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5 jul. 2008

Violencia cotidiana Por Miguel Tejada

Episodio Uno
Fue hace casi 30 años, por 1982 mas o menos. Iba por la avenida Benavides en Miraflores y un hecho me impactó profundamente: un señor enternado y blanco golpeaba e insultaba a una muchacha de tez oscura y la mitad de bajita que él, en plena calle. Y nadie hacía nada, porque esa chica era "su" chica, su empleada doméstica, y apropiadamente vestida como tal. Estaban a la puerta de una casa, la chica acabando de llegar con las canastas del mercado, y el señor indignado porque no compró algo a su gusto. La gente pasaba sin inmutarse. Total, era un episodio "privado", entre un posesor de derechos y una desposeida a la que no se le reconocen derechos.
Episodio Dos
Varios amigos habíamos ido a la casa de un compañero de colegio, en la época que era colegial, y en el comedor estaba él hermano de mi amigo con su nueva enamorada, una chica bonita según recuerdo. La mamá nos hizo pasar a la sala a esperar a nuestro compañero de colegio, e hizo un gesto despectivo hacia la chiquilla. Era porque su tez era bien oscura, cobriza diría el papá de Humala. Lo que me sorpendió sobremanera, pues excepto una hermana de mi compañero de colegio, todos en su familia eran de rasgos bien andinos. Hasta ahora recuerdo ese gesto despectivo.
Episodio Tres
Estaba en un Centro Federado en la PUCP el 86 u 87, y escuché una expresión de uno de los militantes maoístas (el recordado "Piajeno") que me sorprendió. La repito no textualmente, la memoria no me da para tanto, pero sí conservando el sentido. "Cuando triunfe la revolución violaremos a todas esas gringuitas de antropología y arte que nos miran de arriba abajo ahora". Para este amigo provinciano, la revolución significaba un literal "que la tortilla se vuelva y que los pobres coman pan y los ricos mierda, mierda".
Episodio Cuatro
Un grupo de amigos, entre los cuales creo estaba alguno de los co-blogueros, estábamos ante un afiche de Patria Roja en Letras de la PUCP. Frente a los muchachos de Patria, por cierto, nos burlábamos de sus errores y horrorres de ortografía y redacción. Mucho después, ya no adolescente, comprendí que si bien hay que luchar contra la mala redacción, el que la posee no es completamente culpable de ello. Un pésimo sistema educativo y la falta de oportunidades (entre otras, a la posibilidad de contar con literatura en casa), son en mucho responsables de lo que vemos. Y la salida no está en burlarse de los que no tuvieron nuestras oportunidades. Recién después pude ponerme en el pellejo de ellos y entender lo que nuestra adolescente burla implicaba en un país tan cruzado de racismo y discriminación como el nuestro (comenté que casi todos los de Patria Roja eran provincianos?). No era su culpa que el Golem o Ulises no estuvieran a su alcance. De hecho, hasta muchos años después no llegaron a estar a mi propio alcance.
Episodio Cinco
Clase de sociología con alumnos de la UNI. Pregunta ¿conocen ustedes a alguien que haya sido discriminado? Todos respondieron que no. Y la mitad de la clase eran provincianos, y la otra mitad no se caracterizaba por su blancura o su riqueza. Andando la clase, de pronto, algo se quebró, y empezaron a aparecer experiencias de discriminación: la del muchacho de San Juan de Lurigancho, de padre profesional, que iba con sus amigos de barrio a Miraflores y no eran atendidos por los y las meseras del Bembos por más de una hora, mientras se atendía a clientes "no de conos" que llegaban después. Y muchas historias similares. Esto pasaba el 2002.

Episodio Seis
Laboraba como facilitador de talleres del Acuerdo Nacional el 2001, y en uno de los talleres descentralizados en Huaraz, los participantes se acercaban a un asesor del Primer Ministro Dañino, que nos acompañaba en el viaje, para entregarle memoriales con las demandas de su pueblo. El asesor amablemente recibía los papeles, y aseguraba que los tramitaría a las instancias correspondientes. Antes de regresar a Lima, terminado el taller descentralizado, veo al asesor botar todos los memoriales que le habían entregado a un tacho del hotel. Total, ya había cumplido su tarea, que era asegurar que en las conclusiones del taller hubiera la mención a que había participantes que estaban de acuerdo con que el Estado debía tener un rol subsidirario en la economía, y la mención al Perú como país minero (los demás puntos de la agenda no le interesaban).
Episodio Siete
Regreso a casa del trabajo en una combi hace un par de años, y de pronto empieza una pelea entre el cobrador de tez oscura y desliñado, y un muy bien vestido y clasemediero pasajero. No entendí quién tenía la razón en el griterío. Pero sí se me grabó unas frases espetadas por el pasajero al cobrador: "¿Tú sabes con quién te estas metiendo? ¿quién te crees que eres? No sabes con quién te metes". No se descalificaban las razones del interlocutor, se descalificaba al interlocutor, su derecho a discutir con alguien que no era de su "nivel" (limeña palabreja utilizada también en el griterío).
Podría exenderme en episodios de mi vida personal donde he visto estos clivajes. Seguro muchos cuentan con recuerdos semejantes. Y aunque muchos otros me señalen al Megaplaza y Los Olivos como ejemplo que se han roto las barreras, que ya no existen límites al self-made man, al que quiere "superarse" (qué fea palabra realmente), aún no veo en mi vida cotidiana, en Lima o en mis viajes por provincias, que nos tratemos unos a otros como ciudadanos. Como alteres con iguales derechos y obligaciones. Y, o yo soy muy sensible a estos hechos, o mucha gente que conozco es insensible ante los discriminados.

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