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14 may. 2008

Satanás y la Cumbre de los Pueblos Por Daniel Salas

Hablando de brujas, esta es una anotación breve, un comentario al margen, sobre la llamada ‘Cumbre de los pueblos’ o la ‘anticumbre’. Este post quiere ser también una demostración de cómo funcionan todavía los imaginarios políticos y religiosos.

Mi idea es que la anticumbre se modela igual que el satanismo o el paganismo anticristiano y que reacciona frente a lo institucional ofreciendo como respuesta lo prohibido y lo inverso.
Me explico: Satanás se opone a Dios y todos sus símbolos. Por ello, los extirpadores de idolatrías buscaban en las prácticas indígenas el reflejo invertido de las prácticas cristianas. Cada evidencia de ello, era una muestra de la influencia del demonio entre aquellas gentes. Así, fray Toribio de Motolinía describe en su historia de México una costumbre indígena de comer pan mezclado con sangre. Para el franciscano, esta es una manera en que Santanás se burlaba de la eucaristía mediante una imitación perversa. Otro ejemplo: el famoso movimiento Taki Onqoy puede entenderse como la recuperación de las adoraciones prohibidas, con la idea de que la recuperación de lo negado y vedado pudiera producir el efecto de una recomposición del mundo.

La anticumbre sigue el mismo principio: consagrar lo marginado y vedado, vindicar todo lo que sea antiinstitucional. Esto cubre incluso los gestos, los modales y la indumentaria. Allí cabe todo lo que se contruye como antioficial: mesianistas, indigenistas, avistadores de ovnis, radicales de izquierda, etnocaceristas, feministas posmodernas. ¿Quién es el Cristo y quién el Anti-Cristo? Eso depende del punto de vista. Las perspectivas cambian pero son las mismas funciones: oponerse aquí no solamente significa pensar diferente, sino que adquiere un sentido más literal: se modela como contradicción. Por tanto, es necesario decir y hacer exactamente lo opuesto de lo que dicen y hacen las instituciones. Se trata de darle la vuelta al orden de las cosas y por ello se parece mucho al carnaval.

Una buena lectura para entender la coherencia de la incoherencia es La tierra baldía, de Fernando Fuenzalida.

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