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3 set. 2007

Cambalache Por Silvio Rendon

Leo este comentario anónimo al post "Feliz 31" de Gustavo Faverón:

Informarse y pensar es indispensable, pero la gente puede elegir no hacerlo y opinar y eso es completamente tolerable. Eso es democrático. Lo contrario es aristocrático, y la aristocracia del pensamiento -a ella podría pretender pertenecer- es un categoría en la que no sirve enclaustarse, sobre todo porque usualmente se le reclama cuando se discrepa de todos y no se puede convencer a nadie.
Comentario: Alude al centro de la cuestión y está muy bien expresado, incluyendo que se trate de un anónimo. La gente puede elegir y elige opinar sin informarse ni pensar. Lo hace todo el tiempo. Ahí tenemos toda una sobrepoblación de curanderos (en medicina), doctores mediaticos (en psicología), tinterillos (en derecho), gurúes (en economía y administración). Es efectivamente una democratización. Juntar información puede tener un alto costo de oportunidad. Ya no se está por la igualdad de oportunidades, que todos tengan iguales oportunidades de adquirir información, educación, capital, sino por la igualdad del tango Cambalache: Todo es igual, nada es mejor . Si Vd. tiene que operar a su hija pequeña del cerebro y necesita un neurocirujano, tendrá que aceptar este tipo de democracia y cualquiera podrá operar y sobre todo, emitir opinión sobre el problema que aqueja a su hija. Lo mismo con los asuntos de economía: pones a quien no sabe y luego te viene una hiperfinflación. En el Perú tuvimos el caso de Vásquez Bazán, que primero fue ministro, último ministro de economía de García-1, y una vez acabada su función pública, 30% de inflación mensual, recién se fue a estudiar fuera del país.... Ah, pero no. "Es completamente tolerable. Eso es democrático. Lo contrario es aristocrático."

Los ejemplos dados son casos extremos. Pero pensemos en otros casos, intermedios. Ocurre lo mismo en menor grado. Estas llamadas democratizaciones llevan al desastre. Los envalentonados opinadores-sin-saber tienen su público (ver Don Gato y su pandilla) para el cual son verdaderos superhéroes (ver Sobreoferta de superhéroes y alter egos): admiran a su propio alter ego. Tal democratización cumple así con una ley de Gresham (la moneda mala desplaza a la buena), pero del capital humano: el capital humano bajo desplaza al alto. El panorama se llena de "doctoras cachetada", de pseudo-gurúes que te dan "secretos del carajo" y ponen velitas a sus santos, de economistas "no negociables" o conocidos técnicos sin credenciales, todos "punteros mentirosos", truchos, bambeados, improvisados. Dan una mala señal a los que vienen después, que comienzan, como es lógico, imitando lo que ven y acaban por creer que la educación no sirve. Si la hacen sin esforzarse, cual es el caso de los que ven, ¿para que esforzarte? Tienes que ser muy tonto... Obviamente que se equivocan: así es como se cultivan las hiperinflaciones, los seis-a-cero, la falta de competitividad y la inercia en la mediocridad...

El fenómeno lleva algún tiempo. La proliferación de bitácoras es un caso particular del asunto (ver Fiebre blog), aunque ni siquiera el más importante. La mejora de las comunicaciones, internet y cable, ha creado dos tendencias encontradas. Por un lado, permite a quien quiere ver que hay otro nivel allá afuera. No te pueden dar gato por liebre y sancionar que es bueno algo mediocre: nadie te impide hacer click y lo inflado queda deflactado a su valor real. Sin embargo, por otro lado, hacer clicks toma tiempo y nadie impide tampoco a nadie inundar esos mismos medios de mal material. Si no tienes idea, haces click en un buscador y lo que te sale primero no es necesariamente lo mejor, sino en muchos casos una serie de páginas tipo tabloide o diario "chicha". Más aún, es esto lo que en ocasiones queda sancionado como lo que hay que hacer, "Lo que le gusta a la gente" en versión bitácora. Tienes que hacer más clicks de lo que cuesta tu tiempo si quieres limpiar el trigo de la paja. Sino, caes en lo mismo y sigues lo que hace el rebaño (ver Los blorregos). La información es tan cuantiosa que sin un hilo de Ariadna te pierdes en el laberinto y actúas como dice el festejo "todo el mundo corre, caramba, corro yo también". En vez de individualizarte y seguir tu propio camino, te masificas, no te diferencias en nada. Dices lo que dice todo el mundo, y por lo tanto, no aportas.

Un ejemplo de cómo es que se puede estar perdido en un mar de información es el "autodidacta", personaje de "La náusea" de Sartre: iba a la biblioteca y como no sabía cómo asimilar la información, leía por orden alfabético. Todos los autores cuyos nombres comenzaban con la letra "l", después los de la "m", etc. La cosa es que un conocimiento útil no se te aparece en orden alfabético... Lo tienes que procesar.

Lo que ocurre en la blogósfera peruana (denominación que un grupo de patas - ver Algo del Blog Day ayer en Mochileros -, ensimismados/as con sus chistes internos, quiso cambiar, sin conseguirlo) es pues un caso particular de una tendencia más general y que viene de antes, como podemos apreciar en el tango Cambalache (ver letra aquí) cantado por Julio Sosa:



Es una tendencia que viene de muucho antes, más de un siglo....

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