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15 feb. 2008

La agenda de la próxima dictadura Por Silvio Rendon


Fujimori no dio el golpe para "salvar al país del terrorismo". Para algunos pocos estuvo claro desde el comienzo, a estas alturas no cabe duda alguna, que el golpe no tuvo nada que ver con lo que se dijo. Más aún, la revista Caretas ha denunciado algo muy grave hace dos semanas:


Fujimorato frenó la captura de Abimael Guzmán en diciembre de 1990. Operativo hubiera imposibilitado proyecto autoritario.

La Traición
Muy bien. Si el golpe no fue para eso (1), ¿para qué fue? Tal vez algunos piensen que se debió a la vocación autoritaria de Fujimori, Montesinos y Hermoza. La historia entonces sería muy simple. El mismo término "mafia", utilizado por algunos políticos opositores para referirse al gobierno de Fujimori y su circulo de corrupción y de desprestigio de sus adversarios políticos, refuerza esa idea. Como si no hubiera más intereses de por medio.

No. La pregunta que habría que hacerse es ¿qué se hizo con el golpe que no se hubiera podido hacer sin él?

Y aquí tenemos algunas respuestas:
  1. Las privatizaciones.
  2. La reforma previsional (creación de AFPs)
  3. La reforma laboral.
Difícilmente el consenso político de 1992 expresado en el congreso hubiera permitido aprobar cualquiera de estas reformas, que habrían contado con una fuerte oposición de diversos sectores. Con la excusa del terrorismo Fujimori y sus seguidores rompieron el sistema político democrático, eliminaron a la oposición y pasaron los cambios, con el apoyo de quienes ahora le dan la espalda. Hoy todavía hay quienes apoyan los cambios que se produjeron gracias al golpe, pero supuestamente no el golpe en sí, como si fueran dos conceptos desligados.

Con la vuelta de la democracia la cosa fue más difícil. Un cambio que pasaron en base a un consenso multipartidario fue el de la cédula viva (Otro podría ser el TLC para el cual sí hubo un consenso y una débil oposición). Por un momento pareció que la democracia podía encargarse de "las reformas de segunda generación" de Washington D.C. Pronto se verían los límites de la misma. Mencionemos cuatro casos:
  1. Las mineras encuentran la oposición de la población campesina. Majaz y Tambo Grande. Les proponen "minería limpia", pero no les creen. A laf población le suena como una mecida más.
  2. Fracasa la privatización de Egasa en Arequipa. La población rechaza la medida.
  3. Se da ley de promoción del turismo en zonas arqueológicas. La población cusqueña rechaza la medida.
  4. Se fija el tercio superior como requisito de contratación de los maestros en las escuelas públicas. El sindicato de maestros, el SUTEP, rechaza la medida. Las autoridades de diversas regiones se suman al rechazo.
En todos estos casos estamos antes medidas que podrían tener sentido (si la minería en verdad fuera limpia, si la privatización fuera transparente y beneficiara a la población, si la promoción del turismo fuera compatible con el cuidado de los monumentos arqueológicos, si la selección de maestros fuera consensualmente justa). El tema es que la experiencia a la población (2) le ha demostrado que no es así, que siempre hay gato encerrado, que hay intereses prebendarios de por medio que finalmente acaban por depredar los recursos, que la población más pobre se beneficia poco, si algo, de estos cambios. Por eso se oponen y no habrá persuasión que los haga salir de esa cerrada oposición. El gobierno ha fracasado en crear un consenso sobre estas medidas. Rotundamente.

Un caso particular es el de la educación. Si hay muchos más maestros que plazas la realidad es que hay profesionales que no podrán dedicarse a la docencia no importa cuál sea el criterio de selección. Sin embargo, introducir el cambio repentino de negarles un trabajo desde el saque a dos tercios inferiores de los profesionales es políticamente inviable, como lo estamos viendo. Este tipo de selección parece haber tenido como objetivo ahorrarse, o facilitarse sustancialmente, la selección posterior a través de un examen. Si bien el examen contó también con el rechazo del sindicato de maestros, ya había habido examen en un par de ocasiones y con todas sus dificultades contaba con un consenso mayor que el tercio superior. Si el gobierno pensó que con el tercio superior se aliviaba los rigores de tener que convencer a la sociedad de la necesidad de un examen, se equivocó. La fortaleza del sindicato de maestros, el SUTEP, y el consenso que tiene detrás suyo, goza de buena salud. Si se quiere mejorar la calidad de los maestros tendría que haber un consenso al menos similar. Y no lo hay. Los padres de familia quieren una mejor educación para sus hijos, pero no se han movilizado socialmente como lo han hecho los maestros.

A esto se suma la paradoja que el estado peruano en relación a los maestros es su potencial empleador, y a la vez su proveedor de educación. Tiene una doble responsabilidad. Si la selección va a ser desde los centros de formación de los maestros, bien podrían hacerla ya en la admisión a estos centros. Bien podrían seguir un proceso de ajuste paulatino entre el número de profesionales y de plazas: reasignar los recursos a la reducción de cantidad y al aumento de calidad de los profesionales. Tomará tiempo, pero tendrá que producirse. No se puede vivir eternamente en una situación de desajuste. Por eso es un gran error tratar al problema como si el estado fuera un empleador privado más. Bien Trahtenberg por ver más allá de esta lógica parcial y monoiterativa. Mal quienes lo maltratan ahora. En el caso de la selección de maestros el gobierno ha fracasado en crear un consenso sobre estas medidas. Rotundamente. Y con el agravante de no tener a ningún sector social que lo apoye, salvo algunos diseñadores de estas medidas y periodistas afines (3).

Pero bueno, tampoco pensemos que esto sólo pasa en el Perú. Que nadie se atreva a tocar los subsidios a los agricultores americanos o franceses, que nadie se atreva a liberalizar el mercado de trabajo francés, que nadie se atreva a tocar algunos aranceles o cuotas en EEUU. Es así. La democracia impone límites a algunas políticas. Quienes se plantean introducir reformas en un país tienen que tomar en cuenta la oposición de los sectores afectados y trabajar mucho más en crear consensos, involucrar a la población y a las organizaciones opositoras. Hay quienes siguen minimizando este factor, como si no importara, o peor aún, como si se tuviera que pasar por encima de los opositores. Bueno, esto último no es otra cosa que pasar a una dictadura. Al fin y al cabo, ¿para qué negociar o llegar a acuerdos con opositores minimizables, si con una dictadura se puede imponer una agenda?

En fin, una futura dictadura tiene la agenda ya lista. Es todo aquello que hoy encuentra un gran rechazo entre la población.

______
(1) El golpe tampoco tuvo nada que ver con la estabilización de la economía, largamente estable en 1992. Para eso hubo un "fuji-shock" en 1990, diseñado por economistas que no han recibido crédito alguno por darlo (y parece que de ninguna manera les interesa recibirlo...).

(2) Se podría minimizar las reacciones contra estas medidas y decir que son grupos pequeños que sacaron porcentajes ínfimos en las elecciones, pero cuidado: en Tambo Grande hubo un referéndum, se rechazó una propuesta de hacer un referéndum por el TLC (¿y si perdía?), las autoridades regionales también han sido electas en votación universal y secreta, el sindicato de maestros ha sido consistentemente fuerte a lo largo del tiempo. Hay resistencia de parte de la población.

(3) Mal también en politizar el tema. En el gobierno de Toledo fue un ex-izquieridsta, Nicolas Lynch, quien introdujo el examen a los maestros (como bien lo recuerda Sinesio López) y criticó la "concepción arcaica" de la educación refiriéndose al SUTEP.

A León Trahtenberg sólo por pensar cuerdamente en el tema educativo y del profesorado le ha caído palo en el mismo medio en que colabora:


007 para el Cusco de Aldo Mariátegui (más cordial)

La mala educación de Carlos Espá (con maltrato)

Dos periodistas no especializados en el tema educativo, es decir, dos improvisados, se lanzan a maltratar a un especialista como León Trahtenberg. Mal.

Foto tomada de aquí


Actualización: Las declaraciones de Trahtenberg en la radio a las que se refiere Aldo Mariátegui habrían sido estas:
Trahtemberg: ministro Chang se equivocó con ley del tercio superior

(...)

"No se le puede decir a dos tercios de los maestros del país quienes estudiaron en institutos o universidades, que su título está muerto y no tienen derecho a presentarse a los concursos de contratación o nombramiento de profesores pues no estuvieron en el tercio superior, mas aún cuando nunca antes se les advirtió de este requisito", comentó el especialista.

Retroactivamente están castigando a estos profesionales quienes estudiaron educación y han recibido un título a nombre de la Nación, precisó.
Es lo que viene diciendo hace tiempo. Este mismo argumento se lo escuché hace un mes en el programa de Jaime de Althaus en Canal N.

En este artículo hay un descargo sobre el tema:
El ministro Chang se ganó la reputación de ser un ministro que no le teme al enfrentamiento con el Sutep cuando se trata de poner orden y de sacar adelante normas que involucran a los profesores. Ha sabido poner el tema magisterial en la agenda nacional y gubernamental, logró sacar adelante la Ley de Carrera Pública Magisterial y su reglamento, todo lo cual le ganó prestigio y popularidad, siendo el único ministro de temas sociales que Alan García no cambió a finales del año pasado.
Esta vez se equivocó con la improvisada norma que permite que sólo quienes fueron parte del tercio superior al concluir sus estudios de pedagogía sean contratables para las plazas disponibles en todo el país. Por lo demás, si este criterio fuera tan relevante ¿por qué no aparece en el reglamento de la Ley de la Carrera Pública Magisterial ni entre los requisitos del concurso de plazas para los nombramientos perpetuos? Es una norma que hace agua por todos los lados y no repetiré nuevamente las razones. Atacar a quienes sugerimos modificar la norma para perfeccionarla diciendo que nosotros no queremos la mejora de la calidad de la educación, resulta un impertinente insulto.
Si Chang quiere liderar una reforma tiene que ejercer la autoridad con inteligencia y ponderación, detectando además a tiempo cuando sus allegados, ayayeros o jefes le están poniendo trampitas para quemarlo o bajarlo en las encuestas. Creo que lo más inteligente que puede hacer es escuchar a los opinantes bien intencionados, reconocer que cometió un error, rectificar la norma, y con ello fortalecer su autoridad y liderazgo, que de lo contrario, así intente imponer la norma a la fuerza, se habrán debilitado irreversiblemente.
Buena chiquita a los ayayeros de Chang...

Y aquí el artículo de Lauer, otro no especialista, alabado por Mariátegui: Honor al mérito. Y otrito más: ¿Igualito es?.




Carlín ha graficado magistralmente el argumento de Trahtenberg (La República. Carlin - 13/02/2008)

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