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11 dic. 2008

Derechos Humanos y humanismo (cívico) Por Gonzalo Gamio

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1 oct. 2008

Cuestiones de ismos Por Silvio Rendon

Durante el siglo XX el mercado como institución demostró su superioridad sobre cualquier institución colectivista. Sobre el asunto se ha dicho mucho ya. Se ha mencionado la falta de incentivos, la falta de un sistema de precios que dé señales para asignar los recursos, el fracaso de la cooperacion por los "free riders" que acaban siendo los más sobre los menos. Muchos ángulos para un mensaje: el colectivismo no funciona.

En términos téoricos el asunto comenzó dando lugar a un interesante debate, comenzado por Enrico Barone y acabado en Oskar Lange, creador del "socialismo de mercado". De ahí viene la idea del "planificador social" como asignador óptimo de los recursos que seguimos viendo en la producción de frontera en la economía (es una de las ideas "socialistas" que se sigue manejando en la economia). Se suele hacer la "solución competitiva" o "descentralizada" y la "solución del planificador" o "centralizada". La solución de Lange, marxista polaco que asumió la teoría neoclásica del valor, subyace a los teoremas del bienestar que asocian las soluciones óptimas en la asignación de recursos a una solución competitiva. Así es que tenemos a los economistas más librecambistas utilizando el concepto de "planificador social" como abstracción útil.

Una de las aplicaciones de esta abstracción es ilustrar los fracasos de mercado (externalidades, bienes públicos, monopolios naturales, etc.). La paradoja es que cuando hay estos fracasos el mercado lleva a un resultado que lo contradice. Si el mercado conduce a un monopolio natural, el mercado desaparece. Viene la paradoja: quienes propugnan el "mercado libre" en estas circunstancias en realidad están defendiendo a un monopolio, no a la competencia. Y para hacerlo más paradójico resulta que los interventores, las reguladoras, son las que actúan a favor del mercado, de la competencia. Curioso. Los papeles se invierten. Es difícil de decir qué harán los que se proclaman "liberales" en esta disyuntiva. ¿Apoyarán al mercado sin intervención que lleva al monopolio o a la intervención que restituye la competencia? La paradoja es muy concreta y se expresa a cada rato, dando lugar a muchas confusiones.

Un caso para la intervención estatal en los mercados es lo que se llama "riesgo sistémico" que ocurre cuando quiebra todo el sector financiero. No un banco, sino todos. La gente pierde confianza en la institución financiera y se produce una corrida bancaria. Los bancos no tienen el dinero para devolver de golpe a todos y se general la insolvencia. Aquí es cuando se necesita a un "prestamista en última instancia" que restituya la liquidez del sistema. Se da una disyuntiva similar a la mencionada arriba. ¿Se debe apoyar al sistema financiero para que pueda seguir funcionando el capitalismo o se debe dejarlo caer bajo el argumento de no intervención estatal? Cuando la gente se lleva más por lo "ismos" y prefiere actuar según la pureza de su "ismo" favorito, estamos ante el dogmatismo. En realidad se trata de un principio mal entendido y una confusión de medios con fines. Importa la restitución de la solución competitiva a través de la intervención.

En dios revisa el dogma leo estas frases de Mario Vargas Llosa:
“Un liberal jamás debería aceptar que los pobres contribuyentes salvaran a las empresas codiciosas que han acabado en la ruina“, señaló al tiempo de preguntarse cómo un “sector tan pequeño” ha podido causar una “catástrofe” así.

Sin embargo, señaló que dichas instituciones no quiebran solas y parece indispensable el “intervencionismo” para salvar a los náufragos: “Si tienen que quebrar, que quiebren, pero el problema es que nos quiebran a todos”.
No debería ser un objetivo "ser liberal", sino que funcionen las instituciones económicas capitalistas, que se resuelva el problema que el mercado no está resolviendo. Una intervención no hace el "intervencionismo", ni creer en la libertad hace a alguien "liberal". Una intervención por un fracaso de mercado, por lo tanto legítima, no implica intervencionismo o el comienzo de una transformación del capitalismo hacia más estatismo. Hay un ciclo político con épocas más interventoras y épocas más desreguladas, según las coyunturas. Es lo lógico.

En realidad la gran rigidez para enfrentar el problema es de carácter mental. Es el problema de la terminación "ismo", que suele ser entendida como un absolutizador de palabras. Y puede absolutizarse una situación, un lugar, el interés de un grupo, una disciplina, o cualquier cosa que se pueda preferir. Por ejemplo, si alguien hace un análisis económico de algo es "economicista"; si el análisis es sociológico, es "sociologicista", etc. El "ismo" no viene por el enfoque en sí, sino por la absolutización. Uno siempre puede dar a entender que está analizando un aspecto de la realidad, y no otros, para los cuales hay otros/as especialistas. Así se abre el diálogo y se aceptan razones que tiene su propia lógica, diferente a la que uno usualmente maneja. Siempre se puede entender que hay un tiempo para para cosa.

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19 set. 2008

Desmontando un mito absurdo Por Gonzalo Gamio

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26 ago. 2008

La ley de la banca y ley de la Selva: Historias paralelas Por Daniel Salas



Una de las mayores alegrías de esta semana ha sido para mí la derogación de la ley de la Selva porque ha demostrado que el pueblo sí tiene poder y sí es capaz de hacerse visible y de frenar los abusos de sus gobernantes.

Ha habido muchos comentarios a favor de este resultado pero me extraña que nadie haya notado la coincidencia con el movimiento contra la estatización de la banca. Los personajes y las motivaciones son muy similares. Sólo espero que los resultados a la larga sean mejores ahora.

En ambos casos, Alan García quiso socializar la propiedad privada de un grupo de ciudadanos. Se trataba de convertir en un bien público lo que era, es y debe ser un bien particular.

También en ambos momentos se trató de un grupo reducido de personas afectadas. En 1987 se decía que no había que preocuparse de lo que les pasara a “cuatro banqueros”. En el 2008 se convertía a los ciudadanos de la selva en “unos pobladores pobres azuzados por los agitadores”.

En 1987, el gobierno y sus voceros establecieron que los banqueros conformaban una oligarquía egoísta, enemiga del desarrollo del Perú. En el 2008 los nativos que se oponen a la socialización de su propiedad son “perros del hortelano” que no ven los “grandes intereses nacionales”.

En 1987 el Parlamento se vio obligado a corregir una osadía del gobierno y los voceros apristas fueron cambiando progresivamente su discurso hasta hacer como que no pasó nada. En el 2008 la tendencia es la misma: el discurso agresivo inicial va cediendo paso a un discurso menos agresivo y más “consensual”.

En 1987 Alan García rompió un televisor cuando un juez aceptó la acción de amparo de los “cuatro banqueros”. En el 2008 Alan García perdió los papeles e insultó al Congreso. En ambos casos el parlamento prefirió hacer lo más sensato y pasarse por alto las amenazas de García; ello porque las presiones ciudadanas eran más fuertes y más razonables que las del presidente.

1987 fue el comienzo del fin del primer gobierno aprista. Alan García quedó debilitado y llevó a su partido a un hundimiento político de 15 años. Hoy Alan García ha quedado nuevamente en la impopularidad debido a su osadía y su enemistad con el diálogo. Su furia ante el fracaso es inocultable. Habiendo sido el responsable por regresar al APRA al escenario electoral, hoy nuevamente es quien lo vuelve a llevar a un periodo de crisis e impopularidad.

En ambos casos, no lo olvidemos, se trató de imponer medidas antiliberales, de afectar los bienes de grupos privados. En ambos casos, también, estas agresiones gubernamentales abrieron viejos resentimientos sociales latentes: en un caso, se fomentó el odio a los ricos y se los culpabilizó de los males del Perú; en otro, se incentivó el desprecio a los “indígenas” y se culpó a su cultura del atraso de nuestro país. Son versiones de la misma teoría de los chivos expiatorios.

Ahora bien, la crisis política producida por el mal gobierno del APRA llevó al autoritarismo de Fujimori. Mi esperanza es que si los apristas aun no han aprendido la lección, al menos el resto de los ciudadanos lo hagamos. Por ahora, yo reafirmo mi entusiasmo y brindo por el respeto a la ciudadanía y por la libertad.

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Combitos trucho-liberales Por Silvio Rendon

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22 ago. 2008

Libertad de expresión / PUCP: en casa de herrero cuchillo de palo Por Silvio Rendon

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8 ago. 2008

Recordando a Unamuno Por Gonzalo Gamio

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28 jul. 2008

Independencia sin Ilustración. Breves reflexiones sobre el Perú Por Gonzalo Gamio

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24 jul. 2008

Vencer a la impunidad: Lecciones del caso La Cantuta Por Gonzalo Gamio

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9 jun. 2008

Utopías: liberales y paleoconservadores Por Gonzalo Gamio

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27 may. 2008

¿Tiempos macartistas? Por Gonzalo Gamio

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8 may. 2008

Periodismo político televisivo: entre el macartismo y el liberalismo Por Gonzalo Gamio


Es un hecho conocido que, en nuestro medio, el periodismo político televisivo no destaca precisamente por su pluralidad. La mayoría de los programas de corte político se han alineado con el gobierno actual – no se sabe si por convicciones políticas afines, o por intereses estratégicos de corte empresarial, o por ambas cosas -, y sólo contamos con alguna excepción, más o menos solitaria. Es una lástima, dado que la prensa y en general los medios constituyen lo que los ilustrados denominaban esfera pública, un espacio reservado para el debate de los asuntos cívicos, para la formación de conciencia crítica y el control ciudadano del poder. En el Perú la realidad es otra, la de la “prensa cortesana”, y particularmente la televisiva, siento la televisión uno de las fuentes principales de información para la mayoría de la población.

El caso más patético es el de los “reportajes” con “efectos especiales” de César Hildebrandt Chávez para La Ventana Indiscreta, en los que reírse o beber un sorbo de agua mineral pueden convertirse – gracias a la cámara lenta, o a una música de fondo suficientemente lúgubre – en gestos realmente siniestros. Vale la pena mencionar el renovado Habla el Pueblo, del canal 11, que se ha vuelto un verdadero fortín en la lucha macartista contra las ONG (pensemos en la entrevista a Lourdes Alcorta y a Francisco Diez Canseco; no sorprende esta metamorfosis, si tomamos en cuenta la alianza entre RBC y Expreso, un diario cercano a los sectores más conservadores en lo político y lo religioso). Prácticamente el grueso de la TV. se encuentra bastante dispuesta a cerrar filas en la campaña de desprestigio contra los organismos ambientalistas y de DDHH, de modo que no dudan en omitir pasajes de la carta de APRODEH en los que se condena al MRTA, o asumen sin asomo de duda que Melissa Patiño o Carmen Azparrent son terroristas. Han claudicado en la búsqueda de la verdad.

Ayer me topé con La Hora N, de Jaime de Althaus. Althaus debatía con Alberto Adrianzén sobre la situación del país en materia de Derechos Humanos. Me sorprendió lo que escuchaba. Althaus deslizaba la idea de que podía resultar injusto de que a Fujimori se le procesara por violación de Derechos Humanos en tanto él había acabado con el terrorismo. Evidentemente, aquí existe un error en la reconstrucción histórica: el cambio de estrategia – de la represión al trabajo de inteligencia – fue planteada desde los últimos meses del gobierno de Alan García (al menos desde marzo de 1990), con la formación del Grupo Especial de Inteligencia en la DIRCOTE y la organización de los CAD es aún anterior a esa fecha. No fueron iniciativas del fujimorato. Pero de Althaus niega - ¿acaso interesadamente? – que la aplicación de este nuevo método haya coexistido con las tácticas de guerra sucia (las acciones macabras de Colina) tal y como los hechos parecen mostrar. Más aún, sugiere entre líneas que el triunfo en la lucha antisubversiva ameritaría que se le confiera impunidad. Increíble.

En otro pasaje del diálogo, el propio de Althaus cuestiona el hecho que el IDEHPUCP haya publicado un comunicado en donde se pide al gobierno que termine con esta inaceptable persecución contra los organismos de DDHH. Se pregunta: “¿Cuánto habrá costado publicar este comunicado en El Comercio? Llama la atención la mezquindad implícita en la pregunta. Parece que el periodista ha olvidado lo que significa la misión de una Universidad en un país democrático y liberal: no sólo cultivar el conocimiento, sino velar por la existencia de instituciones libres y defender la legalidad. La PUCP fue la única institución de educación superior que protestó por el golpe propinado al Tribunal Constitucional por los secuaces de la dictadura fujimorista, y en otros casos similares. Eso es parte del magisterio de una verdadera universidad. Pero claro, Althaus prefiere deshacerse en elogios para con las universidades-empresa – nacidas de la cabeza del fujimorato merced al DL 882 – instituciones de discreta calidad académica, entregadas a la búsqueda del lucro y a la mera instrucción profesional de los jóvenes. Es que pronunciarse sobre la institucionalidad democrática no rinde frutos económicos (el único propósito de las organizaciones “modernas”), seguramente pensará.

A juzgar por sus juicios sobre temas de justicia universal, Jaime de Althaus podría sentarse, en la mesa de las ideologías - en lo que respecta a este tema -, a la derecha del mismísimo Aldo Mariátegui, quien hace poco sorprendió a todos citando el Informe de la CVR en una nota editorial sobre la carta de APRODEH (esta situación ha resultado tan extraña, que algunos colegas supersticiosos han creído que este prodigio puede estar asociado con alguna de las profecías de Nostradamus). No obstante, el caso de Rosa María Palacios es diferente. Hay quienes la descalifican por sus asesorías a Hurtado Miller - circunstancias que se pueden juzgar como lamentables, ciertamente -, pero yo encuentro que Palacios – junto con Hans Landolt – es la única periodista política decente. Por supuesto, me gustaría contemplar un abanico más amplio de perspectivas en el periodismo político televisivo: socialistas, escépticos, liberales de derecha y de izquierda; pero eso no parece posible en el Perú de hoy. Oscilamos entre el macartismo ideológico de la mayoría - para quienes ser de izquierda es el equivalente político de haber contraído la lepra - y el talante democrático de unos pocos. Mientras de Althaus es un conservador político más, que concibe el respeto de las libertades económicas y el imperio del orden y la autoridad como únicos principios de un gobierno sensato, Palacios se aproxima al liberalismo en sentido estricto. Resulta claro que Palacios comprende que la observancia de los Derechos Humanos, la tolerancia frente al pensamiento que discrepa y el respeto de la libre asociación constituyen los fundamentos de una sociedad libre: “¿qué más liberal que defender la vida, la libertad y la propiedad?”, se pregunta en su columna de Perú 21. Uno puede disentir a menudo con ella (sobre todo en materia religiosa: ella parece suscribir una versión acaso excesivamente tradicionalista del cristianismo), pero siente que su trabajo periodístico – al menos hoy, ante el concierto de voces “disciplinadas” que siguen el ritmo de la batuta que se mueve desde Palacio de Gobierno – revela una preocupación genuina por la distribución del poder y la protección de los derechos básicos de las personas. Ya comienzan a llamarla “caviar”, y eso se muestra como un signo de independencia en estos tiempos de “macartismo chicha”.
Mientras la prensa de ultraderecha acecha a todo aquel que proteste contra las mineras o denuncie la criminalización gubernamental de la protesta social; mientras Giampietri y Rey despotrican contra las ONG y evocan sus ataques a la CVR, suceden cosas importantes en el país. Se han descubierto fosas clandestinas en el cuartel militar Los Cabitos, una prueba contundente de los asesinatos y desapariciones forzadas perpetrados por agentes del Estado en los años del conflicto armado interno. Mientras tanto, Alberto Fujimori, procesado por delitos de lesa humanidad, planifica tranquilo en un trozo de papel los movimientos de su "partido" con miras a la campaña del 2011; ni siquiera se detiene a escuchar el testimonio del general Robles, quien sostiene que el Presidente de la República en aquellos años conocía y respaldaba las acciones del Grupo Colina ¿A qué se debe tanta serenidad? ¿Se trata un truco para llamar la atención de los medios? ¿Es que cuenta con "una pequeña ayuda de los amigos" (quizá los de Alfonso Ugarte)? ¿O se habrá dado cuenta de que la única forma de reducir su carcelería consistiría en apoyar la dinástica y pre-moderna candidatura de su poco iluminada hija? Algo muy extraño se cocina por esos lares. Que el brazo de la justicia se mantenga firme.

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22 abr. 2008

El compromiso con los Derechos Humanos (sesenta años después) Por Gonzalo Gamio

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18 abr. 2008

La reforma agraria en curso Por Silvio Rendon

Leo

MINAG entregó tierras de comunidades nativas a empresa privada
Lima, 16 / 04 / 2008

A través de la Resolución Ministerial Nº 255-2007, el Ministerio de Agricultura (MINAG) le adjudicó, en el 2007, más de tres mil hectáreas de tierra de las comunidades indígenas a la empresa agrícola “Palmas del Caynarachi S.A.”, que pertenecería al Grupo Romero.

Así lo denunció el alcalde del provincia de Lamas (San Martín), Cesar Soria Viena, quien aseguró que durante años, numerosas compañías han irrumpido en sus tierras, arruinando los modestos cultivos que sostienen su precaria economía.

De acuerdo al burgomaestre, el propio ex ministro de Agricultura, Juan José Salazar, prometió a los campesinos revisar la adjudicación que se había gestado en su gestión, en un plazo de quince día; sin embargo, las comunidades esperan los resultados hasta ahora.

En tanto, la coordinadora de la Mesa de Concertación de Lucha Contra la Pobreza de Barranquita, Luz Guillen Cornejo, aseveró que el Programa Especial de Titulación de Tierras (PETT), el Organismo de Formalización de la Propiedad Informal (COFOPRI) y el Instituto Nacional de Recursos Naturales (INRENA), le facilitaron al Grupo Romero, la información para el demarcado de las tierras indígenas que buscaría ocupar.

Por su parte, monseñor José Luis Astigarraga, Obispo del Vicariato Apostólico de Yurimaguas (Loreto), cuestionó cómo el jefe de estado, Alan García, puede hablar sobre las comunidades del oriente, sin siquiera conocer la realidad de la selva peruana. A su vez, el Arzobispo de Huancayo (Junín) y presidente del Comité Episcopal de Acción Social (CEAS), monseñor Pedro Barreto, lamentó que la mayor parte de la prensa no le ofrezca cobertura a este tipo de problemática.

No obstante, el religioso aseguró que persistirá en su campaña de difusión para que más personas tomen conciencia de este caso y otros casos de similar naturaleza.Estas declaraciones fueron recogidas en el marco de la conferencia de prensa, organizada por el CEAS, a fin de dar a conocer públicamente el conflicto social y la paralización de obras de desarrollo que ha ocasionado el ingreso de capitales privados en Barranquita. Esta localidad se encuentra localizada a seis horas de la ciudad de Tarapoto, y para llegar a ella se debe tomar la carretera desde Yurimaguas hasta el Pongo de Caynarachi y luego, tomar otras caminos sin asfaltar.
Fuente: Noticia Local - Agencias - CNR

Comentario: Un grupo privado, las comunidades indígenas, es propietario de 3mil hectáreas de tierras. Viene el estado peruano y le quita su propiedad y se la da a otro grupo privado, el grupo Romero. Estamos pues ante una redistribución de la propiedad, una verdadera reforma agraria, donde se confisca la propiedad a algunos y se la da a otros. No es una expropiación. Aquí no hay bonos que se repartan a los perjudicados. Nada. Se les quita la tierra y punto.

Los ciudadanos perjudicados son así tratados como ciudadanos de segunda categoría. Les quitan las tierras y ni nos enteramos. Su capacidad de presión es limitada. No hay abogados que los defiendan rápido. No hay prensa que difunda los abusos que se cometen con ellos. No hay poder político que los defienda: ministro que diga algo por ellos, congresista que proteste y gestione. Su ámbito se limita al alcalde que denuncia el asunto. En cambio, el gobierno desde su máxima instancia apoya abiertamente a los nuevos propietarios, declarando a los ciudadanos como perniciosos "perros del hortelano".

Dada esta desproporción de poder, esta falta de representación, algunos sacerdotes entran al tema y se solidarizan con los ciudadanos afectados. El siguiente paso es previsible: los sacerdotes también serán satanizados de alguna manera como curas comunistas, agitadores, etc. Es así como se consolida el abuso y cualquier protesta por haber perdido sus tierras queda inmediatamente criminalizada. Se inventarán que son peligrosos "terroristas" y todo quedará patas arriba. El mundo al revés. El confiscado es ahora el peligroso. El abusador en cambio es el bueno de la película.

Y las cosas podrían ser diferentes como comentaba en ¿Es rentable la minería?:
No es como en otros países donde James Dean encuentra petróleo en su chacrita y se hace rico (Ver "Gigante"). Si James Dean encuentra petróleo u oro en su chacra en el Perú, viene el estado y se lo quita, porque lo que está en el subsuelo es "de todos los peruanos". Bajo ese lema falaz James Dean se queda en la más miserable pobreza, no importa cuánto haya trabajado. En Texas James Dean se vuelve rico, en el Perú se vuelve un pobre ignorante resentido.
Los ciudadanos hoy confiscados en vez de enriquecerse y progresar se quedan pobres y aplastados. Lo más paradójico es que según el liberalismo se debería defender a estos ciudadanos, a su propiedad, a sus derechos, de la acción del estado. Sin embargo, los que se denominan liberales en el Perú suelen defender estos abusos y ponerse al lado de los entripados de un par de personas en complicidad con el estado. El mundo al revés.

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31 mar. 2008

Literatura y Re-creación Por Gonzalo Gamio



¿Qué puede hacer la literatura con nosotros? Este es el tema que me gustaría discutir aquí, hoy. Hace un par de días, me tocó dar una conferencia en el Círculo de Estudios Sociales y Políticos, una asociación dedicada a la reflexión crítica sobre temas de democracia, ética cívica y liberalismo político – yo diría que se trata de una institución que está entregada a un noble y bello propósito: purificar conceptualmente el pensamiento liberal del vulgar “catecismo del mercado” predicado por los Chicago boys, recuperando las fuentes filosóficas y morales del liberalismo en la obra de Locke, Tocqueville, Smith (el de la Teoría de los sentimientos morales), Berlin y Rawls. Esta clase de investigación permite establecer un contraste entre esta venerable tradición filosófica liberal y el fundamentalismo de Hayek y Von Misses. En aquella oportunidad me concentré en resumir y discutir el tema principal de la Lección Inaugural del año académico en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, El cultivo de las Humanidades y la construcción de la ciudadanía, que expuse hace dos semanas. La idea fundamental de mi exposición era que el cuidado de las 'Letras' – la filosofía, la historia, y particularmente la literatura – contribuyen a fortalecer y refinar nuestro sensum humanitatis (nuestro “sentido de humanidad”) a partir de una aproximación reflexiva a los contextos y conflictos propios de la singularidad humana. Mientras el pensamiento económico y el razonamiento jurídico pueden tender a abstraer a los individuos de sus atributos sustanciales y a arrancarlos de sus mundos vitales (convirtiéndolos en “electores racionales” que sopesan “costos y beneficios”, o en las “partes” del “contrato social”), la reflexión literaria procura retratarlos como seres situados y relacionales, personas de carne y hueso, que piensan y sienten, dudan y actúan en escenarios en los que no han elegido vivir. La literatura ofrece un material preciso a la deliberación moral. Como se recordará, Iris Murdoch y Martha Nussbaum han desarrollado persuasivos argumentos que van en esta dirección.

Creo que logré mostrar mi punto. Necesitamos una ética de la compasión y un sentido de la injusticia que nos permita percibir al otro – incluso el que no comparte nuestro origen, cultura, credo, género o hábitos sexuales – como uno de nosotros, titular de derechos inalienables y miembro de nuestra comunidad política, si es que esta se define efectivamente como genuinamente democrática. La formación literaria contribuye con la adquisición y el cuidado de las disposiciones de juicio y carácter que hacen posible esa clase de discernimiento ético-político e imaginación empática. Me valí de un examen de Las Suplicantes de Eurípides y de Rosa Cuchillo de Oscar Colchado para ilustrar cómo podría funcionar esta tpolémica esis en la academia y en el espacio público. Ya en la ronda de preguntas, noté que los participantes del Círculo – en su mayoría jóvenes sumamente agudos y elocuentes – examinaban con entusiasmo estas ideas y las discutían con interés. Definitivamente, sus sugerencias y sus críticas han contribuido - como los comentarios de mis colegas de la UARM a mi conferencia original - a la reformulación del texto original.

Fue entonces cuando el fundador y mentor de la asociación se dirigió a mí. Es un notable jurista y un entrañable profesor de derecho, que ha formado generaciones enteras de abogados y jueces a lo largo de décadas en las más prestigiosas facultades universitarias del país. Había escuchado con atención mi exposición, y había seguido y aportado decisivamente en la discusión que siguió. Su intervención final, empero, me desconcertó un poco. “No olvidemos”, señaló, “que – como dice Vargas Llosa – el propósito fundamental de la literatura es la recreación”. Más allá de la alusión a nuestro más célebre novelista – debo señalar que un comentarista de este blog acaba de mostrar con los textos en la mano que este punto de vista no puede atribuírsele a Vargas Llosa (anticipo que no aludiré al juicio de este autor sobre el asunto, porque me faltan herramientas para hacerlo) – me quedé pensando qué había querido expresar realmente este experimentado maestro con esta observación.

Lo primero que pensé es que deseaba relativizar mi tesis (una estrategia perfectamente válida en los juegos dialécticos que acompañan esta clase de conferencias). Lo segundo que me vino a la mente es que, como observación histórica, su afirmación categórica - la literatura busca fundamentalmente entretener - era evidentemente falsa: La función específica de la tragedia griega, del auto sacramental cristiano o de la novela existencialista o indigenista en el siglo XX - por poner sólo unos ejemplos - no era la “recreación” (en el sentido de divertimento). Resulta difícil aceptar una aseveración tan gruesa como pauta de evaluación de la historia de la literatura, de tantas obras y tantos géneros diferentes. La literatura también ha pretendido mejorar la vida, refutar prejuicios, provocar un cambio de perspectiva sobre las cuestiones que interesan a las personas.

No se me malinterprete. No creo que exista disciplina o actividad humana a la que pueda imponérsele (menos aún desde fuera) una "meta única" (esa concepción confusa y poco consistente sólo existe en la mente de de los teólogos conservadores). Toda disciplina o actividad puede orientarse según una multiplicidad de fines, cuyo valor jerárquico es materia de discernimiento y decisión por parte del usuario o del practicante (en el caso de la literatura, el lector o el autor). No tengo nada contra el entretenimiento o el puro goce estético. Autores como Homero, Nietzsche, Goethe o el propio Vargas Llosa me han brindado horas de grata lectura a la vez que edificación intelectual. Igualmente, autores tradicionalmente tipificados como de “literatura de entretenimiento” como Conan Doyle, Pérez Reverte o Ian Fleming me han revelado no pocas intuiciones sugerentes sobre la vida humana que yo juzgo importantes para mi propio trabajo filosófico. Creo que podemos apreciar la literatura tanto por sus aportes en los procesos de resignificación moral y en las experiencias de esclarecimiento existencial como por el placer que produce una buena lectura. No obstante, no quiero perder de vista los vínculos existentes entre la imaginación literaria con el desarrollo de una ética de la compasión.

Temía que la observación de mi amigo catedrático pudiese – de modo involuntario, claro está –debilitar o banalizar mi tesis. Que la literatura pudiese contrubuir con el ejercicio de una ciudadanía inclusiva - y que pudiese contribuir con la humanixzación del derecho y la economía - me parece una tesis que merece ser defendida poderosamente, recurriendo a sólidos argumentos y a metáforas convincentes. Por ello, opté por ‘darle la vuelta’ a su propia afirmación, de modo que se pusiese al servicio de mi propia propuesta. Dije que, en efecto, la literatura busca la recreación, pero no fundamentalmente en el sentido de “recreo” sino en el de re-creación, re-construcción crítica del mundo. Esta interpretación evocaba la capacidad de la literatura de someter a examen y reformulación crítica el 'bosquejo común' de la realidad experimentada (y las posibilidades de sentido que le subyacen). El eco del romanticismo en esta tesis es evidente. La literatura contribuye al des-cubrimiento de nuevos conceptos y metáforas que permiten contemplar la vida propia y ajena de manera aguda y penetrante. La reconstrucción compleja de personajes, situaciones y conflictos nos permite ponernos en el lugar de otras vidas, reconocer la fuerza de otros argumentos y emociones, una operación que amplía nuestro mundo significativo, enriquece nuestra capacidad de juicio y percepción, y re-vela nuevos espacios y sentidos posibles para la reflexión y el compromiso cívico. La literatura exhibe de modo clarividente y plausible una realidad que puede ser conmovedora y fascinante, describe un mundo que puede suscitar nuestro asombro o puede invitarnos a su transformación política. Si además de ello este trabajo produce genuino placer estético, mejor que mejor.

Mariátegui señalaba que necesitamos "mitos" para asignarle un sentido a nuestras vidas. No estoy seguro de estar completamente de acuerdo con esa afirmación. Él creyó que en el arte y en la política podríamos encontrar estos ideales movilizadores. En efecto, en la literatura - así como en otras disciplinas y sistemas de creencias - podemos encontrar 'pequeñas narraciones' (para decirlo con Lyotard, quien nos ha prevenido acerca del potencial represivo y totalitario de los "grandes relatos") que puedan darle sentido a lo que hacemos. Sin embargo, al lado de estos relatos, requerimos la presencia del filtro de la reflexión, que purifica tales mitos de dogmmatusmos y confusiones. El pathos florece junto con la terapia conceptual que aporta el pensamiento. Ese trabajo crítico también lo encontramos en la literatura (y evidentemente, en la propia filosofía).

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4 feb. 2008

Derechos Humanos: más que una mera "ideología" Por Gonzalo Gamio


Ayer domingo en La República, Carlos Castro - el subdirector del diario –publicaba una nota, titulada “Los guardianes del Chino”, en la que reproducía el siguiente diálogo entre el juez San Martín y un miembro del Grupo Colina:

“¿Usted no intentó rebelarse ante una orden de matar a otras personas? Preguntó el doctor César San Martín, presidente del Tribunal penal especial –que procesa al ex dictador Alberto Fujimori–, al ex agente Colina citado como testigo en el juicio. “Doctor, era una orden, qué podía hacer", respondió el sicario. "Sí pero, le reitero, era una orden de matar. No se trataba de un operativo cualquiera". "Y qué quería, doctor, para nosotros se trataba de un trabajo, como cualquier otro trabajo. Y sólo teníamos que cumplirlo, y hacerlo lo mejor posible".

Estas declaraciones revelan con claridad meridiana los sentimientos de un agente especial de un grupo de exterminio que presuntamente contaba con el aval de la dictadura a la que servía, así como gozaba del respaldo de parte del sistema político y militar. En el registro de cierta Fuerza Armada renuente a la modernización y al sometimiento al poder civil – me estoy refiriendo estrictamente a la que actuaba en los años noventa bajo las ‘directivas’ de Fujimori y Montesinos – las dudas y las murmuraciones no contaban como expresiones legítimas frente a la orden de eliminar al “enemigo” (aún el enemigo que no representa una amenaza en circunstancias precisas: el que está desarmado, maniatado, amordazado, etc.). No significa nada para el testigo -¿Por decisión personal? ¿Por “formación doctrinal” y “profesional”? ¿Por ambas cosas?- el hecho que, según el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, el principio de obediencia debida (“lo hice porque recibí órdenes de mis superiores”) no priva de responsabilidad al perpetrador de homicidio y tortura. Tales órdenes deben ser desobedecidas, más allá de los contextos de su recepción.

Esta regla básica forma parte de la cultura de los Derechos Humanos, entendida como un conjunto de construcciones sociales y consensos interculturales destinados a proteger la vida y dignidad de toda persona humana, más allá de su raza, cultura, religión, género, sexualidad, condición física y mental, situación legal, etc. Se trata de una conquista histórica post-holocausto (Rorty). Ella pretende evitar a toda costa que se repita el escándalo del genocidio, la tortura, la desaparición forzada de personas. Más allá de su fuente liberal (lockeana), la Declaración de 1948 fue resultado de las consultas hechas a representantes de diferentes disciplinas humanas, religiones y culturas con el único fin de acabar con la crueldad y la barbarie. Si por “ideología” entendemos el “discurso conceptualmente viciado, puesto al servicio de los intereses de un grupo de personas”, entonces los Derechos Humanos no expresan una “ideología”, sino una forma consistente de universalismo moral, un signo de civilización. Desde luego, esa perspectiva nos permite someter a crítica aquellos intentos por convertir los Derechos Humanos en una herramienta para el control geopolítico o la agresión bélica, por ejemplo. No es difícil descubrir aquellas formas de instrumentalización e hipocresía a pequeña o a gran escala.

La cultura de los Derechos Humanos apunta a formar el juicio crítico de la persona – aquella capacidad que Sen llama “agencia” o “razón práctica”- de modo que no consienta más que alguna autoridad política o religiosa pueda reprimir su libertad de elegir sus proyectos de vida, o les invite a someter a otros individuos por razón de género, casta o status social. Esta forma de universalismo busca desmantelar la siniestra tesis de que la eliminación extrajudicial de personas – culpables o inocentes – es “un trabajo más” que algunos tienen que realizar “eficazmente”. El mayor enemigo de esta cultura es la deshumanización. Por desgracia, los prejuicios que alimentan esta funesta actitud no han sido erradicados del todo. Este es uno de los objetivos fundamentales de la educación moral y el debate ciudadano en este siglo.

La hipótesis democrático-liberal de que todas las vidas cuentan y de que no hay muertos ajenos dista mucho de haber calado hondo en nuestra comunidad política. Basta ver lo que algunos vándalos han hecho con el memorial El Ojo que Llora, no sin el agrado y la anuencia de parte de nuestra (autodenominada) “clase dirigente” y el beneplácito de algunos vecinos. Incluso hay quienes sin rubor alguno se proclaman demócratas y sostienen que no creen en la existencia de Derechos Humanos que protejan a las personas. Un frecuente interlocutor virtual sostenía en un comentario a una de las entradas a mi blog (la que sigue es una cita textual): "Eso de creer que todos tienen Derechos Humanos nunca lo terminé de digerir. Yo soy una persona normal como todas que tienen sentimientos y pasiones: creo que hay personas -como los terroristas y los criminales- que por sus actos pierden esos Derechos Humanos y esa dignidad propia de los seres humanos". En su opinión, la condición humana se pierde en determinadas circunstancias (la trasgresión de la ley, la lesión del “bien común”). Una vez convertidos en pseudo-humanos – en virtud de sus crímenes – sus cuerpos pueden tornarse en objeto de tormento y ensañamiento. Para algunos, la justicia sanguinaria, vigilante del antiguo orden del universo – la díke homérica -, sigue rigiendo los destinos del hombre.

Este modo de pensar prepara el terreno para el ingreso impune de los verdugos. Bajo estos supuestos, las declaraciones – e incursiones – de los miembros del Grupo Colina (u otros afines) encuentran un terreno fértil -, fundado en la condescendencia o la complicidad de no pocos ciudadanos. La democracia no puede constituirse en un régimen viable allí dónde la metáfora del depredador y la presa (o la de verdugo y su víctima) encuentran todavía un lugar en los debates del espacio público. Importa poco el signo político de sus emisores. Mientras sigamos pensando que la vida humana puede seguir siendo sacrificada en los altares de un presunto “ideal superior” (la razón de Estado, la “Revolución”, la eficacia social, la dicha futura de la mayoría), el fantasma de la barbarie no habrá abandonado nuestra precaria comunidad política.

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30 ene. 2008

Cívicos y caviares, liberales y conservadores, derechas e izquierdas Por Gonzalo Gamio


En el último número de Le Monde Diplomatique puede leerse el interesante artículo de Aurelio Loret de Mola, El Perú Caviar, seguido de una nota de Harold Forsyth, Discreto Encanto. Aunque sin el filo crítico que probablemente el tema exige, ambos textos son sumamente lúcidos respecto a la descripción de la retorcida actitud de quienes emplean este término para descalificar – y muchas veces, calumniar – a quienes defienden el pensamiento progresista en el país. Tanto Loret de Mola como Fortsyth muestran con claridad meridiana que el término “caviar” ya no se usa como versión abreviada de la francesa gauché caviar – usada para criticar a los izquierdistas que gustaban ostentar una vida más acomodada en clara contradicción con el ideario socialista -, se ha extendido aquí hasta aplicarse a cualquiera que defienda los Derechos Humanos, la democracia participativa y la memoria crítica como condición para la justicia. De ser una etiqueta usada por los marxistas para satanizar a los “militantes blandos” se ha convertido en una herramienta de la ultraderecha para caricaturizar y descalificar posiciones (sin comprenderlas a cabalidad). Aldo Mariátegui y Prieto Celi – revisen sus escritos - son los maestros de este dudoso arte de la simplificación ideológica.

Fortsyth ha señalado con razón que el término “caviar” ha sucedido al de “cívico” como apelativo usado contra los defensores de la legalidad por la prensa conservadora (Correo, Expreso, La Razón). “Cívico” fue una expresión acuñada por la página editorial del Expreso de Calmell del Solar para referirse a los ciudadanos que desde la sociedad civil lucharon contra la dictadura del acusado Alberto Fujimori y apoyaron el gobierno de transición de Valentín Paniagua. Tales articulistas – cultores de una extraña melánge conceptual entre la doctrina reaccionaria de Joseph De Maistre y los postmodernos – defendían explícitamente posiciones de corte autoritario. Hoy coquetean con el APRA.

Luego, la dicotomía autoritario / democrático ya no parecía fecunda. El apelativo “caviar” revelaba las simpatías del aludido por alguna forma de pensamiento de izquierdas. Algunos marxistas criollos han acogido con entusiasmo la etiqueta, y la usan contra los que se empeñan en recurrir a “categorías burguesas” como “derechos humanos” – no olvidemos que el joven Marx consideraba que los “derechos del hombre y del ciudadano” no expresaban más que los privilegios del hombre burgués –, “sociedad civil” – expresión que Marx usaba en un sentido diferente – y “pluralismo”. Yo, por mi parte, confieso que no encuentro categorías que reflejen mejor la preocupación ética y política por una democracia inclusiva (fundada en la preocupación por la justicia social y la no discriminación), a casi veinte años de la caída del Muro de Berlín. “Derechos humanos”, “sociedad civil” y “pluralismo” configuran parte del léxico común de quienes creemos en la posibilidad de construir una sociedad más abierta a las diferencias y a las exigencias de la justicia.

Loret de Mola accede de buena gana a que lo llamen “caviar”: eso revela – según propia convicción – que le preocupan los temas realmente importantes: inclusión, libertades políticas, recuperación de la memoria, redistribución del ingreso, comercio justo (sin descuidar los mercados abiertos y la eficacia de la función pública). La derecha se queda con la obsesión por el ‘orden y la autoridad’ y la ‘promoción de la inversión privada’ como los fines supremos de la política local. Estoy de acuerdo con las intuiciones del autor y comparto sus prioridades, pero no concedo con tanta facilidad el empleo de un rótulo que resulta ofensivo y poco preciso. Confieso que nunca he probado caviar, y que mi sueldo como profesor universitario es sólo decoroso. “Izquierda” y “derecha”, “liberal” y “conservador” son también categorías muy generales, pero a la vez constituyen coordenadas que explican mejor las posiciones que se asumen en el debate público, aunque escondan los detalles, que siempre cuentan y suelen ser decisivos. Por ello la idea de un “liberalismo de izquierda” siempre me ha parecido especialmente seductora y positivamente compleja. He señalado alguna vez que después de la caída del Muro de Berlín cualquier pensamiento político de izquierda que haya procesado de manera sensata los sucesos de 1989 tiene que ser liberal en más de un sentido. Me explico: si algo ha puesto de manifiesto esta “crisis de paradigmas políticos” es la perversión implícita en la idea misma de un ‘partido único’ y de un ‘pensamiento único’ como ejes articuladores de la acción política. Ambas concepciones se han evidenciado nefastas y totalitarias. El pluralismo se ha convertido en una perspectiva – de origen liberal – que busca garantizar las libertades y el derecho a la diferencia. Asimismo, la importancia de la democracia política y de un capitalismo (social) se ha hecho patente en el mundo postsocialista.

Mientras la agenda intelectual del pensamiento progresista se va haciendo más clara – en el plano intelectual, puesto que en la práctica política la izquierda carece de articulación, en parte porque la izquierda partidarizada no ha revisado suficientemente sus fundamentos doctrinarios -, lo mismo no pasa con la derecha. Hemos comentado en varias ocasiones la casi inexistencia en el Perú de una “derecha liberal” – esto es, una derecha democrática, observante de la separación entre Iglesia y Estado, la división de poderes, los derechos fundamentales, etc. -. Nuestra derecha concilia demasiado pronto el libre mercado con las dictaduras y la represión. Concede rápidamente el derecho a existir de “instituciones tutelares” – generalmente las Fuerzas Armadas y la Iglesia Católica – que sueñan con guiar los destinos de las personas, que pasan a ser tratadas como súbditos, un rebaño en busca de “pastores”. O suspiran por el retorno de “nuevos caudillos” que hicieran honor al “pasado imperial” y pongan las cosas en su sitio. Nada de esto es liberal. Nuestra derecha ha destilado siempre un espíritu tradicional y colonial. No se ha desecho del anhelo metafísico de cierto ‘pensamiento único’, anhelo que llevó a la ruina a la izquierda más ortodoxa.

El reto que ha asumido el pensamiento progresista que trabaja desde las instituciones de la sociedad civil consiste en examinar la radical heterogeneidad que caracteriza a nuestro país. Promover el diálogo entre las diferentes culturas, visiones de la vida y credos que habitan al Perú. El conservadurismo siempre ha soñado fundir estas diferencias en una identidad única, en una ‘síntesis viviente’. Por eso las repetidas alusiones al “país mestizo” y al “país católico” que supuestamente somos. Por eso la invocación a que la estructura básica de nuestra sociedad responda a los moldes del Estado-Nación y no a los de una democracia plural. Pero la diversidad aflora allí donde pretendemos reprimirla. No dejará de estar allí, por más que la ignoremos. Conviene que la tomemos en serio, si de veras queremos vivir en democracia.

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17 set. 2007

Contradicciones y coincidencias Por Silvio Rendon

Leo en Correo a Aldo Mariátegui estos párrafos seguidos
Además, si se quieren realizar consultas para este tipo de cosas, pues que se hagan a nivel regional, porque el canon está en juego. Ya que esta mina es una riqueza de Piura y no únicamente de Ayabaca, pues que vote Piura entera al respecto.
Y mandan cómicos e-mails diciendo qué pensaría uno si encontrasen una mina de ese tamaño al lado de su propia casa en Lima... ¡Pues feliz de la vida! ¡La tinka, el pollón! Le trataría de sacar los mayores beneficios posibles al inversionista.
Pero si algo positivo debe salir de todo esto es que ya se debe acabar cuanto antes con esa contaminación medieval en La Oroya y Pasco. Las concesiones a Doe Run y todos los que operan por allí deben ser canceladas si no solucionan eso ya, comenzando por ese desagüe infernal llamado túnel Kingsmill. Además de estar dañando a seres humanos, les dan falaces pero efectivos argumentos a estos extremistas antimineros.
Fase final de “Operación Majaz” (17/09)
Comentario: Tres cosas:
  1. Que vote Piura entera y no sólo Ayabaca. Pero si este señor se opone a cualquier consulta sobre el tema. Si Piura dice que no, insultará a la gente que participe de la consulta. Con esa lógica, tendría que votar todo el Perú y como ya se votó por García, que García decida todo. No, pues. Son los directamente afectados los que tienen que pronunciarse.
  2. Los "cómicos emails" parecen referirse a un material originado en este blog que ha circulado a través de correos electrónicos: el post de Daniel Salas La fábula de Nietzsche y el liberal. El periodista dice que festejaría (como si se hubiera sacado el pollón) si encuentran una mina en su casa. No es creíble su alegría. Habla como si estuviera de acuerdo con que él decidiese algo. Justo unas líneas antes ha dicho y justificado que él no tendría derecho a decidir nada, sino que tendría que decidirlo todo el departamento, en este caso, de Lima.... Además, notemos cómo habla de "sacarle los mayores beneficios posibles al inversionista". Ya. Justamente eso es lo que hacen las comunidades aledañas a las minas, pero cuando eso ocurre el director de Correo los condena como portadores de agendas antimineras de rojos, caviares y bellacos diversos, según él.
  3. Y para cerrar el artículo con broche de oro, se añade una contradicción más. Ahora se pide que se cancele concesiones en La Oroya y Pasco, porque la contaminación medieval que allí se produce da argumentos a los antimineros. Oiga, señor. Los "antimineros" son tildados así porque precisamente están en contra de esa contaminación medieval que Vd. admite como nociva. Vd. también podría ser tildado entonces de "antiminero". La gente no es antiminera, sino que tiene miedo de la contaminación.
En suma, Sr. Aldo Mariátegui, la gente que pitea quiere lo mismo que Vd.: decidir sobre lo que ocurre en su zona de residencia, obtener los mayores beneficios posibles y que no le contaminen la casa. No son el resultado de la manipulación de nadie, como que Vd., fíjese bien, coincide con ellos y ellas en todo sentido.

Actualización: Un comentario recuerda esta frase de Enrique Ghersi (ver La propiedad del subsuelo en el Perú):
"La solución consiste, entonces, en privatizar el subsuelo, entregándolo a sus legítimos propietarios del suelo, campesinos y comunidades de los Andes."
Este tipo de cosas se dicen en época electoral o en términos generales, mas no cuando hay un tema concreto en la agenda. Después se sorprenden por qué el liberalismo no pega en el pueblo. En sencillo. Es porque los llamados liberales no están ahí con la gente, defendiendo sus derechos. La gente más pobre sólo recibe insultos y prepotencia de este sector. Un simple equilibrio: ellos no están con los pobres; los pobres tampoco están con ellos...

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15 set. 2007

¿Dónde está el comentarista? Por Daniel Salas



Espero que esto no suene a cargamontón, ya que no pretende serlo de ningún modo. Como muchos de los lectores de este blog ya saben, estábamos debatiendo el sentido de la fábula de Mario Saldaña, quien se declaró un combativo defensor de la actividad privada.

Pues bien, algo raro ha ocurrido. Apenas propuse una salida privatizadora al problema de las mineras en terreno de comunidades campesinas, Mario Saldaña dejó de comentar. Quisiera entender por qué, si tiene tan buenos argumentos para defender la actividad empresarial en el Perú, se quedó callado cuando propuse que se reconozca a las comunidades como dueñas del subsuelo, a fin de que ellas mismas negocien directamente con las empresas especializadas la manera en que las minas deben ser explotadas.

Así es en Estados Unidos, como ya lo explicó Silvio quien cita a su vez a Enrique Ghersi. ¿Por qué no puede ser así en el Perú y, en general, en Latinoamérica? ¿Por qué el subsuelo debe seguir siendo "de todos los peruanos" y por qué la explotación minera debe "beneficiar a todos los peruanos"? Eso es socialismo, ¿no les parece? Me gustaría sinceramente saber qué opina Mario Saldaña, lector de este blog. Si no tiene una opinión, puedo empezar a sospechar que su posición no es exactamente un pro-liberal sino en favor de algunas empresas en particular. Sigo sin entender por qué un liberal reclama alegremente expropiación y se asusta con el cuco de la privatización.

(Foto: Compre su muñequito de Nietzsche aquí)

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13 set. 2007

La fábula de Nietzsche y el liberal Por Daniel Salas

Tú has vivido siempre allí. Ese es tu terreno y lo has trabajado con tu familia por años. Sabes lo que más les conviene a ti y a tu familia. Sabes también que, si el Estado peruano promete algo, es seguro que no lo va a cumplir. Ya has comprobado que no hay manera de confiar en el Estado porque su naturaleza es mentir --y esto, tal vez no lo sabes, lo escribió Nietzsche en un hermoso pasaje del “Zaratustra” (*) --.

Un día encuentran un mineral bajo tu tierra. Digamos, cobre, plata, oro. Ya estás por saltar de alegría. Pero no celebres tan rápido, porque ya vino un funcionario del Estado peruano, ese organismo monstruoso que nunca te ha dado nada,y te informa, sonriendo, de una buena nueva: que la tierra en la que siempre has vivido y en la que siempre has trabajado ya no es tuya, que es "de todos los peruanos" y que, por tanto, debe beneficiar "a todos los peruanos", tal como lo comenta con alegría el periodista liberal Mario Saldaña en un post del Gran Combo Club. Los burócratas te prometen desarrollo, escuelas, hospitales y un jugoso canon que va a llegar a las cuentas manejadas por otros burócratas, los funcionarios locales.

Este guión ya es conocido: se trata nuevamente de tu propiedad, pero los beneficiarios van a ser los demás, especialmente los que ya tienen. Es el Estado peruano prometiendo y prometiendo porque ese es su oficio. Y, ya que después de tantos engaños no te queda un pelo de tonto, no le crees. Cualquier persona sensata actuaría igual. Por eso prestas atención de inmediato a quien te explica que la mina que van a abrir en tu tierra te va a hacer más pobre, te va a obligar a abandonar el lugar en donde siempre viviste y pensabas que era tuyo. Pero entonces vienen de inmediato los "liberales" a pedirte que no les creas a esos enemigos de la patria porque lo que está en juego no son tus intereses, sino los intereses de toda la nación. Justo ahora que te ibas a hacer rico, te exigen solidaridad y responsabilidad social. ¿No lo entiendes? Yo tampoco.

Sí, aunque parezca increíble, los "liberales" te dicen que lo que posees es de todos y que es deber del Estado garantizar que tu propiedad beneficie "al pueblo peruano". Te demandan que no seas egoísta ni mezquino. Porque, claro, no es justo que te quieras hacer rico tan fácil: primero, tienes que arreglar las cosas con aquellos grandes organizadores de tu vida que son los políticos, los inversionistas y los funcionarios. Es que no son, precisamente, liberales, son Mario Saldaña o Aldo Mariátegui, liberales a la peruana, no a la inglesa, algo difícil de explicar. Te dicen además que si te opones a la expropiación, que si no quieres mudarte y que si no crees en las promesas del Estado benefactor, eres un retrógrado comunista, un imbécil caviar o, peor aún, una cigarra que nunca ha trabajado y que quiere vivir de las hormigas, que siempre han trabajado y que, para demostrar que lo laboriosas que son, esta vez quieren excavar en tu propiedad.

Es la promesa del desarrollo, la vieja teoría de que hay que sacrificar el presente para asegurar el futuro. Unos deben sufrir, abandonar lo que tienen, cruzar los dedos y esperar que otros vean los resultados. Por supuesto, tienes muchos motivos para no creerles. "Engáñame una vez, es tu culpa; engáñame dos veces, eso ya es mi culpa". Eres inteligente, sabes muy bien que es así y por eso desconfías de las promesas. Pero cuando expresas esa desconfianza, te llaman atrasado, indio de mierda, enemigo del Perú. Son los "liberales" peruanos, que les dicen.

(Fotografía tomada de aquí.)

(*) En algún lugar hay pueblos y rebaños, pero no con nosotros, hermano mío; aquí hay Estados.

¿Un Estado? ¿Qué es eso? ¡Bien! Abre tus ojos a mí, porque ahora te hablaré de mi preocupación sobre las muertes de los pueblos.

Un Estado es el más frío de todos los monstruos fríos. Miente fríamente además y esta mentira se arrastra desde su boca: “Yo, el Estado, soy el pueblo”.

¡Es mentira! Los creadores fueron los que crearon los pueblos y colgaron una fe sobre ellos: así sirvieron a la vida.

Los destructores pusieron una trampa para muchos y la llaman Estado; cuelgan una espada y hay cientos que la anhelan.

Foto de Nietzsche tomada de aquí. La traducción del inglés es mía.

Actualización
Publican hoy en Expreso estas declaraciones del presidente Alan García:

“Si los chilenos producen cinco millones de toneladas de cobre, ¿por qué se oponen a que nosotros superemos el millón que producimos?… El viejo comunismo se volvió proteccionista y cerró los países a la inversión. Y el proteccionismo a la vez se vuelve medio ambientalista para, con el argumento de proteger no sé qué, cerrar también los territorios a la inversión… La riqueza es de todos (los peruanos) y no puede haber un pequeño grupo que diga yo me niego a la explotación (minera)”.

Comentario: Que alguien me ayude a entender esta contradicción. En primer lugar, Alan García se muestra desdeñoso del "comunismo" que cierrra los países a la inversión. Unas líneas más abajo sostiene que "la riqueza es de todos". ¿En qué quedamos, señor presidente: usted es o no es enemigo del comunismo?

Actualización 2

Silvio me recuerda posts suyos respecto de la propiedad del subsuelo. Véanse los posts aquí, aquí y aquí. Ahora recuerdo su referencia a la película "Gigante", en un post que sí había leído y se me había olvidado. Pues bien, un economista comparte mi propuesta. ¿Habrá algún abogado que nos pueda dar más ideas?

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