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22 nov. 2008

Falta de reciprocidad peruana Por Silvio Rendon

Es normal llegar a un aeropuerto y ver cómo se separan las filas: "US citizens and residents", por un lado y "visitors", por otro. Mexicanos por aquí, Mercosur por aquí, Ciudadanos de la Unión Europea por aquí; los otros por allá. Sin embargo, cuando se llega al Perú todos hacen la misma fila. ¿Por qué?

Finalmente el/la peruano/a, resida en el extranjero o en el Perú, no tiene un estado que le dé un mensaje de amparo. "Paisano, bienvenido a México" rezan diversos cartelitos en los aeropuertos mexicanos, y ahora, que se le ha puesto el ojo a las remesas de los nacionales residentes fuera, aún más. Un emigrante que se iba de México a EEUU no siempre era (es) visto en México como alguien que forme parte de la entidad nacional. Su emigración era el testimonio práctico de la falta de oportunidades en su propio país, un expulsado de su suelo, una persona que sobraba. Hoy con las remesas, ya se le vio el ángulo positivo.

En el Perú pasa algo parecido, llegando los peruanos residentes fuera a tener cierto peso en temas como las elecciones, cuando éstas son reñidas. Claro, igual todas las transacciones que tengan que ver con la salida al exterior tienen que pagar precios altos. Un pasaporte peruano cuesta caro, tres veces más que un pasaporte europeo; un certificado de antecedentes penales para el extranjero cuesta más que uno para usos locales. Como en todo, la ley de la demanda en estos casos se aplica inexorablemente y estos altos precios son una razón por la cual los peruanos que tienen doble nacionalidad desactivan de facto su ciudadanía peruana, ya no renuevan el pasaporte, ya no piden el DNI. Pero claro, la lógica en el país es "tienen plata, que paguen". Difícil de cambiarla...

Y por otro lado, viene la lógica de la hospitalidad al visitante extranjero. El peruano tiene que pedir visa a casi todos los países del primer mundo (1), mientras los ciudadanos de esos países no tienen que hacer lo mismo cuando vienen al Perú. Ponerles alguna medida de reciprocidad es vista sin más como una afrenta a la actividad turística. Toca no exagerar. La ley de la demanda claro que se cumple, pero ¿cuán elástica es esa demanda? El Brasil reacciona con total reciprocidad: me pones visa a mi gente, le pongo visa a la tuya. Ya fue exagerado cuando en el Brasil reaccionaron a que EEUU adoptara medidas de seguridad tomando fotos y huellas digitales a los visitantes a ese país, haciendo lo mismo. El problema era que los brasileños no tenían un sistema para almacenar la información ni sabían para qué lo hacían. Se trataba meramente de hostigar a los americanos como los brasileños eran hostigados en EEUU.

Otros países como Chile reaccionan cobrando una tasa a los visitantes a su país, llamada de "reciprocidad". El americano puede entrar en Chile sin visa, pero tiene que pagar unos cien dólares que le permiten la entrada por diez años. Es otra forma de lograr la reciprocidad. No parece que sea una medida que haya perjudicado al turismo chileno en gran forma. Los americanos ven como lo más normal del mundo que si los chilenos necesitan visado en los EEUU, ellos tengan que hacer algún tipo de transacción cuando van a Chile. ¿No les gusta? Que se quejen con su gobierno por imponerles la visa a los ciudadanos de otros países.

En el caso peruano parecería que es un tema superficial, ignorable. Pero recordemos que mucha gente, de todos los orígenes sociales y regiones del país, sale fuera por diversas razones. Que no tengan un estado peruano que los haga sentir amparados en la práctica y con gestos muy concretos no es un tema nada trivial. Tocaría prestarle mucho más atención, comenzando por recibir a los ciudadanos y ciudadanas peruanas en los aeropuertos como si verdaderamente regresaran a su país.

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(1) Hasta había asimetría entre el Perú y México en temas de visados; Perú necesitaba visa para México, pero no México para el Perú. El Perú impuso el visado a México, pero no por reciprocidad, sino porque supuestamente había presencia de mafias y sicarios mexicanos en el Perú.

Control migratorio en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez. Antes se hacía una fila para cada ventanilla y se generaba el desorden. Después se hizo una sola fila para todas las ventanillas.

Imagen tomada de la DIGEMIN.

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19 nov. 2008

1976: Carlos Rangel sobre las élites criollas Por Silvio Rendon

Lo cuenta este periodista venezolano en "Del buen salvaje al buen revolucionario":
El reverso de los mitos

El Túpac Amaru histórico fue un descendiente en línea directa de Ios Incas, Emperadores del Perú preecolombiano. Al rebelarse en 1780, cambió su nombre españolizado por el de un Inca ejecutado en 1569 por Francisco de Toledo, el Virrey que entre ese año y 1582 consolidó definitivamente el dominio español soobre el territorio peruano.

Derrotado y preso, Túpac Amaru II fue vejado y muerto cruelmente, con lo cual paso a la historia como mártir y precursor de la independencia latinoamericana.

Esto es típico de los equívocos y los mitos de la América Latina. Túpac Amaru se rebeló en nombre del Rey español, Carlos III (1759-88) y contra 1os abusos de los criollos peruanos. Fueron éstos quienes le hicieron frente, lo derrotaron y lo supliciaron, sobre todo para defender sus privilegios de descendientes de los conquistadores, y sólo accidentalmente para sosteener 1os derechos de un lejano rey afrancesado, quien desde 1765 había comenzado a molestarlos y a inquietarlos con la extensión a America de ideas modernas sobre una mejor administración y supervisión imperiales basadas en el sistema francés de delegados (intendentes) de la corona.

En este ocaso del Imperio Español de América, los criollos americanos, cepa de la estructura de poder de todas las futuras repúblicas independientes, viven emociones y sentimientos contradictorios. La rebeldia exitosa de los colonos ingleses de America del Norte los fascina. Aspiran a ejercer todo el poder, a tener todos los honores, en lugar de tener que admitir la tutela de España, ejercida por funcionarios peninsulares. Pero a la vez, como amos en una sociedad esclavista, se saben rodeados de enemigos. No sólo los indios en apariencia sumisos, pero que de vez en cuando estallan en rebelion, como en el Perú en 1780; o como en México en 1624 y 1692; sino ademas los negros bárbaros y violentos y los pardos humillados y resentidos. En el motín de 1692 los esclavos negros, los pardos y hasta los blancos pobres, llamados en Mexico saramullos, para distinguirlos de los orgullosos criollos, habian terminado por hacer causa común con los indios en una explosión de cólera contra toda autoridad y toda riqueza.

Por si todo o esto fuera poco, la revolución de Haití les ofreció a los criollos hispanoamericanos, desde 1791, una demostración práctica de lo que podia ser la guerra social en las sociedades esclavistas de América, una vez disueltos los vínculos con la metrópoli y resquebrajados los hábitos de autoridad y sumisión.

Frente a la masa oscura y enemiga de los esclavos, los siervos y las castas libres inferiores, los criollos se sienten ansiosamente españoles, fieles súbditos del Rey. Criollos pueden en haber sido (y fueron probablemente) los verdugos de Túpac Amaru. Criolla tambien la pluma redactora del bando proclamado en Cuzco tras haber sido ahogada la sublevación: "Por causa del rebelde, mándase que los naturales se deshagan o entreguen a sus corregidores cuantas vestiduras tuvieren, como igualmente las pinturas o retratos de sus Incas, los cuales se borrarán indefectiblemente como que no merecen la dignidad de estar pintados en tales sitios.

Por causa del rebelde, celarán los mismos corregidores que no se representen en ningún pueblo de sus respectivas provincias comedias u otras funciones públicas de las que suelen usar los indios para memoria de sus hechos antiguos.

Por causa del rebelde, prohíbense las trompetas o clarines que usan los indios en sus funciones, a las que llaman potutos, y que son unos caracoles marinos de un sonido extraño y lúgubre.

Por causa del rebelde, mándase a los naturales que sigan los trajes que les senalan las leyes, se vistan de nuestras costumbres y hablen la lengua castellana, bajo las penas más rigurosas y justas contra los desobedientes".

Pero los mismos criollos que lanzan (o suscriben) en 1781 esa proclama de ocupantes, van, a partir de 1810, a declararse "indios honorarios", herederos y vengadores del Buen Salvaje. El himno del Peru independiente designa a Lima (la mas española, junto con México, de las ciudades hispanoamericanas) heredera del odio y la venganza del Inca, su legítimo señor, y libre de nuevo después de tres siglos de opresión extranjera (1). El himno de Argentina asegura que con la guerra de emancipación, los Incas se conmovieron en sus tumbas por la emoción de ver "a sus hijos" renovar "el antiguo esplendor de la Patria". En Ecuador, Jose Joaquín Olmedo, suerte de poeta laureado de la Gran Coolombia, imagina (en 1825) al Inca Huaina Capac, montado en una nube, jubiloso de que, tras haber tenido la desdicha de ver desde ultratumba.

"correr las tres centurias
de maldición, de sangre y servidumbre"

esté ahora despuntando la hora feliz en que empieza
"la nueva edad al Inca prometida".

Entretanto, la situación de los indios no míticos, o muertos y enterrados desde antes del descubrimiento, sino vivos de carne y hueso, siguió donde quiera siendo igual o peor que antes de la ruptura can España. La administración colonial española estaba a cargo de peninsulares sin intereses privados en América, ni nexos de sangre o prolongada familiaridad con la oligarquía criolla. Para estos funcionarios, Virreyes, Intendentes o Capitanes Generales, las castas americanas eran un hecho político, a manejarse con el expediente de una prudente mediación entre unas y otras. Ademas, si bien no había en ese gobierno preocupación alguna de equidad social tal comoo hoy la entendemos, y es obvio que en el arbitraje entre las castas los criollos l1evaban de lejos la mejor parte, sí había alguna preocupación de justicia, y rastros de la controversia (vivida por la España cristiana del siglo XVI, sobre la humanidad y los derechos de los aborígenes de America) que habia dado lugar a la promulgación de las llamadas "Leyes de Indias" donde figuraban numerosas disposiciones destinadas a proteger a los indios.

En contraste, los gobiernos republicanos de Hispanoamérica van a ser todos representativos exclusivamente de implacables hacendados criollos o (en el caso de países removidos socialmente por la guerra) de aún más implacables hacendados pardos; oligarquias que no tendrán otra precupación ni otra meta que mantener intactas las estructuras sociales basadas en el latifundio y el peonaje. Los frecuentes cambios de gobierno, las llamadas "revoluciones latinoamericanas", no van a ser sino perturbaciones superficiales en un agua estancada.

Para colmo de injusticia, cuando hacia fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX las clases dirigentes latinoamericanas comiencen a formular explicaciones o excusas por el fracaso de sus sociedades en comparación con la sociedad norteamericana, es al indio, al negro y a la mezcla de razas a quienes van a culpar; y esa explicación va a preceder primero, y luego a coexistir durante tiempo con la que hoy está de moda y que atribuye exclusivamente al imperialismo norteamericano el atraso y la frustración de America Latina.
Comentario: Estas líneas parecen escritas por alguien muy radicalizado, pero fueron escritas por Carlos Rangel, más de una vez tildado de ser de derechas. Su punto de vista está en las antípodas del punto de vista dependentista, calificado como izquierdista, y representado por el periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano con "Las venas abiertas de América Latina".

¿Cuánto de las actitudes que señala Rangel en estos párrafos persisten todavía en el país? Las élites que le echan la culpa del atraso latinoamericano a los esclavizados indios y negros (ver "Pueblo enfermo" del historiador y político boliviano Alcides Arguedas), pero a la vez se autoproclaman legítimas herederas de la gloria de las grandes civilizaciones prehispánicas (ver el imprescindible Incas sí, indios no: Apuntes para el estudio del nacionalismo criollo de la historiadora peruana Cecilia Méndez).

Y, desde luego, si el fracaso económico de América Latina no es cosa propia, explicada por la propia incompetencia de la América católica y sus ridículos tiranos, como lo pondría el cantautor brasileño Caetano Veloso, pues tiene que ser cosa de otros, del imperialismo, la versión izquierdista del arielismo de estirpe oligárquica.

No digamos aquí que el imperialismo no existe y que no hay intervención externa. En este blog he documentado diversos episodios de intervención americana en el Perú. Sin embargo, en estos mismos episodios queda muy clara la precariedad doméstica y la debilidad de las fuerzas internas de cambio social, que podría ser motivo de un post aparte.

Curiosamente, las élites de izquierdas comparten actitudes de rechazo y distancia hacia la ciudadanía en general. No llegan ni parece que les interese llegar, y hasta le temen, al pueblo peruano. Un tema de larga data por nuestras geografías...

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(1) Seguramente se refiere a la cuarta estrofa, cantada con la música de "Largo tiempo el peruano oprimido...":
Lima, cumple ese voto solemne,
y, severa, su enojo mostró,
al tirano impotente lanzando,
que intentaba alargar su opresión.
A su esfuerzo sellaron los grillos
y los surcos que en sí reparó,
le atizaron el odio y venganza
que heredara de su Inca y Señor.
Tomado de Wikipedia. Hay versiones del himno por José Santos Chocano y por Chabuca Granda, pero que no pegaron...




Túpac Amaru II y Toussaint L'Ouverture. La imagen de la América que no fue.

Sus revoluciones aterrorizaron a los criollos hispanoamericanos.

Con la metrópoli en crisis las élites criollas se quedan solas frente a una masa de indios y negros esclavizados, pero con potencial de rebelión. Su reacción es la extrema violencia y el aniquilamiento de la élite indígena que tenía un estatus aparte en la colonia. Ahora todos serían ciudadanos, sólo que, parafreaseando a George Orwell, algunos, los implacables hacendados, serían más ciudadanos que otros....

Imágenes tomadas de aquí y aquí

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16 nov. 2008

1962: el golpe que la embajada americana trató de impedir y no pudo 2 Por Silvio Rendon

En 1962: el golpe que la embajada americana trató de impedir y no pudo contaba lo relatado por Stephen G. Rabe, cuando América Latina era "el área más peligrosa del mundo". Haré aquí algunos comentarios:

1. El gobierno de Eisenhower había apoyado muy claramente a dictaduras como Batista, Trujillo, Odría, Somoza. La revolución cubana hizo que los tiempos cambien en algo, y que el mismo Eisenhower dejara de apoyar a algunos dictadores, como Trujillo, y que otros dictadores dejaran el poder. En particular, el distanciamiento con Trujillo, producido por diversos atrevimientos de este dictador (asesinato de un refugiado vasco que trabajaba para la CIA y un piloto americano e intento de asesinato de Rómulo Betancourt), contribuyó a dar credibilidad a la nueva política americana a favor del constitucionalismo. Cuando llega Kennedy al gobierno, queda claro que la política no puede ser la de los cincuentas. El anticomunismo americano tiene que ser pro-democrático y no pro-dictadura. La enseñanza para Kennedy fue que una cosa era dejar de promover dictaduras y otra muy diferente era oponerse a ellas si eso era lo que emergía de los países latinoamericanos. Una enseñanza que recuperaría importancia décadas después, una vez acabada la guerra fría en la región.

2. Kennedy no necesitaba distanciarse de los oligárquicos Prado y Beltrán. Le bastaba con esperar que funcione la alternancia, el recambio electoral, y que venga un gobierno reformista. Fue su primera apuesta. Los americanos se daban cuenta que las apariencias sobre el Perú eran engañosas. Gran crecimiento, gran estabilidad, grandes partidos de derechas, un gran partido aprista, pequeños grupos comunistas, pero veían al Perú explotando socialmente. No lo sabían a ciencia cierta, pero veían el potencial y querían anticiparse a los comunistas, no importa cuán poco numerosos fueran. Esta preocupación de los americanos de ver al Perú como un país potencialmente explosivo, en contraste a como lo ven las élites gobernantes nacionales y de su propia comunidad empresarial en el país, se mantuvo décadas después, en su apoyo a Fujimori contra Vargas Llosa, aquí. Tal vez sea una preocupación que haya vuelto a estar presente en la década actual, en que se percibe una gran intransigencia anti-redistributiva de parte de las élites gobernantes.

3. La posición anti-castrista de Prado y Beltrán era extrema incluso para los americanos. Claro, era ´la inercia de lo cultivado en la época de Eisenhower y Dulles. Notemos que los descendientes o parientes ideológicos de Beltrán mantienen esa posición extrema (Jaime Bayly llamando a la muerte contra Castro y Chávez, aquí, o Aldo Mariátegui razonando que una acción cuestionable no traerá consecuencias y pronto será olvidada: "No va a pasar de un poco de chilla y la vida seguirá igual. Ni las ONG ni la Corte de San José van a bloquearnos o invadirnos", aquí).

4. Cuando Kennedy asumió el gobierno, la relación entre el Apra y los agentes americanos tenía ya buen tiempo, promoviendo el "sindicalismo libre", con estudiantes, con Haya de la Torre y posteriormente con un embajador americano, que fue retirado del Perú a pedido de los militares peruanos por su identificación aprista. El apoyo a Haya de la Torre le vino porque lo consideraban liderando una fuerza reformista. Paradójicamente, una vez perdidas las elecciones Haya de la Torre se opuso a las reformas impulsadas por la Alianza para el Progreso, lo cual no impidió que siguieran manteniendo relaciones, que se reactivarían ante el común enemigo que fue Velasco Alvarado.

5. Los militares peruanos estaban en contra de Haya de la Torre y su partido, pero no parece que contra algún planteamiento específico o contra algún programa de reformas. La "guerra interna", como ahora se llama, de comienzos de los treintas pasaría factura treinta años después, un factor subestimado por los americanos, que pensaban que los militares reaccionaban como protectores de la oligarquía. Ya para 1965 quedaría clara la orientación "nasserista" e institucional de los militares peruanos (ver a John Gunther). De hecho, diversos aspectos de la Alianza para el Progreso ya se comenzaron a aplicar con el gobierno militar de Pérez Godoy. Aquí los militares peruanos aprendieron que se podía hacer cosas diferentes de las que los americanos querían para el Perú, en una mezcla de negociación y afirmación de una posición propia. Una enseñanza que se aplicaría en 1968...

6. En tiempo real posiblemente tocaba tener acceso a los círculos de poder nacionales o americanos para percatarse de las negociaciones entre los militares y los funcionarios americanos. No parece que fueran informaciones que trascendieran, ni siquiera hasta ahora, décadas después. Lo que se sabe es por fuentes americanas, que tienen una política de desclasificación y publicación de información. En tiempo real lo único que quedaba era interpretar señales como la campaña de USIA a favor del constitucionalismo en el Perú, las declaraciones de Kennedy, los desplazamientos del embajador. Posiblemente en el presente sean las señales a las que haya que atender para inferir que algo pasa allá dentro.

7. La reacción de los americanos ante el pacto Haya-Odría fue de una gran frustración. No se esperaban que el reformista Haya se aliara con el ex-dictador que lo persiguió. Más aún, los americanos esperaban que este gran partido populista que supuestamente tenía un gran poder de convocatoria se movilizara condenando el golpe. Les frustró que no hubiera huelgas ni protestas. El partido al cual tan comprometidamente estaban apoyando esperaba que todo le viniera de fuera. Que Rómulo Betancourt o que John Kennedy se movieran por algo por lo cual los apristas no se estaban moviendo. Esta falta de movilización hizo que los americanos se echaran para atrás en su apoyo a Haya. Posiblemente en el futuro el apoyo internacional tendría que ser completo: apoyo diplomático, externo y apoyo a la movilización interna, sino los protegidos no se movían. Si quieres hacer algo, tienes que hacerlo tú y hacerlo completo.

8. Tres décadas después, cuando Fujimori da el golpe de estado, San Roman reacciona entusiasmado, esperando que el gobierno americano lo apoye porque ya no cabían las dictaduras en América Latina. Gran error. Los americanos ya habían aprendido que incluso estando en contra de un golpe de estado, no tenían mucho margen de acción y les tocaba negociar con el hombre fuerte de turno. Una vez más, la movilización contra el golpe de estado fue mínima. No hubo huelgas. Definitivamente, en el caso del golpe de Fujimori no hubo condena diplomática externa, ni americana ni de la comunidad latinoamericana. Como se supo después, Montesinos recibió dinero de la CIA y los estafó, haciendo su propio juego, aquí. Posiblemente se haya tratado de un golpe apoyado por el gobierno americano. Las multilaterales apoyaron entusiastamente a Fujimori y sus "reformas estructurales", aquí, difíciles de realizar con un congreso en contra. San Roman no tenía una oportunidad. Tuvo que pasar algún tiempo para que el gobierno americano revirtiera su política de apoyo a Fujimori y a Montesinos. Diversas instancias, entonces, apoyaron y ampararon a organizaciones opositoras que se movilizaron contra Fujimori.

9. La intervención americana en países sudamericanos, entre ellos el Perú, es más indirecta que en países más pequeños y más débiles institucionalmente (en Centroamérica y el Caribe) donde la intervención es más directa y abierta. Sin embargo, la intervención es real, a través de presiones, negociaciones, agentes y socios locales, apoyo diplomático e informativo, chantajes económicos (como en el caso de la compra de los Mirages a Francia en 1967), financiamiento de actividades económicas y reformas (como en la Alianza para el Progreso), apoyo de candidatos en las elecciones (como el apoyo a Haya de la Torre en 1962 ó a Fujimori en 1990), apoyo a las FFOO (como el apoyo de "Superman" y "Caracortada" al GEIN o el apoyo de la CIA a Montesinos, o la capacitación a Jesús Sosa, diplomado por el gobierno americano). Una intervención que puede inclinar la balanza en la lucha política interna y decidir los destinos del país.

10. La política de Kennedy y luego de Johnson fue revertida posteriormente por Nixon y Kissinger, produciéndose el desenganche latinoamericano. América Latina dejaría de ser una región prioritaria para los Estados Unidos como lo fue bajo el gobierno de Kennedy. Es una situación que no se revierte hasta nuestros días. Desde el punto de vista económico hay otras regiones más interesantes para los EEUU.

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8 nov. 2008

1962: el golpe que la embajada americana trató de impedir y no pudo Por Silvio Rendon

En el post Velasco: el golpe que la embajada americana no impidió comentaba sobre el golpe de 1968 sobre el cual la embajada americana tuvo un indicio, pero al cual no le dio crédito alguno, por lo que la agarró de sorpresa, con la luz cortada y funcionarios de inteligencia atrapados en un ascensor. El caso del golpe de 1962 contra Manuel Prado fue muy diferente, pues se trató de una crónica de un golpe anunciado, del cual la embajada tuvo conocimiento y se movilizó intensamente por impedirlo, pero no pudo.

Lo cuenta Stephen G. Rabe en The Most Dangerous Area in the World, p. 116-123.

Era el año 1962. El gobierno de Prado era un gran aliado de los Estados Unidos durante la guerra fría y como tal se había sumado al programa de la Alianza para el Progreso. Tanto Prado como su primer ministro Pedro Beltrán eran conservadores moderados que le dieron al Perú un gobierno digno, aunque no inspirado [albeit uninspired]. Representaban a peruanos de herencia europea residentes en las áreas costeras que tradicionalmente dominaron sobre los mestizos y los grupos amerindios en las alturas andinas. Estos descendientes del imperio inca, que representaban a 50% de los 11 millones de peruanos, vivían en los márgenes de la existencia [lived on the margins of existence]. Aunque el Perú tenía un pequeño partido comunista y ningún movimiento insurgente activo, las autoridades americanas estaban preocupadas porque las horribles desigualdades "proveían una de las mejores ilustraciones de un 'potencial para la revolución social' en América Latina". En realidad, los movimientos de protesta radical y violenta aparecieron a mediados de los sesentas y explotaron por todo el Perú en los ochentas. A pesar de su preocupación por la inercia gubernamental, el gobierno de Kennedy respetaba a los gobernantes peruanos, porque éstos estaban comprometidos con una transferencia de gobierno constitucional y pacífica en 1962.

Los Estados Unidos apreciaban el apoyo del Perú, dirigido por Manuel Prado, en la segunda guerra mundial, apoyo que continuó después de revolución cubana en 1959. Manuel Prado y Pedro Beltrán fueron los más duros críticos de Fidel Castro en la región latinoamericana. Dos semanas antes de la invasión de Bahía de Cochinos Pedro Beltrán le pidió al Secretario Estado, Dean Rusk, "tomar acción rápida y decisiva" contra Castro sin preocuparse por las protestas contra la intervención de otros latinoamericanos. Añadió que "la reacción adversa no durará y el asunto será rápidamente olvidado como ocurrió con la invasión de Guatemala (1956) y el asesinato de Patricio Lumumba". Prado le dijo a Kennedy que el Perú consideraría reconocer a los cubanos anti-castristas como el legítimo gobierno de Cuba en el exilio. En enero de 1962, en la reunión inter-americana convocada para denunciar a Cuba, Rusk confesó que su mayor dificultad [sharpest difficulty] sería persuadir al Presidente Prado a "adoptar una visión firme pero razonable antes que una visión extrema y beligerante" hacia Castro (1). Este tan leal apoyo hizo que el presidente Prado tuviera el honor de ser el primer presidente latinoamericano en ser recibido en la Oval Office en Washington. En el congreso americano Prado aseguró que el Perú estaría con los Estados Unidos en la lucha contra el movimiento comunista internacional y que "whatever measures you may be required to take to combat it, you will find my country at your side."

Las autoridades americanas creían, sin embargo, que podían tener algo mejor que Prado. Ellos alentaban la elección de Víctor Raúl Haya de la Torre, líder del APRA, como nuevo presidente del Perú. El APRA era visto como un movimiento de origen revolucionario, inspirado en la revolución mexicana, el marxismo y el socialismo europeo. Inicialmente partidario de la nacionalización de tierras e industrias, el anti-imperialismo y el respeto para los pueblos amerindios, era un movimiento con fuerte apoyo en las clases medias. Era también un movimiento claramente anti-comunista. En 1956 los apristas apoyaron la elección de Prado y a cambio Prado les permitió organizarse entre 1956 y 1962 (2).

A pesar de lo confusa, inconsistente y retorcida que hubiera sido la plataforma aprista, los funcionarios del gobierno de Kennedy se convencieron de que Haya podría cumplir con los objetivos de la Alianza para el Progreso, como Betancourt y Figueres. Haya había conocido e impresionado a los liberales americanos que profesaban anticomunismo y reforma social. El senador Hubert H. Humphrey (demócrata de Minnesota) llamó al partido de Haya "valioso representante de la izquierda democrática, no comunista". El embajador Loeb, que antes había presidido la organización liberal anticomunista Americans for Democratic Action, también tenía confianza en Haya. Este peruano parecía el modelo de reformador evolucionario de clase media, imaginado por los arquitectos de la Alianza para el Progreso. En febrero de 1962, El Secretario de Estado asistente Robert Woodward llamó al partido aprista "la más sólida fuerza anticomunista en el Perú". Su sucesor, el Secretario asistente Martin coincidía en que era "un agente de cambio inusual y efectivo pero firmemente anticomunista, el tipo de partido que queremos por toda Latinoamérica, pero raramente encontrado". Los informes de los funcionarios americanos en el Perú [field officers] que trabajaban con los militantes apristas en organizar grupos de estudiantes, sindicatos y campesinos estaban de acuerdo con este enfoque.

Los competidores de Haya eran Manuel Odría y Fernando Belaúnde. A pesar de las declaraciones públicas sobre trabajar con el ganador de las eleccines, el gobierno de Kennedy tenía reparos a los oponentes de Haya. Odría había sido un dictador [aunque apoyado militarmente y condecorado por los EEUU. p. 11] y Belaúnde rechazó repudiar a los comunistas peruanos que lo apoyaban. Por el contrario, la organización de Haya según los americanos era "el único partido político que había tomado una posición firme frente a los comunistas".

En la primera mitad de 1962, el gobierno americano trabajó duramente para que los/as peruanos/as aceptaran los resultados de la elección presidencial. En febrero y marzo, los militares peruanos del más alto rango le dijeron explícitamente al embajador americano Loeb que no prestarían servicio bajo un presidente aprista. Ellos no podían olvidar el pasado y detestaban a Haya. Loeb se hizo llamar a Washington por el Departamento de Estado para que él pudiera traer a Lima la visión personal del presidente americano. Kennedy autorizó a Loeb a informarles a los militares peruanos que los Estados Unidos "estaban comprometidos en el hemisferio, y ante los ojos de su propio pueblo [americano] y congreso, al apoyo de gobiernos no comunistas y constitucionales por todo el hemisferio". Más aún, el embajador Loeb podía advertirles que había discutido de estos asuntos con el presidente americano y que los Estados Unidos encontrarían "imposible" reconocer a un gobierno militar. Para asegurarse de que los militares peruanos comprendieran su posición, el gobierno americano envió a un militar americano en retiro, que había servido previamente en el Perú, a que hable a los hombres de uniforme. También le ordenó a la agencia de información americana (USIA) lanzar una campaña de propaganda en favor del constitucionalismo en el Perú. Al realizarse la elección, Kennedy le ordenó a Loeb a transmitirle a Prado su aprecio por su firme posición en favor del constitucionalismo. Dos días después, en una ceremonia pública en Washington en honor del presidente panameño, Kennedy brindó por la democracia peruana.

Las elecciones peruanas no dieron los resultados que esperaban los Estados Unidos, un claro mandato a favor de Haya de la Torre. Los apristas sacaron sólo 1% más que Belaúnde y 4% más que Odría. El congreso peruano tendría que elegir un presidente para fines de julio. Los partidos políticos negociaron de mediados de junio a mediados de julio, con los militares aparentemente de nuevo advirtiéndole a Haya que se hiciera a un costado. Lo sorprendente de la negociación fue que los apristas aceptaron apoyar a Odría como presidente y a un aprista como vicepresidente. Odría había perseguido a los apristas, y en particular a Haya de la Torre, que se refugió en la embajada colombiana. Ahora Odría presumiblemente respetaría los procesos constitucionales y apoyaría un programa de reformas. El gobierno de Kennedy observó esas maniobras con nerviosismo. Rechazó la sugerencia de Loeb de advertir públicamente que el gobierno americano no reconocería a "ningún gobierno impuesto por la fuerza". Pero el presidente Kennedy nuevamente agradeció a Prado por sus "galantes esfuerzos" y le ofreció considerar con simpatía y urgencia cualquier pedido de asistencia.

El 18 de julio de 1962 los militares peruanos usaron un tanque americano Sherman para tumbar las rejas de palacio de gobierno. Derrocaron así al presidente Prado, de 73 años de edad, y establecieron una junta militar de doce personas dirigidas por el general Pérez Godoy. El presidente Kennedy reaccionó con indignación condenando duramente el golpe, lo cual le significó ganar apoyo dentro de los Estados Unidos, pero un limitado apoyo afuera. Venezuela y Costa Rica aplaudieron a Kennedy y propusieron que la OEA condene el golpe en el Perú y los cambios ilegales de gobierno. Sin embargo, los más grandes países latinoamericanos, liderados por México, rechazaron las posiciones de Betancourt y Figueres; ellos apoyaban el principio de no intervención contenido en la carta de fundación de la OEA. La comunidad de negocios americana en el Perú también se oponía a la ruptura de relaciones entre los Estados Unidos y el Perú, pues eso pondría en peligro los 450 millones de dólares en inversión directa extranjera que tenían en el Perú. Las denuncias de Kennedy fracasaron también en despertar mucha reacción en el Perú. No hubo grandes huelgas ni manifestaciones de condena al golpe militar. Los funcionarios americanos tal vez juzgaron mal el ambiente político peruano, analizando la lucha entre los militares y Haya como una pelea entre reacción y reforma. El golpe podía ser visto como un episodio más en una enemistad sangrienta [blood feud] de tres décadas de duración.

El presidente Kennedy rápidamente se arrepintió por haberse identificado personalmente en la lucha política peruana. Se lamentó ante sus asesores por haber ido demasiado lejos y haberse expuesto como presidente. Observó también que "el poder es un factor importante" y que "uno tiene que trabajar con gobiernos con poder". Los Estados Unidos no podían ser percibidos como perdiendo prestigio e influencia en el hemisferio. El embajador americano ante la OEA DeLesseps Morrison señalaba que tales virajes [flip-flops] de política exterior eran humillantes y le hacían poco bien a los Estados Unidos. Despues de que los militares liberaran a Prado y le permitieran salir exiliado a París, el gobierno americano llegó a acuerdos con los militares peruanos. Les aceptó el compromiso de llamar a nuevas elecciones en junio de 1963, después de fracasar en obligarlos a que éstas sean en febrero o marzo de 1963. El gobierno americano les pidió firmeza ante la expansión del comunismo en el movimiento sindical peruano. A su vez el gobierno americano complació a los militares peruanos desestimando una moción venezolana de una reunión de la OEA sobre el constitucionalismo. El 17 de agosto de 1962, menos de un mes después del golpe, el gobierno americano reestableció las relaciones con el Perú y reabrió sus programas de ayuda económica. El gobierno americano también accedió a no enviar más a Lima al embajador Loeb, quien quedó popularmente identificado con los apristas, y envío como nuevo embajador a J. Wesley Jones, un diplomático de carrera. Para demostrar que de todas manera condenaba el golpe el gobierno de Kennedy retuvo la asistencia militar. Sin embargo, el gobierno de Kennedy también capituló en ese tema, cuando en octubre de 1962 ordenó la restitución de toda ayuda militar. Como fue explicado en un telegrama del Departamento de Estado, ante la crisis de los misiles en Cuba, los Estados Unidos "requerían solidaridad ante la amenaza cubano-soviética al hemisferio".

Los militares le transfirieron el poder a los civiles a mediados de 1963 cuando Belaúnde derrotó a Haya y Odría en otra reñida elección. Tal vez algunos peruanos, temiendo otro incidente entre los apristas y los militares, cambiaron su voto de Haya a Belaúnde. Tanto el gobierno americano como los militares peruanos mantuvieron su dignidad [saved face]. El primero se mantuvo en el principio del constitucionalismo y los segundos evitaron que sus enemigos llegaran al poder. Durante el gobierno de Belaúnde las relaciones entre el Perú y los Estados Unidos se avinagraron por las disputas sobre los derechos contractuales de la IPC y los derechos de las atuneras como Chicken of the Sea de pescar dentro de las 200 millas de mar territorial peruano. Belaúnde también resultó ineficaz para cumplir con los objetivos de la Alianza para el Progreso. De un millón de campesinos sin tierra o con pedazos minúsculos de tierra Belaúnde sólo benefició a 9 mil a través de un programa de reforma agraria. Una analista de inteligencia americano apuntó en un informe de mayo de 1963 titulado "Political Prospects of Peru" que "a menos que las fuerzas de la moderación sean capaces de traer un cambio ordenado, el liderazgo radical tendrá probablemente la oportunidad de poner a prueba sus métodos". El Presidente Kennedy no viviría para ver cómo el radicalismo intentaba tomar el poder en el Perú, pero siempre estuvo inquieto por el papel del Perú y de América Latina para el comunismo internacional. Antes de enviar al embajador Jones a Lima le recordó que América Latina era muy importante, pues Europa ya era segura y próspera, mientras que la región latinoamericana requería de sus mejores esfuerzos y atención.

Kennedy comprendió astutamente que había cometido un error táctico al confrontar directamente a los militares peruanos, para finalmente aceptar una situación no satisfactoria. El mensaje quedó claro: a menos de que se tratara del comunismo, los Estados Unidos no expondrían su prestigio para salvar a un régimen constitucional. En realidad, a fines de 1963 el coronel López Arellano dio un golpe de estado en Honduras. Después de diversas condenas americanas, el coronel dio señales de ser un buen anti-comunista, con lo que el gobierno americano acabó por aceptarlo.

Después de esta experiencia el gobierno americano, el 6 de octubre de 1963, definió su nueva política en una declaración del Secretario de Estado Martin: no se adheriría a la doctrina Betancourt, que llamaba al rechazo de todos los regímenes anticonstitucionales. El gobierno americano comprobaba que no podía cumplir con los objetivos de desarrollo de la Alianza para el Progreso en el marco de la democracia en todos los países de la región, pues la mayoría de países tenía "muy poca experiencia con los beneficios de la legitimidad política". Los Estados Unidos continuarían rechazando el derrocamiento de regímenes constitucionales, pero sólo usarían la fuerza contra "la intervención desde fuera del hemisferio por la conspiración comunista internacional". Los Estados Unidos habían aprendido que escapaba a su poder "crear una democracia efectiva" o "mantener a un hombre en el poder por el uso de la presión económica o incluso de la presión militar, cuando su propio pueblo no estaba dispuesto a defenderlo".

Esta declaración fue criticada por el asesor presidencial Arthur Schlesinger porque podía sonar paternalista y herir la sensibilidad de los latinoamericanos. Ante eso Kennedy reafirmó su apoyo al constitucionalismo, pero a través de publicaciones oficiales dejó claro que se trataba de un cambio en la política exterior americana. Por otro lado, otros asesores presidenciales sostenían que Martin sí quiso decir lo que escribió. Ted Sorensen, otro asesor de Kennedy, opinó en sus memorias que Kennedy había reconocido "que los militares frecuentemente representaban mayor competencia en la administración y más simpatía hacia los EEUU que cualquier otro grupo en el país".

Hasta aquí Rabe. Dejo el comentario para un próximo post.
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(1) Como Rabe cuenta en la págin 32, la visión con más apoyo en América Latina no era la peruana, de Prado, sino la de los presidentes Rómulo Betancourt de Venezuela y José Figueres de Costa Rica. Se trataba de reconocidos demócratas que sostenían que el viraje ocurrido en Cuba se debía a la propia política americana que había apoyado masiva y sistemáticamente a los más terribles dictadores de la región. En Punta del Este la delegación cubana representada por Ernesto Guevara planteó una posición que convenció a la mayoría de delegaciones latinoamericanas: el problema con Cuba no era hemisférico sino bilateral, entre los EEUU y Cuba; y Cuba no exportaría la revolución a la región aunque no podía evitar exportar su ejemplo. Irónicamente, esto último era precisamente el temor de los EEUU expresado en sus declaraciones públicas. Con tales garantías las delegaciones latinoamericanas, encabezadas por Brasil, desecharon la moción peruana que, apoyada por los EEUU, indirectamente llamaba a rechazar la revolución cubana.

Aquí Rabe refiere otra anécdota, que no tiene que ver directamente con el Perú mas sí con la relación Cuba-EEUU. Después de la última sesión en Punta del Este, Guevara intentó nuevamente un acercamiento diplomático a los EEUU. Se reunió informalmente por varias horas con el embajador americano Richard Goodwin en una recepción. Previamente Guevara le había enviado una caja hermosamente diseñada conteniendo los más finos cigarros de La Habana. Cuba dejaría de apoyar la actividad revolucionaria en otros países, prometía, si los Estados Unidos abandonaban sus intentos de derrocar al regimen cubano y suspendían el embargo. Goodwin informó a Kennedy de su reunión con Guevara, pero como era previsible nada sustantivo salió de la reunión Goodwin-Guevara. El gobierno americano estaba lanzando la Alianza para el Progreso precisamente para prevenir el avance del comunismo. Un acuerdo con Castro habría socavado el principal propósito de la Alianza. Al respecto, el único gesto tangible de Kennedy fue fumarse uno de los cigarros enviados por el Ché.

(2) Al respecto ver Caretas: Las Dos Caras de La Convivencia y Sucesos históricos: Prado Ugarteche y Haya de la Torre: "La Convivencia".



Ceremonia de recepción del presidente americano John F. Kennedy y Sra. al presidente peruano Manuel Prado Ugarteche y Sra. Nótese la bandera peruana y americana en la parte superior izquierda de la foto.

Manuel Prado era el campeón del proamericanismo en la región latinoamericana. Este oligarca fue un sólido aliado de los EEUU, con un gobierno más papista que el papa, encabezando la política exterior anticastrista. Fue también este gobierno el de la "convivencia", cuando Haya de la Torre logró la legalidad del Partido Aprista en el Perú al precio de abandonar las banderas de cambio social y apoyar decididamente al gobierno de la oligarquía.






Haya de la Torre, el candidato de la embajada americana en 1962. El apoyo del embajador americano, James Loeb Jr., fue explícito, abierto, desembozado. Haya de la Torre había logrado la legalidad del Partido Aprista y fue percibido por la embajada como el político centrista y anticomunista que el Perú necesitaba para llevar a cabo la Alianza para el Progreso. Sin embargo, los militares peruanos, que no fueron parte de la negociación de la "convivencia", tenían una idea muy diferente de lo que necesitaba el Perú.





Portada de Time del 12 de marzo de 1965.

Belaúnde no era el candidato de la embajada. Sin embargo, después del golpe de estado, y posteriormente de las elecciones, los americanos entendieron que era un presidente amigo y le brindaron su apoyo. Sin embargo, Belaúnde fue ineficaz en cumplir con el programa de la Alianza para el Progreso.

Imágenes tomadas de aquí, aquí y aquí.

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26 oct. 2008

1990: La CIA apoya a Fujimori contra Vargas Llosa Por Silvio Rendon

Lo contó Mario Vargas Llosa en El pez en el agua:
En medio de la guerra sucia, hubo también episodios de comicidad patafísica. Se llevó la palma una información aparecida el 30 de mayo en el diario aprista Hoy. Aseguraba transcribir textualmente un informe secreto de la CÍA sobre la campaña electoral, en el que se me atacaba con argumentos que se parecían mucho a los de la izquierda aborigen. Por mi simpatía hacia Estados Unidos y mis críticas a Cuba y a los regímenes comunistas yo, de llegar al poder, podía crear una peligrosa polarización en el país y azuzar los sentimientos antinorteamericanos. Estados Unidos no debía apoyar mi candidatura, pues era inconveniente para los intereses de Washington en la región. Apenas eché un vistazo al artículo, presentado con un titular escandaloso («Soberbia y obstinación de MVLL teme Estados Unidos»), dando por supuesto que era uno de los embustes que fraguaba la prensa gobiernista. Cuál no sería mi sorpresa cuando, el 4 de junio, el embajador de Estados Unidos vino a darme incómodas explicaciones sobre aquel texto. ¿Entonces, no era fraguado? El embajador Anthony Quainton me confesó que era auténtico. Se trataba de la opinión de la CÍA, no de la embajada ni la del Departamento de Estado y venía a decírmelo. Le comenté que lo bueno de esto era que los comunistas ya no podrían acusarme de ser un agente de la celebérrima organización.

No tuve muchos contactos con la administración de Estados Unidos durante la campaña. La información en ese país sobre lo que yo proponía era abundante y daba por hecho que, tanto en el Departamento de Estado como en la Casa Blanca y en los organismos políticos y económicos relacionados con América Latina, habría simpatía hacia quien defendía un modelo de sociedad democrática liberal y una estrecha solidaridad con los países occidentales. Los contactos con los organismos financieros y económicos de Washington —el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo, en los que el gobierno norteamericano tenía influencia decisiva— los llevaban Raúl Salazar y Lucho Bustamante y sus colaboradores y ellos me tenían al tanto de lo que parecía un buen entendimiento. (...). El Frente no recibió un centavo de ayuda económica de instancia alguna norteamericana, donde, como revela aquel documento de la CÍA, había incluso agencias que, por defender de manera demasiado explícita la democracia liberal, pensaban que yo era un peligro para los intereses de Estados Unidos en el hemisferio.
Comentario: ¿Cómo filtró la CIA un informe secreto a un diario aprista como "Hoy"? Para soltarles algo así tienen que tener un contacto de relativa confianza. Y desde luego, la actividad de la CIA en el Perú tiene que pasar por la aprobación del gobierno americano.

Si bien "la opinión" puede haber sido de la CIA y no del Departamento de Estado, cuando se realiza una filtración a un medio peruano, con lo cual se interviene en las elecciones peruanas, ya estamos hablando de una política de estado. Por supuesto que un diplomático no puede reconocer públicamente una intervención de este tipo, como que Mario Vargas Llosa lo reporta como un tema de "opinión". Un gran eufemismo y una gran mecida. Sin embargo, la filtración fue auténtica y constituyó una señal de aliento para los apristas que apoyaban abiertamente y por todo los medios a Fujimori, y de desaliento para Vargas Llosa, quien inocentemente creía que contaba con el apoyo americano por su afinidad ideológica con los gobiernos americanos de los ochentas, republicanos ellos.

Mario Vargas Llosa tenía efectivamente abundantes contactos en las más altas esferas del gobierno americano, pero, por lo que él mismo cuenta, eran contactos en los que por lo visto él ilustraba a los altos dirigentes americanos sobre temas latinoamericanos. Vargas Llosa se había relacionado a nivel intelectual, con algunos funcionarios públicos y a nivel de organismos multilaterales, importantes para romper el cerco económico (en realidad político-económico) al Perú, provocado por Alan García.

Y desde luego que los americanos conocían muy bien a Vargas Llosa. Si hubieran creído desde siempre que el escritor y candidato era muy polarizador, habrían podido persuadirlo de suavizar un poco su mensaje. Pero no lo hicieron. Suena a que lo dejaron actuar, solo, a ver qué hacía. Cuando lo vieron fracasando, o lograron una mejor figura política para el Perú, se orientaron en su contra y le dieron la espalda.

Para entonces, Montesinos, "nuestro hombre en Lima", ya estaba muy bien integrado al equipo de Fujimori, habiéndolo limpiado de las denuncias sobre su desbalance patrimonial. Si Vargas Llosa con la democracia liberal era muy polarizador y un peligro para los intereses americanos en la región, Fujimori con el autoritarismo era muy consensual y más en línea con los intereses americanos en el Perú y en la región.

¿Y qué intereses eran esos? ¿Por qué Fujimori era tan superior a Vargas Llosa en opinión del gobierno americano? Algunas pistas se dan en este post.

Años después Madeleine Albright montaría en cólera al enterarse de que Montesinos tenía su propio juego y le estaba filtrando armas a las FARC desde Jordania... Los intereses americanos dejarían de pasar por apoyar a Fujimori ... y a Montesinos.

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25 oct. 2008

2000: Tudela Vice Por Silvio Rendon

El mismo día de la votación de 2000, el 9 de abril, Fujimori quedó en capilla por el huayco toledista. Ya no la tuvo fácil. Años antes jugó con ventaja contra Pérez de Cuéllar, ventaja económica, mediática y gubernamental. Y antes, con las justas se aprobó su constitución en un apurado referéndum. Esta vez todos los partidos lograron unirse contra él y apoyar al puntero, Toledo. Ya se sabía que el gobierno fujimontesinista era corrupto y violador de los derechos humanos, pero faltaba la victoria definitiva. Con Toledo concentrando más del 40% del voto en primera vuelta, Fujimori la tenía difícil. Se le había abierto un forado en su barco. Ya no tenía la imagen de apoyo multitudinario, masivo, monolítico, excluyente, imagen creada mediante un presupuesto especial que compraba canales, prensa, políticos de oposición, jueces. Nominalmente contaba con un caudal electoral importante. Obviamente, los recursos económicos y triquiñuelas montesinistas sustentaban ese caudal. La diferencia con ocasiones anteriores era que la oposición tenía algo con que contrapesar las trampas fujimontesinistas: el apoyo externo. Si Fujimori era Supermán, un Supermán con poderes prestaditos nomás, la oposición había encontrado finalmente la kriptonita. Y Fujimori, cual los germanos de la primera escena de "Gladiator", no se enteraba de que ya estaba derrotado.

Caer por el despeñadero era cuestión de tiempo. La forma en que Fujimori logró salirse con la suya con su golpe de 1992 se le aplicaría ahora contra él. Si los EEUU de Bush como de Clinton, entusiasmados con su "hombre en Lima", Montesinos, pasivamente le habían dejado pasar el golpe, ahora activamente a través de la USAID financiarían a Transparencia (y luego a la CVR, de claro sesgo antifujimorista, pero blanda con Belaúnde y García, en cuyos gobiernos se cometieron la mayor parte de violaciones a los derechos humanos - y con el general Cisneros Vizquerra, antifujimorista candidato en la lista de Pérez de Cuéllar). Si antes Fujimori jugaba con ventaja, con un Montesinos comprando voluntades, ahora la oposición contaba con el amparo político internacional (el que no le llegó en 1992 cuando proclamaron presidente a San Román). Las fuerzas internas se equilibraban.

Aquí conviene recordar lo que señalaba el Presidente Mao Zedong, tan evocado por el mismo Montesinos: las contradicciones externas nunca predominan sobre las internas; las contradicciones externas actúan a través de las contradicciones internas. EEUU no puede tumbarse a Fujimori (o a Allende en Chile) sin que existan en el Perú sectores sociales y políticos en actividad contra Fujimori, algunos de los cuales dispuestos a jugar en tándem con los EEUU. Difícilmente los EEUU hubieran podido hacer algo con Toledo sacando, digamos, 20% del voto y el resto repartiéndose entre los otros partidos (que fue lo que le pasó a Pérez de Cuéllar). Fujimori ganaba en primera vuelta y los vladivideos posteriores podrían haber sido una crisis más, manejable (como lo es hasta ahora la crisis de los petroaudios, convertida en una mera crisis ministerial).

Va este entrevista de Francisco Tudela por Rosa María Palacios, muy reveladora de las opciones que se barajaban entonces. Se pensó en una fórmula de transición con Tudela pasando de vice-presidente a ser presidente, una vez que Fujimori renunciara o que se lo destituyera por incapacidad moral. Tudela rechazó esa posibilidad, "que se busquen a otro", pero ya se prefiguraba y hablaba abiertamente de la caída del régimen. Sin Fujimori no habría fujimorismo. Mucha gente quedaría en "posición adelantada", fuera de juego, ensimismada en la inercia que todo régimen crea; alguna otra la vio (o le datearon - y se creyeron el dato) y muy a tiempo se cambió de equipo.



En 2000 Francisco Tudela denuncia que el Departamento de Estado de los EEUU está promoviendo un golpe de estado en el Perú.

Francisco Tudela: "Transparencia ha recibido 750 mil dólares del gobierno ..."
Rosa María Palacios: "de AID, de AID".
Francisco Tudela: "Bueno, pero la OEA recibió 250 mil nomás. Es extraño que una organización...".
Rosa María Palacios: "¿Y el gobierno peruano cuánta plata recibe de AID?".
Francisco Tudela: "Para proyectos fiscalizados".
Rosa María Palacios: "Pero es igual".

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18 oct. 2008

Cómo acaban los grupos terroristas Por Silvio Rendon

Respuesta: muchos acaban asimilados al sistema político.

En este post de Richard Fernandez (cuyo blog recomiendo a los/as lectores/as) se comenta sobre el documento de la RAND Corporation How Terrorist Groups End, "Cómo acaban los grupos terroristas" (pase de NQ). Se trata de un estudio sobre 648 organizaciones terroristas que existieron en el mundo entre 1968 y 2006 realizado con el objetivo de orientar la lucha antiterrorista actual de los EEUU contra Al Qaeda:
La evidencia desde 1968 indica que la mayoría de grupos han acabado porque (1) se sumaron al proceso político o (2) la policía local y las agencias de inteligencia arrestaron o mataron a los miembros clave. La fuerza militar ha sido raramente la primera razón para el final de los grupos terroristas y pocos grupos en este periodo han logrado la victoria.
Así, la asimilación al proceso político es más normal de lo que nos damos cuenta en el país. Parece ser más que la excepción la norma.

El confrontación entre fuerza e inteligencia en la guerra contrainsurgente ha sido también muy debatida en el contexto peruano. Se ha repetido mucho que fue el trabajo de inteligencia y no la fuerza y la violación de los derechos humanos lo que derrotó a Sendero Luminoso. Con esto se refuerza el principio de minimizar el número de bajas (al respecto viene a cuento esta reflexión sobre el mariscal soviético Georgy Zhukov, quien no tenía remordimiento en perder miles de soldados para lograr sus objetivos trazados. Una actitud similar a la de Guzmán.). Como se puede apreciar en los comentarios al post de Fernández, se trata de un tema muy debatido a partir de la "guerra al terrrorismo" internacional. El autor del reporte de la Rand, Seth Jones, tiene sus detractores. No es evidente la afirmación de que el terrorismo es derrotado sólo con trabajo de inteligencia y sin la fuerza militar.

Así, a nivel internacional tenemos discusiones muy similares a las que se han dado en nuestro país. Se viene desarrollando a cabo una guerra con un teatro de operaciones mucho más amplio que el vivido en el país, a un movimiento fundamentalista, fanático, suicida. Es un proceso que todavía está en su etapa de expansión. Seguro que un par de enseñanzas útiles se puede extraer del caso peruano. Bueno, ahí mencioné el caso de Switzer (aquí, militar americano que después de haber estado de servicio en Iraq se dedicó a analizar la insurgencia senderista.)

Al final del trabajo de la Rand salen listados SL como el MRTA:
Shining Path (Peru) 1980– 1,000s LM F LW RC —
Tupac Amaru Revolutionary Movement (Peru) 1982– 10s LM F LW RC —
como movimientos todavía no acabados...




¿Cómo acaban los grupos terroristas?
En gran mayoría se suman al proceso político o la policía los derrota.

Una minoría triunfa, y una minoría es derrotada por la fuerza militar.





Los grupos terroristas se acaban, todavía están activos o se fueron a otro lugar.




Sin contar Iraq o Afganistán, el accionar terrorista de Al Qaeda está en plena expansión.

Figuras tomadas del trabajo citado.

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9 oct. 2008

¿Podría regresar la subversión? Por Silvio Rendon

[Por encontrarme de viaje, sin mis materiales a la mano, interrumpiré la serie de posts sobre el Perú prevelasquista. Aprovecharé para acabar algunos borradores de posts comenzados hace algún tiempo, en la medida en que el tiempo me lo permita.]

En La CIA, García y la contrainsurgencia en el Perú comentaba la tesis de Máster de Russell W. Switzer, Jr. de mayo de 2007 en la Louisiana State University:
SENDERO LUMINOSO AND PERUVIAN COUNTERINSURGENCY
Algo que se me quedó en el teclado de comentar sobre esta tesis fue la parte final, cuando Switzer evalúa cuán posible sería un retorno de la subversión al Perú.

A comienzos de año hubo diversas voces que advirtieron sobre una posible vuelta de la violencia a nuestro país. El ejército y cierta prensa advirió intensamente sobre rebrotes terroristas. Desde las izquierdas, y hoy ya no sólo desde esos sectores, se habló de polarización social a partir de un patrón de crecimiento sesgado, con poca redistribución interna. Algunos comentaristas como Rafael León o César Hildebrandt expresaron que dados los rasgos de nuestra economía y sociedad no debería llamarnos a la sorpresa que nos salgan "tumores" como Sendero Luminoso.

Switzer ve el asunto de esta manera:
Según la actual doctrina del ejército americano, hay tres prerequisitos básicos para el surgimiento de una insurgencia (1) una población vulnerable que tiene esperanza de un cambio, (2) liderazgo, y (3) falta de control gubernamental. Todas estas condiciones existían en el Perú y permitieron el surgimiento de Sendero Luminoso.
p. 5 [United States, Department of the Army, Field Manual No. 90-8 Counterguerrilla Operations, p. 1-2.]
El autor califica a Sendero Luminoso como "uno de los grupos insurgentes más exitosos del hemisferio occidental". El grupo ganó control de porciones sustanciales del Perú a través de la insurgencia violenta.
Los campesinos de las alturas andinas han vivido por siglos en la pobreza. Aún así, ellos nunca se rebelaron [revolted] contra el gobierno. Esta gente [These people] aceptaron su forma de vida y simplemente se dedicaron a sobrevivir [went about their business to survive]. Ellos fueron llanamente ignorados por los sucesivos gobiernos del Perú. Sin embargo, el golpe de Velasco en 1968 y la subsecuente reforma agraria les dio el primer chispazo de esperanza en su mente. El gobierno les prometió atender sus necesidades y cuando el gobierno fracasó en cumplir, los campesinos se volvieron susceptibles a la influencia de Sendero.
Esta es la visión largo-tiempo-el-peruano-oprimido del campesinado peruano. No es cierto que los campesinos nunca se hubiera rebelado contra los sucesivos gobiernos peruanos. Los chispazos de esperanza vinieron desde antes por la propia acción campesina.

Switzer resalta el papel del líder en los movimientos insurgentes.
Guzmán tuvo una visión de una sociedad utópica autosuficiente para el Perú, creía que sólo él podía conducir al Perú a ese objetivo y que sólo a través de la guerra popular podría lograrlo. La visión de Guzmán convirtió a un grupo de estudiantes y campesinos en una de las más letales organizaciones terroristas en el mundo. Fue capaz de motivar a este grupo a renunciar a lo poco que tenían, vivir voluntariamente en condiciones duras, en algunos casos a aprender un nuevo lenguaje, todo para crear un vínculo con la gente que proclamaba que estaba ayudando. Guzmán proveyó de dirección a Sendero, conduciéndolo personalmente de ser una banda de vándalos no capacitados que llevaban hondas a ser una fuerza guerrillera eficiente y bien entrenada. Igualmente significativo fue el hecho que una vez que Guzmán fuera capturado Sendero declinó rápidamente hasta ser una fuerza casi insignificante. El liderazgo de Guzmán fue Sendero Luminoso y sin él Sendero Luminoso dejó de existir.
El autor cuenta que los gobiernos peruanos ignoraron la sierra, con la excepción del gobierno de Velasco. Este espacio dejado le permitió a Guzmán organizar a Sendero.

Hoy los campesinos todavía quieren cambio, pero a pesar de los esfuerzos gubernamentales el gobierno simplemente no tiene los recursos para atender a todas las necesidades en forma oportuna. Existen en estos momentos las condiciones para una movilización campesina, pero no en la medida en que había en 1980.

Los líderes como Guzmán, dice Switzer, no surgen con mucha frecuencia. Fue un líder que pudo imponer su voluntad en la gente de manera que hiciera cosas que, vistas desde afuera, parecen raras o ilógicas. "¿Existe ya el siguiente Guzmán en las alturas andinas?" pregunta Switzer. Y contesta que es improbable, pero esa es una pregunta que sólo se puede responder si Sendero reaparece una vez más como una seria amenaza contra el gobierno.

Como resultado de la insurgencia senderista, el estado tiene hoy presencia en todo el país. No está en condiciones de atender las necesidades de cambio de la gente, pero sí está en contacto con ella y puede expresarle preocupación con sus demandas. Las fuerza policiales, alguna vez las peores de América Latina, hoy es funcional. Los militares mejoraron en gran medida su respeto por los derechos humanos y muchas organizaciones de ayuda operan hoy en el Perú, indica el autor.

En suma, concluye, no hay las condiciones para una insurgencia como las que existían antes de 1980. El gobierno atiende las necesidades y está en contacto con la población. Los militares tratan mejor a la gente, que ve sus condiciones de vida mejorar lentamente. La única variable incógnita es el liderazgo. ¿Anda por ahí el siguiente Abimael Guzmán?

El autor señala que la campaña de contrainsurgencia en el Perú fue exitosa. El método del gobierno fue brutal por momentos con violencia aleatoria contra la gente como contra los insurgentes. Pero así, restingiendo los derechos civiles, atacando a la dirección y con operaciones de contra-guerrilla el gobierno derrotó a Sendero Luminoso. Estas restricciones son toques de queda, controles, revisiones, etc. Cuanto más restricciones se pongan, más rápido cae la insurgencia. Sin embargo, estas restricciones son incómodas para la población por lo que hay un "punto de quiebre", que es cuando la gente hastiada de estas restriciones prefiere pasarse a la insurgencia. En países pobres en que la gente ya está acostumbrada a las condiciones duras y a no gozar de libertades.
Por ejemplo, la gente en los Estados Unidos se queja sobre restricciones leves a sus viajes aéreos, mientras que los peruanos aguantaron restricciones casi totales sobre movimento, derecho de reunión, derecho al justo proceso, e incluso al derecho de vivir donde querían, y muchos sin quejarse.
El segundo factor en la derota de Sendero fue el trabajo de desarrollar información de inteligencia y apuntar a la cabeza de Sendero.
Los militares y la policía usaron también la tortura y la violencia para obtener información sobre los líderes de Sendero, especialmente durante el gobierno de Belaúnde. Se puede decir sin duda que un gran porcentaje de senderistas capturados fueron torturados durante los interrogatorios. Esos métodos duros produjeron resultados, conduciendo a la captura de otros líderes rebeldes, fue indudablemente mucha gente inocente fue perseguida equivocadamente.
El autor continúa describiendo cómo Sendero Luminoso fue derrotado. El ejército con la campaña antiguerrillera contribuyó a la derrota de Sendero. La "guerra sucia" puesta en marcha por Belaúnde en 1982 fue un esfuerzo violento y descontrolado. El ejército no estaba preparado para combatir a una guerrilla, sino una guerra convencional contra los ejércitos de los países vecinos. Al ejército le tomaron tres años desarrollar técnicas anti-guerrilleras más efectivas.

Sendero nunca llegó a la fase 3 de la guerrilla, salvo un par de veces en el valle del Alto Huallaga. El resto de las veces Sendero estuvo entre la fase 1 y la fase 2. La mayoría de campesinos para nada compartía la visión de Guzmán. Inicialmente apoyaron a Sendero porque éste les daba servicios que el estado nunca les dio. Cuando Sendero les dejó de dar esos servicios, la gente dejó de apoyarlos. "La gente quería beneficios como agua potable, electricidad confiable, y ayuda para cultivar sus sembríos, no la guerra popular".

La falta de apoyo externo también detuvo a Sendero. La mayoría de insurgencias cuenta con algún tipo de apoyo exterior. Sendero eligió intencionalmente el rechazo a la ayuda externa. Sólo cuando el movimiento estaba de baja sus líderes comenzaron a soltar su mensaje fuera del país en un futil intento de ganarle apoyo.

Según Switzer, Sendero Luminoso no se adhirió estrictamente a la doctrina de Mao, quien indicó que para que triunfen las guerrillas, éstas tienen que trabajar/funcionar con el pueblo. Si hubieran hecho eso, la gente los hubiera seguido apoyando. Pero Sendero dejó de "trabajar con la gente" una vez que el gobierno envió fuerzas militares a que luchen contra él. Sendero Luminoso destruyó todo lo que no sea Sendero. El grupo dejó de asistir a los campesinos y más bien los coercionó y amenazó, resultado de lo cual el apoyo se les terminó. "Como dice Mao, las guerrillas derivan su existencia y apoyo del pueblo y deben intentar atender las necesidades del pueblo, sino la insurgencia fracasa".

Comentario: Un par:
  1. Switzer tiene una imagen de un campesino y en general del pueblo peruano pasivo, agachado, que no se queja. No es difícil refutar esta imagen documentando las diversas protestas campesinas del siglo XX, en particular a fines de los cincuentas y sesentas. Velasco fue consecuencia, no causa de la movilización campesina.
  2. Se debe analizar a la estrategia contrainsurgente peruana como un proceso de aprendizaje. El Perú tuvo su propio proceso de "comer sopa con un cuchillo" (ver aquí, sobre el aprendizaje inglés en Malasia y el no aprendizaje americano en Vietnam). En todos los procesos insurgentes-contrainsurgentes se da un aprendizaje. Gana el bando más flexible y que pueda adaptarse mejor a las nuevas condiciones de guerra. Pierde el bando que se estanca.
  3. Un corolario de esta conclusión es que no se puede disociar fácilmente las cosas como a veces se hace: "Lo que derrotó a Sendero no fue la violencia, sino el trabajo de inteligencia". Ese punto de vista fragmenta los términos de una guerra. Es como decir que el gol sólo lo metió el delantero que metió la bola en el arco y no el equipo que sacó la bola de atrás y le dio el pase. Las insurgencias no han sido derrotadas solamente con GEINs. El "trabajo sucio" siempre ha sido parte de la guerra contrainsurgente.
  4. A pesar de las mejoras en la atención del gobierno de las necesidades ciudadanas, sigue habiendo el factor 1 y 3: una población vulnerable con esperanzas de cambio y falta de control gubernamental. "El catalizador que falta es otro líder como Abimael Guzmán". Es algo que decía Trotsky usualmente, que las condiciones estaban ahí y lo que faltaba era la vanguardia.
El trabajo da algunas pautas, pero no discute el tema más a fondo. La experiencia insurgente-contrainsurgente involucró a una buena parte de la población peruana. Es cierto que en el VRAE quedan todavía núcleos senderistas en acción, pero que definitivamente no tienen la gravitación que tuvo Sendero Luminoso en los ochentas. Se habló también de un resurgimiento del MRTA a través de la CCB, sin mayores expresiones públicas que corroboraran tal preocupación. Lo que sí hubo fue una rebelión militar encabezada por los hermanos Ollanta y Antauro Humala, en Locumba el 1 de octubre de 2000 y otra en Andahuáylas, más mediática, encabezada por Antauro Humala el 1 de enero de 2005. En 2006 Ollanta Humala obtuvo un tercio de los votos.

La exclusión en el país continúa y fuerte. Incluso abarca a más gente. Los mismos soldados y policías, veteranos de guerra que combatieron a Sendero Luminoso y el MRTA, salieron a manifestarse hace algunos meses por temas salariales y de pensiones. Los gobiernos de esta década en años de crecimiento no han sabido redistribuir, creando un gran descontento en el país. El departamento de mayor crecimiento y supuesto pleno empleo, Ica, no ha podido ser reconstruído.

Hoy se ve que además de la incapacidad y el desinterés gubernamental era la corrupción, la megacorrupción, la que impedía cualquier recanalización eficiente de fondos a las zonas más pobres del país. Es un hecho grave, que acaba por acorralar a un presidente amurallado que gobierna ostensiblemente para una minoría amurallada.

Contrariamente a lo que piensa Switzer considero que el Perú lleva ya un buen tiempo teniendo una sobreoferta de líderes, de todo tipo. En insurgencia, a Sendero Luminoso, de orientación maoísta, le salió la competencia del MRTA, de orientación castrista. En los sesentas una vez capturado Hugo Blanco, de orientación trotskista, De la Puente, de orientación castrista, lanzó diversas guerrillas en el país. En partidos electorales tenemos liderazgos por todos lados. Ese Abimael Guzmán que hoy Switzer considera un gran líder, era un líder más entre tantos que había en las izquierdas. Usando una analogía de la economía, se trató de un líder con "economías de escala" por lo cual convirtió en un "monopolio natural". Es decir, tuvo un talento que los otros no tenían. Sin embargo, esto sería una reflexión ex post, jugando con la ventaja de haber visto el final de la película.

Aparte de lo que podamos especular en base a la historia peruana reciente, lo real es que no se ve ninguna señal insurgente por ese lado. Más realistas, cercanos y frecuentes en la historia peruana han sido los golpes de estado. Podríamos generar un indicador de riesgo de golpe de estado; de seguro que, dadas las recientes revelacionies de corrupción, estaría a un nivel más alto que un indicador de riesgo de rebrote insurgente.



¿Sigue el Perú incubando su propia subversión?

Según un especialista en contrainsurgencia, no hay liderazgo.

Imagen tomada de "El asesino de la ilusión", video de Leusemia.


Actualización: Emboscada en Tintay Puncu, Tayacaja con una veintena de personas muertas. Sendero Luminoso contrataca así al "Plan de Operaciones Excelencia", aquí y aquí, destinado a acabar con el grupo subversivo. Fue después de la negativa de Sendero Luminoso a deponer las armas y de su planteamiento de una solución política, aquí y aquí y aquí.

Estos enfrentamientos recuerdan mucho a las guerrillas de 1965, por la zona y por la forma de operar, columnas que atacan y se repliegan. La diferencia con 1965 parece ser su conocimiento de la zona y su aparente integración con la economía cocalera. En Yahuarina en 1965 murieron nueve policías en una emboscada del MIR; en Tukuy Puncu en 2008 murieron doce militares y siete civiles en una emboscada de Sendero Luminoso, facción Artemio. Es la fase 1 de la insurgencia.



Tintay Puncu: lugar de la reciente emboscada senderista.

Imagen tomada de aquí

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6 oct. 2008

1958: La protesta contra Nixon Por Silvio Rendon

La protesta contra la visita de Nixon fue el 8 de mayo de 1958 fue una gran noticia en el Perú como en el mundo. El vice-presidente americano no pudo hablar en la Universidad de San Marcos en el Parque Universitario de Lima. Le tiraron piedras; una le rozó el cuello. Le escupieron en la cara al regresar al Hotel Bolívar. Nixon estuvo tranquilo hasta que se enteró que los estudiantes retacearon una bandera americana. Posteriormente, el vice-presidente visitó la Universidad Católica donde fue bien recibido.

Hace poco, el ex-ministro Vásquez Bazán en este post recordaba y celebraba ese hecho ocurrido hace 50 años:
Nixon y su comitiva se alojaron en veinte suites del −en ese tiempo lujoso− Gran Hotel Bolívar, donde recibió las primeras muestras del rechazo popular a su presencia en el Perú. La protesta continuó la noche del miércoles 7, cuando Nixon llegó al banquete en su honor ofrecido por la legación norteamericana. Miles de manifestantes reunidos frente al local de la Embajada le gritaron incansablemente de todo, primando entre los insultos el "Muera Nixon" y el tradicional "Nixon Go Home".

Al día siguiente, jueves 8 de mayo, a las 9 horas, el vicepresidente norteamericano inició sus actividades colocando una ofrenda floral en la base del monumento al Libertador José de San Martín, en la plaza del mismo nombre, frente al Hotel Bolívar. El arreglo floral presentaba entrelazadas las banderas peruana y estadounidense.

Luego del homenaje al Libertador del Perú, el vicepresidente de Eisenhower abordó un vistoso Ford Edsel y se dirigió presto a visitar la Universidad de San Marcos, cuya Federación de Estudiantes (FUSM) lo había declarado persona non grata, mediante una declaración fechada tres días antes, el 5 de mayo. Montado en su convertible blanco, premonitariamente, Nixon comenzó a ser destinatario de decenas de huevos de gallina clueca, arrojados por la multitud congregada en la avenida Nicolás de Piérola. (Tiempo después, Nixon afirmaría que los huevos fueron arrojados contra el Ford Edsel, no contra él.)

Cumplido el corto trayecto a San Marcos, el vicepresidente Nixon descendió del convertible en el Parque Universitario, en medio de una multitud hostil, estimada en dos mil personas, que repetían "¡Nixon Go Home!", "Muera Nixon" y "¡Víbora Go Home!". Había entre los manifestantes gente de filiación política diversa, entre los que destacaban socialistas como Gustavo Valcárcel, apristas como el joven dirigente universitario Alfonso Barrantes Lingán, trotskistas e independientes.

Estudiantes premunidos de piedras y altisonantes pitos también abrumaron al sorprendido Dick Nixon, impidiéndole el acceso al claustro universitario, cuya puerta había sido cerrada desde el interior. Fue aquí que un guijarro rozó el cuello del ilustre visitante y otra piedra le rompió un diente a mister John T. Sherwood, jefe del destacamento de doce miembros del Servicio Secreto USA encargado de la custodia de Nixon.

Frustrado en su intento de discursear en San Marcos, Nixon se vio obligado a retirarse, regresando a la suite presidencial del Gran Hotel Bolívar. Tuvo la mala suerte de ser seguido por una imponente marcha de sanmarquinos en medio de una gritería abrumadora. Un grupo de ellos destruyó la bandera estadounidense que formaba parte de la ofrenda floral colocada por Nixon en el monumento a San Martín. Otro grupo arrojó basura al futuro presidente de Yanquilandia, en tanto que un manifestante afectado de bronquitis asmatiforme, procedió a aplicarle en la mejilla un suculento, verduzco, sonoro y temperado gargajo.

La protesta sanmarquina contra Nixon fue en realidad una manifestación de rechazo a la política exterior de Yanquilandia, que pregonaba democracia pero se entendía −y muy bien− con dictadores como Odría, Pérez Jiménez, Trujillo, Somoza, Rojas Pinilla, Stroessner y Batista, a quienes proporcionaba apoyo económico, político y militar. En el caso del Perú, Eisenhower tuvo la ligereza adicional de condecorar al dictador Odría.

El rechazo a Nixon también fue una expresión crítica frente al golpe militar organizado por la CIA en contra del gobierno democrático de Jacobo Arbenz en Guatemala. Arbenz había intentado aplicar una reforma agraria que perjudicaba los intereses de la empresa imperialista United Fruit Company.

Finalmente, no puede dejar de mencionarse el rechazo de los estudiantes a (1) la actitud del gobierno norteamericano de no reconocer la soberanía del Perú sobre las doscientas millas de mar territorial; (2) la intención del régimen de Eisenhower de aplicar impuestos de importación a productos peruanos como el plomo y el zinc; (3) la oposición norteamericana a la creación del mercado común de América Latina; y (4) el sospechado uso de la gira por Nixon, en apoyo a sus ambiciones presidenciales en las próximas elecciones estadounidenses de 1960 (en las que sería derrotado por John F. Kennedy).
Se trató pues de una manifestación anti-imperialista. De hecho fue un punto de viraje, pues marca el inicio una nueva radicalización de sectores de izquierdas en el país.

Esta es la versión que ha quedado sobre la visita de Nixon al Perú. Sin embargo, hay un par cosas interesantes a señalar sobre este hecho. La primera es la versión del propio Richard Nixon, como consta en su obituario del New York Times:
But in Peru crowds of students and others had been worked into an anti-Yankee, anti-Nixon frenzy by speakers and signs.

'Are You Afraid Of the Truth?'

When a rock thrown from a crowd in Lima grazed the Vice President's neck and hit a Secret Service agent in the teeth, Mr. Nixon shook his fist at the crowd and asked, "Are you afraid to talk to me? Are you afraid of the truth?" He leapt onto the trunk of his car shouting: "Cowards! Are you afraid of the truth?"

In a later confrontation someone spat in his face. "I felt an almost uncontrollable urge to tear the face in front of me to pieces," he wrote later. "I at least had the satisfaction of planting a healthy kick on his shins. Nothing I did all day made me feel better."

Such confrontations paid off in public acclaim. On his return to the United States, he was greeted by cheering crowds as a conquering hero.

THE 37TH PRESIDENT; In Three Decades, Nixon Tasted Crisis and Defeat, Victory, Ruin and Revival
Es decir, Nixon increpó a la turba que lo apedreaba "¡Cobardes! ¿Tienen miedo a la verdad?", lo cual le valió ser recibido como un héroe as su regreso a los Estados Unidos (Una versión crítica a la visita de Nixon al Perú la dio el New York Times en tiempo real, aquí). Nixon quedó como una persona altiva y nada amilanada por la turba, en condiciones de clara desventaja.

El segundo asunto es el tema de las cuotas de plomo y zinc. En [1, p. 286] se comenta que el 7 de mayo de 1958 en la Universidad de San Marcos el tema de las cuotas al plomo y al zinc como la venta de excedentes agrícolas estaban en la boca de todo el mundo [on everyone's lips]. La Federación Universitaria de San Marcos hacía un pronunciamiento donde (1) ratificaba su caracter anti-imperialista, pero reconocía las virtudes democráticas de los estudiantes y el pueblo norteamericano, (2) declaraba persona no grata a Nixon y (3) que la visita de Nixon a San Marcos no fue autorizada por ninguna organización estudiantil.

Pues bien, en [2, p. 30-31] se complementa este asunto con una versión muy creíble. En esta fuente se comenta sobre el núcleo político trotskista que operaba en Lima.
EL ASUNTO NIXON

El trust de cerebros volvió a Lima. Aquí, el binomio Luis-Boggio no había perdido el tiempo. Preparaba la "Recepción a Nixon".

Corría el mes de abril de 1958. Al comienzo se pensaba que el "agasajo" estaría de acuerdo a las estrechísimas posibilidades de la organización. No podían aspirar más que a sacar unos cuantos miles de volantes y aprovechar la coyuntura para constituir un Frente Anti-Imperialista con el Partido Comunista, el Movimiento Social Progresista y alguno que otro grupo político. Fue entonces que apareció Boggio Allende y anunció en medio de grandes misterios que había los medios económicos suficientes para impulsar la campaña anti-Nixon.

¿De dónde y por qué había de repente ese dinero?

La demanda y las cotizaciones de plomo y zinc habían estado bajando. Surgieron roces entre mineros peruanos y los demas sectores económicos. Como Nixon hacía su visita en calidad de Vice Presidente de los Estados Unidos y futuro candidato a la Presidencia de su país, los mineros (Proaño, Samamé, etc.) quisieron impresionar al visitante mostrándole un artificial descontento del público. Su meta de fondo sera negociar con la Administración Eisenhower y lograr mejores cotizaciones. O lograr, por lo menos, el permiso para comerciar con otros países y establecer una refinería en el Perú. El Presidente Prado permitió incluso que los mineros movieran "algunas masas"; por eso no ofreció una escolta policial numerosa a Nixon. Los mineros se valieron de intermediarios como Boggio, al que dieron considerables sumas de dinero, para movilizar a los partidos de izquierda.

Los hombres del POR se pusieron a trabajar noche y día. Lograron estructurar el Frente Anti-Imperialista con el PCP, el MSP, el POR(T) de Lorca y la FUSM. Los socialistas y los belaundistas se negaron a integrar el bloque.

No obstante que el dinero en manos de Boggio era para hacer un mitin relativamente pequeño e inofensivo, y para distribuir cientos de miles de volantes alusivos a la crisis en los precios de los minerales, los jefes del Frente Anti-Imperialista lanzaron sus propias consignas. Boggio compró todo lo necesario: cartones, madera, telas, pinturas, silbatos. Entregó una suma X a Luis y éste pagó toda la propaganda impresa y daba a su gente lo necesario para la movilidad. Los mineros incluso llegaron a dar a Boggio un bosquejo del contenido de los volantes. El bosquejo quedó en el tacho.

Así las cosas, se pintó cartelones de "¡FUERA NIXON! ¡MUERA EL IMPERIALISMO YANQUI! ¡MUERA EL VIRREY!" En el local del MSP Luis hizo los textos de la propaganda impresa a nombre dle Frente. Todas las organizaciones que integraban el bloque dieron su aprobación. Cantidad de los volantes: 50,000. Otros: 20,000 se imprimieron aparte, con los fondos del POR. Se planifició la recepción en el Aeropuerto, Plaza San Martín y Universidad de San Marcos.

Pese a que el mitin se realizó en horas de trabajo, la concurrencia en las calles fue extraordinaria. Y en medio de esa curiosidad colectiva emergió el vituperio y el ultraje. Nixon tampoco pudo ingresar a la Cuatricentenaria Casa Sanmarquina. Los luctuosos sucesos despertaron el temor y el resentimiento de los mineros, quienes a través de los periódicos y estaciones de radio, pidieron a gritos una fuerte represión contra los culpables. Esa misma noche una redada policial puso entre rejas a una crecida cantidad de extremistas. Incluso el Ministerio de Gobierno emitió una Resolución reprobando lo ocurrido y anunciando drácticas sanciones.

DE UN REFUGIO A OTRO

Miembros del FBI y la PIP irrumpieron en la casa de Zevallos, a eso de la una de la madrugada. Al único que sorprendieron allí fue a Hugo Blanco, al que interrogaron (...)
Es decir, lo que ocurrió con Nixon fue en realidad una emboscada en que algunos empresarios mineros en complicidad con el gobierno de Prado quisieron impresionar a Nixon y negociar temas de negocios con el gobierno de Eisenhower. Los izquierdistas, sin embargo, desbordaron los términos que les habían determinado y fueron responsabilizados y perseguidos por la protesta...

Bibliografía

[1] Bunker, Rod. 1969. "Linkages and the Foreign Policy of Peru, 1958-1966." The Western Political Quarterly, Vol. 22, No. 2 (Jun., 1969), pp. 280-297.

[2] Añi Castillo, Gonzalo. 1967. "Historia secreta de las guerrillas". Ediciones Más Allá, Lima, Perú.



Sonada visita de Nixon al Perú presentada como un complot comunista

1. Nixon la capitalizó políticamente en los Estados Unidos.

2. Fue una protesta financiada por empresarios mineros, que filtraron dinero a sectores de izquierda que organizaron la manifestación y posteriormente fueron perseguidos debido a ella. El mismo proamericano Manuel Prado habría proporcionado a Nixon una escolta poco numerosa...

Imagen tomada de aquí

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2 oct. 2008

1967: Perú-EEUU, la crisis de los Mirages 2 Por Silvio Rendon

(Continúa de aquí)

Además de la prensa el congreso americano reaccionó duramente contra el acuerdo franco-peruano. EEUU estaba en problemas en Vietnam. La compra de Mirages le complicaba el panorama en una región que consideraba su área de influencia.

La prensa peruana reaccionó también con dureza ante los pronunciamientos congresales y mediáticos americanos. El presidente Belaúnde justificó enérgicamente el acuerdo con Francia (El Comercio 8 y 10 de octubre de 1967). Las fuerzas armadas peruanas debían estar "listas para cualquier emergencia". Los Mirages no sólo servían para defender el territorio, sino a la identidad y el honor del Perú. Mientras Chile amenazaba al primero, los EEUU atentaban contra los segundos.

Los Mirages se convirtieron en el símbolo de la resistencia a la hegemonía americana en el Perú, que contó con el apoyo brasileño y argentino, países que también querían diversificar sus proveedores de armas y romper el monopolio americano. La Argentina anunció el "Plan Europa" que le permitiría fabricar sus propias armas con apoyo europeo.

Tratando de evitar una pérdida de influencia en la región el Departamento de Estado puso en acción el "plan b", ofreciendo los F-5 al Perú. El tema era convencer al congreso americano, hastiado de la guerra de Vietnam. Covey T. Oliver, Secretario de Estado Asistente para asuntos inter-americanos justificó la venta de F-5 al Perú. Belaúnde, demócrata amigo de los EEUU, estaba siendo presionado por los militares peruanos en medio de una situación económica difícil después de la devaluación de septiembre de 1967. Lejos de fomentar el armamentismo en la región, que iba a armarse de todas maneras, se iba a reforzar la democracia y el mantenimiento de las buenas relaciones con los EEUU.
La situación económica en el Perú se va a deteriorar rápidamente. El gobierno constitucional estará en peligro. La Alianza estará en peligro. Y a nosotros se nos echará la culpa.
Sin embargo, Oliver no pudo convencer a los senadores del sub-comité latinoamericano.

A pesar del rechazo congresal, el presidente Johnson estaba dispuesto a dar los F-5 al Perú sin el congreso. El 17 de octubre Johnson instruyó al embajador Jones a reabrir las negociaciones con el GOP (Government of Peru) por un préstamo de 40 millones de dólares para la compra de F-5. La aprobación final estaba condicionada a que los peruanos no compren los Mirages. La oferta estaba pensada para poner presión sobre los peruanos, pero también señalando la intención del gobierno americano de "ayudar al Perú" y a su esfuerzo de exculparse (sic). Si el congreso imponía sanciones al Perú, al menos la Casa Blanca habría probado su buena voluntad.

El 19 de octubre el gobierno informó sobre este esquema a la prensa, que reaccionó virulentamente en contra. Lo tomó como una rendición y una cesión ante un chantaje. Diversos congresistas americanos reaccionaron en forma similar, proponiendo sanciones al Perú.

Ante la ruptura del monopolio americano por los franceses, los aliados de EEUU comenzaron a expresar a ese país su deseo de entrar también en el mercado latinoamericano. La prensa inglesa planteaba abiertamente el tema del veto americano. En cambio la prensa francesa, Le Monde, a la vez que criticaba la decisión del gobierno francés de vender Mirages al Perú, rechazaba la hipocresía de los EEUU, ya que la razón real de su oposición no era evitar el armamentismo en la región latinoamericana sino evitar que su industria bélica perdiera el monopolio.

Mientras tanto, Lima le daba señales contradictorias a Washington. Mientras Belaúnde les decía que el acuerdo con los franceses no se cancelaba, el general Julio Doig Sánchez, Ministro de Guerra, le decía que todavía había espacio para resolver el asunto F-5/Mirages.

El Departamento de Estado diseñó dos planes. Uno era compensar al Perú por cancelar el acuerdo con los francese, otro era que el Perú revenda los aviones a un tercer país, con EEUU ayudando a buscar ese comprador. El primer acuerdo era mejor que el segundo, pues no requería el visto bueno de los franceses. EEUU envió al Perú al general Andrew P. O'Meara y a William G. Bowdler del National Security Council para negociar el tema.

Sin embargo, el asunto quedó ahí y no se llegó a un acuerdo. El tema quedó suspendido en los primeros meses de 1968 con los EEUU ocupados con la ofensiva del Tet en Vietnam. Es en esos momentos que en EEUU pasan la Enmienda Conte-Long que suspende la ayuda económica a los países que la reciben y compran con su propio dinero armas sofisticadas. Con este instrumento, el gobierno americano anuncia el 16 de mayo de 1968 la suspención de toda ayuda económica al Perú. Retienen 37.5 millones de dólares para diversos programas y proyectos. Johnson toma esta medida para evitar la crítica del congreso de seguir ayudando a un país que desvía la ayuda hacia la compra de armas.

La reacción en el Peru fue de total oposición, tanto del ejecutivo, como del congreso, El Comercio, el Colegio de Abogados, el Colegio de Ingenieros rechazaron el corte de ayuda americano y en particular el Colegio de Ingenieros llamó a recuperar la Brea y Pariñas en poder de la IPC. En la región hubo diversas expresiones de solidaridad con el Perú. En una conferencia militar internacional los comandantes de Uruguay, Brasil, Chile (!) y Bolivia se pronunciaron porque cada país pueda comprar los aviones que crea convenientes para su defensa sin ninguna coerción de ningún otro estado. Desde la academia americana también hubo pronunciamientos. El profesor de historia Frederikck B. Pike de Notre Dame criticó las sanciones al Perú, como un gran error de la política americana.

Johnson no se esperó tal reacción e instruyó a su embajador en Lima a anunciar que no era que los préstamos de desarrollo se habían cortado; simplemente no se habían hecho. Intentos que para nada apaciguaron al Perú.

Con todo esto los Mirages se convirtieron en sinónimo de la soberanía peruana. "Los Mirages son los aviones del pueblo del Perú", diría el general FAP José Gagliardi Schiaffino. El Comercio dedicaría un especial a la guerra de los seis días que tuvieron a los Mirages como gran protagonista. Los pilotos peruanos se fueron entrenando en Francia preparando la presentación al público de los aviones. El Comercio mostró los aviones con los colores rojo y blanco y renombrados 5P con P de Perú. El 28 de julio de 1968 Lima vería a los aviones supersónicos volando por sus cielos. Los Mirages eran el nuevo símbolo patrio.

Los franceses también celebraríany lo tomarían como un paso para acercarse a Latinoamérica (concepto, dicho sea de paso, inventado por ellos por oposición a Iberoamérica) también en otras esferas como la cultural. El ensayista Eric Deschodt diría que en el Perú se entiende mejor a Jean-Paul Sartre cuando las fuerzas armadas peruanas cuentan con Mirages. Francia no podía ni quería desplazar a EEUU como potencia en la región, pero sí quería romper la política de bloques y afirmar su grandeur. Y tampoco es que a De Gaulle le ligara mucho la jugada. En mayo de 1968 los estudiantes y la crisis económica lo hicieron tambalear y tuvo que pedir ayuda económica a los EEUU, hasta que en abril de 1969 se vio forzado a renunciar.

En el Perú los ánimos con los EEUU estaban pues muy calientes. El asunto de los Mirages definitivamente contribuyó al golpe del 3 de octubre y al radical viraje político de los militares peruanos. En 1969 el Perú rompía toda relación militar con los EEUU.

También llevó a que la región diversificara sus fuentes de armamentos: franceses, israelíes, soviéticos. Un claro ejemplo de un monopolio mantenido artificialmente con barreras de entrada al mercado de tipo político. La pretensión americana era insostenible, anti-económica, anti-política, anti-peruana. Una gran metida de pata.



Mirages, pero más recientes.

De Francia al Perú.

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