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20 nov. 2006

BCR: "sí, soy acéfalo, ¿y qué?" Por Silvio Rendon

Leemos a Richard Webb en El Comercio:
BCR Versión 2.0

Quizás, sin darnos cuenta, hemos descubierto una mejor fórmula para el manejo del Banco Central de Reserva (BCR). Desde hace tres años, la entidad no tiene un directorio completo y debidamente constituido. Sin embargo, pocas veces hemos gozado de inflación tan baja y reservas internacionales tan altas. ¿Habrá una causa y efecto en todo esto? ¿Será que el BCR ideal es uno acéfalo?
Es una buena pregunta. El autor parece ponerse de abogado del diablo. ¿A dónde apunta el autor con esto? Veamos:
¿El BCR necesita directorio? La preocupación por esa instancia surge del miedo a una repetición de las prácticas inflacionarias de las décadas pasadas.

De allí la idea de un directorio políticamente autónomo. En ese esquema, lo fundamental era tener un grupo de personas dotadas de la fuerza legal y moral para de ser necesario decirle no al Gobierno, sin posibilidad de ser removidos simplemente por no obedecer las órdenes de un jefe político.

No bastaba que los gerentes y técnicos de carrera fueran competentes; más allá del criterio técnico, se debía contar con un muro de contención político en la persona del directorio. Pero la lógica de ese argumento ha sido desplazada en gran medida por los candados legales que ahora atan las manos del banco.

Desde el año 1993, el BCR está prohibido de prestar al Gobierno, bajo cualquier modalidad, y su capacidad de prestar a un banco comercial se encuentra severamente limitada por la nueva ley. Además, los directores que incumplen esas prohibiciones están sujetos a una sanción penal. Es como si en el caso del banco sus funciones se hubieran castrado drásticamente.

Con o sin directorio autónomo, el peligro de una excesiva emisión monetaria se ha reducido sustancialmente.
Muy bien, si es así, se desmitificarían los supuestos méritos del directorio anterior que tanto se enaltece desde algunos sectores: simplemente no tendrían mucho margen de acción. Ni bien ni mal. Pero ¿es así? Es un argumento de tipo legal, pero como bien sabemos las realidades económicas y las prácticas políticas a las que estamos acostumbrados no suelen regirse por las leyes. Veamos al vecindario y (pase de taquito de un colega) recordemos a los argentinos antes de la última gran crisis financiera que decían que la devaluación del peso era imposible porque estaba impedida por alguna ley. No señor, las leyes están ahí, pero no siempre se cumplen. Ahora mismo se establecen leyes de austeridad que fijan un límite de sueldo para los ministros y vice-ministros. Sin embargo, para aumentarles el sueldo más allá de los límites y saltearse así las leyes, se los nombra en varios directorios de instituciones públicas. Evidentemente el sueldo de austeridad no es atractivo para los profesionales que tienen otras opciones. Evidentemente, fijarlo en serio los expulsaría y haría que apristas promedio ocuparan sus cargos. Con esto tenemos una idea de la capacidad vinculante de las leyes....

La calidad del directorio, su autonomía, su capacidad de hacer buena política monetaria sigue importando y mucho. Incluso el ceñirse a la ley es un talento que no todos tienen. Tons, no es que no importe quién esté (incluyendo al conjunto vacío) de director/a.
Lo que no se ha reducido, y más bien ha aumentado, es el reto de la regulación de los mercados financieros. Al banco le corresponde lograr que la tasa de interés y el tipo de cambio tengan los niveles y los comportamientos más adecuados para la economía nacional, y esa función se complica cada día.

Los mercados financieros, incluyendo los soles y los dólares, han crecido desproporcionadamente y se han vuelto más sofisticados y complejos. Continuamente aparecen nuevos instrumentos y nuevos actores.

Además, al desorden financiero 'made in Perú' se suma crecientemente el que viene por contagio de otros países. Antes, se regulaba emitiendo órdenes, en la forma de circulares que se enviaban a los bancos. Incluso se les ordenaba fijar una tasa de interés y un precio del dólar.

Ese mundo ha desaparecido. Hoy, la regulación se logra más sutilmente, influyendo y participando en los mercados. Si vemos el daño sufrido en muchos países en momentos de desorden financiero, podemos apreciar la enorme importancia de tener la mejor capacidad técnica posible, basada no solo en los estudios profesionales sino en la experiencia directa en el mundo de las finanzas.
Bueno, aquí se recobra el sentido. Claro que es mucha sutileza ponerse en plan de estudios vs. experiencia a la luz de la terna que apunta a completar el directorio del banco central. El tema inmediato va por el tipo de interés y el tipo de cambio, con la aclaración que lo que el autor llama "regulación" de estas variables es política monetaria. A diferencia de otros países donde la regulación de la banca comercial es función del banco central, en el Perú se tienen organismos aparte que cumplen con estas funciones. En esta división de funciones se incluye a las asociaciones de fondos de pensiones cuya regulación inmediata escapa al banco central. Sin embargo, uno de los grandes conflictos del directorio anterior fue precisamente por la AFPs. Una vez más, no es que tal o cual orientación no tenga consecuencias para la marcha del país. Una cosa es la regulación para evitar prácticas antimonopólicas y garantizar la competencia en un mercado y otra es la política monetaria de orientación al tipo de interés y al tipo de cambio. En los últimos años se han mezclado los criterios. Fijando el límite a la inversión en el exterior de las AFPs se impediría la fuga de dolares, el alza del tipo de cambio y, por lo tanto, que los agentes huyeran de la moneda nacional. Era parte del gran esfuerzo desdolarizador. La cosa ha funcionado al revés, pues el BCR ha tenido que salir a defender no al sol, sino al dólar. Cosas del fútbol. La presión a la caída del dólar continúa con la presente administración y no parece cambiar, como no parece cambiar la política de defenderlo.

Pues sí, importa quien esté llevando a cabo la política monetaria. La acefalía no ha sido precisamente una virtud, sino un defecto. Valga sí la pregunta del autor como reflexión sobre el costo de oportunidad de tener los directores que tenemos en el BCR, sobre todo los menos técnicos que asumirán funciones muy pronto.

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