sabemos que allí tanto Keiko Fujimori como Ollanta Humala tuvieron su cuota?
  4. Tenemos también el juego de García con sus ministros, con la reguladoras, con las instituciones públicas que todavía no se han acabado de copar. Aquí la definición es totalmente negativa: se está retrocediendo a los estilos típicos del primer gobierno de García.
  5. La oposición a García en estos momentos no es política (partidos de oposición inoperantes), sino social (paros, huelgas, protestas), mediática (por revelaciones puntuales, como la de Caretas) y externa (firma del TLC, imagen de García en riesgo por violaciones a los derechos humanos en su gobierno y por la protección a Fujimori).
Entonces. La cosa va en diferentes "espacios-tiempos históricos", evocando la curiosa teorización de Haya de la Torre. Veamos. Tenemos una prensa opositora-suavizada, un Mantilla dentro-fuera del APRA, un Fujimori que azuza la enemistad con Chile desde el mismo Chile, un García que protege y persigue a Fujimori, utiliza y boicotea a sus ministros, excluye e incluye a su propio partido, y que cuenta con un montón de peones que a veces chocan entre ellos, pero finalmente bailan bajo su coreografía. Pareciera una continuación mejorada del sistema fujimorista de control total, que era demasiado monolítico y por lo tanto evidente, rochoso. El de García parece ser un totalitarismo mejorado, más solapa, de señales contradictorias, como para que pueda pasar piola, haciéndose el loco, pero totalitarismo al fin. No nos equivoquemos...



Campaña sistemática y persistente de los medios fujimoristas. Gracias a este tipo de titulares, el Perú queda como país belicista.
¿Quieren pasar de la guerra fría a la guerra caliente? ¿A quién pretenden engañar?





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