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17 abr. 2008

El atizador del antisemitismo en el Perú 2 Por Silvio Rendon

El artículo de César Hildebrandt que comenté en El atizador del antisemitismo en el Perú ha tenido respuesta ayer. La reproduciré a continuación:
Respuesta a quien utiliza los viejos métodos antisemitas, incluyendo los nazis

Herman Blanc
Presidente de la Asociación Judía del Perú

Desde hace más de 2,000 años, en distintas épocas y lugares, cualquier excusa fue válida para acusar a los judíos y justificar la violencia contra todos ellos.
Hace poco revivimos esa misma persecución a través de un artículo titulado “Judíos nazis” firmado por César Hildebrandt y publicado el 5 de abril en La Primera.
La presente nota aclaratoria no busca defender (o no) a las personas a las que Hildebrandt condena, sino desenmascarar a un antisemita que se niega tal. Con su artículo, Hildebrandt violenta los derechos humanos que dice defender. Así, el autor utiliza un título y una serie de afirmaciones en el texto que incriminan a todos los judíos, reproduciendo el más clásico de los antisemitismos, aunque, como otros, niegue que es antisemita.
Para respetar los derechos de todos, entre los que está el de no perseguir a nadie en base a su religión, condición social, género u opiniones, todas estas personas señaladas por Hildebrandt debieron ser identificadas únicamente por sus nombres y apellidos. De hecho, es tan obvia su discriminación que sólo en caso de acusar y recriminar a personas de religión judía la afirma y se regodea con ello. En ningún momento indica el credo de los otros mencionados no judíos.
Por otra parte, para dar fundamento a sus fijaciones contra todos los judíos, de forma manipulada Hildebrandt mezcla sin ningún sentido el enfrentamiento entre Israel y los grupos terroristas palestinos. ¿Es que debemos recordarle al Sr. Hildebrant que Hamas no sólo perpetra actos de terror contra judíos sino también ejerce un cruel terrorismo de Estado contra el pueblo palestino boicoteando toda posibilidad de dos-Estados-para-dos-naciones, como es el sueño de tantos palestinos e israelíes y como está marcado en la hoja de ruta de las conversaciones de Oslo?
La táctica del Sr. Hildebrandt es utilizada desde la izquierda radical hasta el nazismo de ultraderecha, es decir, los extremistas de cualquier signo. Esta consiste en referirse de modo parcializado y sin objetividad a los sucesos del Medio Oriente para reafirmar las “culpas” de los judíos. Se olvidó el Sr. Hildebrandt que en 1948, cuando la ONU resuelve la creación de dos Estados –uno árabe y uno judío– en el territorio ocupado por Gran Bretaña, los ejércitos de nueve países árabes pretendieron echar a los judíos al mar… El maniqueísmo es un mal que afecta a los dogmáticos del odio.
Otra muestra de sus prejuicios antisemitas es su minimización de la dimensión del Holocausto, al comparar a personas de religión judía que en su opinión cometieron arbitrariedades con los jerarcas nazis, que no sólo desarrollaron una criminal propaganda antisemita, sino que llevaron a la práctica el asesinato sistemático del pueblo judío por el único hecho de ser judíos.
Sí pues, César Hildebrandt es antisemita. Triste y vergonzoso.
El día de hoy este periodista responde

¿Antisemita yo?

El presidente de la Asociación Judía del Perú me llama antisemita. Lo hace en el periódico de los evasores de impuestos más impunes de la comunicación: la familia ­Agois.

Espero que los judíos del Perú no se sientan representados por la ordinariez de Herman Blanc. Espero que mis amigos y amigas de esa colonia no acepten a Blanc como portavoz. Se merecen otra cosa.
(...)

Escribí, entonces, un artículo que volvería a escribir letra por letra. Se llamó “Judíos nazis”, no mencionaba ni aludía al tal Herman Blanc, y era una respuesta a la connotación sanguinaria del pronunciamiento de Uri Ben Schmuel. Y como este señor llamaba a Martin Rivas “un soldado que sirvió a la Patria” y demandaba una condecoración para tamaño criminal, me permití sugerir que esa medalla podía llamarse la Orden de Ariel Sharon en el grado de Sabra y Chatila.

¡Y cómo ha ardido en odio Herr Blanc! Es que para gente como él, Sabra y Chatila son dos nombres malditos: corresponden a los de dos aldeas libanesas de refugiados donde, el 16 de septiembre de 1982, los falangistas cristianos maronitas, con la complicidad del general Ariel Sharon, organizaron una matanza multitudinaria de familias palestinas. No menos de mil palestinos desarmados fueron asesinados ante la inacción premeditada de las tropas del Tsahal que habían ocupado la parte oeste de Beirut.

Para tener una idea de cuán ­irracional resulta que se me acuse de “antisemita” –viejo truco que ya no asusta a nadie– transcribiré el último párrafo de la columna que ha merecido la acidez grástica del señor Blanc:
(...)

Es tan bruto este señor Blanc –una excepción dada la legendaria inteligencia de su pueblo– que afirma que Hamas “ejerce un cruel terrorismo de Estado...”y es tan mentiroso que me acusa de “minimizar la dimensión del Holocausto” cuando no hay en todo ese escrito una sola palabra que pueda citar para sustentar su dicho. Y las palabras que siguen a esa mentira no sé si atribuirlas a un reciente accidente cerebrovascular –en cuyo caso merecerá todas las indulgencias– o a una mala fe que linda con la felonía: ­“Otra muestra de sus prejuicios antisemitas es su minimización de la dimensión del Holocausto, al comparar a personas de religión judía que en su opinión cometieron arbitrariedades con los jerarcas nazis, que no sólo desarrollaron una criminal propaganda antisemita, sino que llevaron a la práctica el asesinato sistemático del pueblo judío por el único hecho de ser judíos”.

¿Alguien puede ayudarme a descifrar este galimatías, esta jerga oscura y vagamente lamentosa que pretende decir lo que sus frases no alcanzan a decir y lo que su puntuación convierte en mensaje idiotón de un cuaderno “Loro” doblado en los bordes?

Vamos, señor Blanc. Usted sabe que no soy antisemita. Y no puedo serlo porque la cultura no me es tan remota –como parece ser su caso– y porque he dedicado toda mi vida a luchar por los derechos democráticos y por los fueros de la libertad. Y el odio que usted finge creer que tengo no me haría libre. Me convertiría en lo que es usted: un esclavo de su nacionalismo rabioso.

El problema del pueblo judío es que mucha gente pueda ­creer, equivocadamente, que el Estado de Israel –usurpador de ­derechos, terrorista de tanto combatir el terror– lo representa. Y no es así. El Estado de ­Israel no representa las grandezas del pueblo judío. El problema no son los judíos –a pesar de que detrás de ese escudo ­tantas veces milenario se escondan sujetos como Blanc–. El problema es Israel y la política que ha ­obligado a avalar a la Casa Blanca.

(...)


Blanc es un calumniador fracasado y un descrédito para los más de cinco mil años de cultura judía, digo yo. Que para la próxima le pase el texto a una persona inteligente en el idioma castellano, añado, con todo respeto. Shalom aleichem.

Comentario: Bueno, ya he opinado sobre el artículo de Hildebrandt en un post anterior. Algunos comentarios adicionales sobre este último contrapunteo:

  1. El presidente de la comunidad judía peruana en realidad se quedó corto con el tema del holocausto. Hildebrandt en un artículo defendió al neonazi David Irving, negador del holocausto (ver César Hildebrandt y la negación del Holocausto). No sólo es que minimice al holocausto, sino que tira la piedra y esconde la mano defendiendo y dándole respetabilidad intelectual a sus negadores.
  2. La respuesta Herman Blanc es lo mínimo que podría decir como respuesta un dirigente comunitario que ve que se ataca a su gente. Lo mínimo. No está hablando sólo por sí mismo, sino en representación de una colectividad peruana. Incluso si no quisiera hablar, le tocaría decir algo, pues Hildebrandt ha ofendido a mucha gente con su artículo anterior. Ante esto, la respuesta de César Hildebrandt es francamente grosera, llena de insultos, y además completamente misia. El tema no es Sabra y Chatila (para nada Blanc ha escrito sobre esto; más bien se ha referido al plan de paz de Oslo y a la fórmula dos-estados-para-dos naciones), sino la alusión generalizada de César Hildebrandt a los judíos.
  3. Si en su artículo anterior, César Hildebrandt dio rienda suelta a sus odios y estereotipos, en el artículo de hoy, ratifica y expande su sarta de prejuicios, calificativos y burlas. No sólo evade el punto principal, sino que al irse por las ramas cae en las mismas generalizaciones de su primer artículo.
  4. Es paradójico que un antichileno obsesivo como César Hildebrandt diga "Me convertiría en lo que es usted: un esclavo de su nacionalismo rabioso."
  5. Finalmente, es lamentable que este judeófobo sea considerado "indispensable" en la prensa nacional. Estamos mal. Ojalá que mejoremos. Los peruanos nos merecemos algo mejor que César Hildebrandt.
Hasta ahí.

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