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10 set. 2007

Unas preguntitas a los amantes de la libertad Por Daniel Salas

Mario Vargas Llosa presentó un interesante caso en su polémico ensayo “La utopía arcaica”, a saber, la tensión entre la modernidad del marxismo y la arcaizante, mitologizada e idealizada vindicación indigenista. ¿Se puede conjugar ambas formas de pensamiento? Aquí la izquierda indigenista entra en un dilema, en tanto que incurra en el riesgo de glorificar y esencializar la prístina pureza del indígena, esto es, en tanto que abandona las categorías de clase y prioriza las categorías étnicas e identitarias.

Ahora bien, los liberales peruanos insisten en que son representantes de la modernidad. Quienes no está con ellos son los que prefieren el atraso, viven en el pasado, en el arcaísmo. El liberalismo es una auténtica ventana al futuro y al fin de toda irracionalidad y toda mitología opresiva.

Modernidad frente atraso, esa es la dialéctica con la que edifican sus batallas retóricas. Lo vemos constantemente Carlos Espá y Aldo Mariátegui, por ejemplo y en el mismo Vargas Llosa. Pero hasta donde tengo entendido, la modernidad se inclina hacia la ciencia, hacia la autoconciencia y el conocimiento fundamentado en la evidencia y sostenido en una armazón lógica. La modernidad tiene que ver con la autonomía del individuo y la prioridad de la experiencia personal frente a la colectiva.

Mis preguntas son muy simples:

1.¿Cómo se puede estar a favor de la modernidad y en contra de los derechos humanos?

2. ¿Cómo se puede estar en favor de la modernidad y en contra del pensamiento crítico?

3. ¿Cómo se puede estar a favor de la modernidad y, a la vez, favorecer opiniones que carecen de cualquier viso de inteligencia, conocimiento de la materia y razonabilidad?

4. ¿Cómo se puede estar a favor de la modernidad y, a la vez, depreciar las opiniones de los especialistas, basadas en el conocimiento teórico y práctico?

En otras palabras, los liberales que suelo confrontar, son los primeros defensores de las mitologías más absurdas: uno de ello sostiene que la edad media fue un milenio “aburrido, sin ideas”, otro dice suelto de huesos que “los indios aceptaron alegremente la fe católica”, otro afirma que la pobreza existe porque la gente es ociosa, otro quiere que el Estado le indique a la gente dónde debe vivir, otro defiende que todos deben hablar castellano, otro se pregunta por qué el Estado debe reparar a las víctimas de las atrocidades cometidas por el Estado. En síntesis, una erosión violenta de la modernidad, un abandono disparatado del barco de la razón, de la ciencia y de todo sentido humanitario. Ningún diario como “Correo”, medio que pretende ser liberal y moderno, ha contribuido tanto a trivializar el debate, a difundir una dialéctica maniquea y de pacotilla y a vulgarizar y lumpenizar el lenguaje público.

Una modernidad sin ideas, sin pensamiento. Una modernidad en el cual los expertos tienen el mismo valor que los inexpertos. Una modernidad acientífica, inhumana, que confunde reduce al ciudadano en consumidor degradado. Esa es la modernidad que, lamentablemente, propugnan los “liberales” peruanos.

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