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25 oct. 2008

2000: Tudela Vice Por Silvio Rendon

El mismo día de la votación de 2000, el 9 de abril, Fujimori quedó en capilla por el huayco toledista. Ya no la tuvo fácil. Años antes jugó con ventaja contra Pérez de Cuéllar, ventaja económica, mediática y gubernamental. Y antes, con las justas se aprobó su constitución en un apurado referéndum. Esta vez todos los partidos lograron unirse contra él y apoyar al puntero, Toledo. Ya se sabía que el gobierno fujimontesinista era corrupto y violador de los derechos humanos, pero faltaba la victoria definitiva. Con Toledo concentrando más del 40% del voto en primera vuelta, Fujimori la tenía difícil. Se le había abierto un forado en su barco. Ya no tenía la imagen de apoyo multitudinario, masivo, monolítico, excluyente, imagen creada mediante un presupuesto especial que compraba canales, prensa, políticos de oposición, jueces. Nominalmente contaba con un caudal electoral importante. Obviamente, los recursos económicos y triquiñuelas montesinistas sustentaban ese caudal. La diferencia con ocasiones anteriores era que la oposición tenía algo con que contrapesar las trampas fujimontesinistas: el apoyo externo. Si Fujimori era Supermán, un Supermán con poderes prestaditos nomás, la oposición había encontrado finalmente la kriptonita. Y Fujimori, cual los germanos de la primera escena de "Gladiator", no se enteraba de que ya estaba derrotado.

Caer por el despeñadero era cuestión de tiempo. La forma en que Fujimori logró salirse con la suya con su golpe de 1992 se le aplicaría ahora contra él. Si los EEUU de Bush como de Clinton, entusiasmados con su "hombre en Lima", Montesinos, pasivamente le habían dejado pasar el golpe, ahora activamente a través de la USAID financiarían a Transparencia (y luego a la CVR, de claro sesgo antifujimorista, pero blanda con Belaúnde y García, en cuyos gobiernos se cometieron la mayor parte de violaciones a los derechos humanos - y con el general Cisneros Vizquerra, antifujimorista candidato en la lista de Pérez de Cuéllar). Si antes Fujimori jugaba con ventaja, con un Montesinos comprando voluntades, ahora la oposición contaba con el amparo político internacional (el que no le llegó en 1992 cuando proclamaron presidente a San Román). Las fuerzas internas se equilibraban.

Aquí conviene recordar lo que señalaba el Presidente Mao Zedong, tan evocado por el mismo Montesinos: las contradicciones externas nunca predominan sobre las internas; las contradicciones externas actúan a través de las contradicciones internas. EEUU no puede tumbarse a Fujimori (o a Allende en Chile) sin que existan en el Perú sectores sociales y políticos en actividad contra Fujimori, algunos de los cuales dispuestos a jugar en tándem con los EEUU. Difícilmente los EEUU hubieran podido hacer algo con Toledo sacando, digamos, 20% del voto y el resto repartiéndose entre los otros partidos (que fue lo que le pasó a Pérez de Cuéllar). Fujimori ganaba en primera vuelta y los vladivideos posteriores podrían haber sido una crisis más, manejable (como lo es hasta ahora la crisis de los petroaudios, convertida en una mera crisis ministerial).

Va este entrevista de Francisco Tudela por Rosa María Palacios, muy reveladora de las opciones que se barajaban entonces. Se pensó en una fórmula de transición con Tudela pasando de vice-presidente a ser presidente, una vez que Fujimori renunciara o que se lo destituyera por incapacidad moral. Tudela rechazó esa posibilidad, "que se busquen a otro", pero ya se prefiguraba y hablaba abiertamente de la caída del régimen. Sin Fujimori no habría fujimorismo. Mucha gente quedaría en "posición adelantada", fuera de juego, ensimismada en la inercia que todo régimen crea; alguna otra la vio (o le datearon - y se creyeron el dato) y muy a tiempo se cambió de equipo.



En 2000 Francisco Tudela denuncia que el Departamento de Estado de los EEUU está promoviendo un golpe de estado en el Perú.

Francisco Tudela: "Transparencia ha recibido 750 mil dólares del gobierno ..."
Rosa María Palacios: "de AID, de AID".
Francisco Tudela: "Bueno, pero la OEA recibió 250 mil nomás. Es extraño que una organización...".
Rosa María Palacios: "¿Y el gobierno peruano cuánta plata recibe de AID?".
Francisco Tudela: "Para proyectos fiscalizados".
Rosa María Palacios: "Pero es igual".

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17 set. 2007

La guerra contra las ideas Por Gustavo Faverón Patriau

Les pido que le den una mirada a la columna de este sábado de Rosa María Palacios en el diario Perú 21. Les pido más: que la lean con cuidado. En la superficie y desde su título parece aludir a alguna forma de debate: “las ideas se combaten con ideas”, dice, y “la guerra de las ideas llegó a la minería”, y el lector, entusiasmado, piensa que lo que Palacios describe es el principio de la racionalidad como forma de discusión en el Perú.

Pero no es así: Palacios no ha identificado ningún debate de ideas, sino lo que más se puede parecer a un debate de ideas en la mente de un abogado promedio: una guerra propagandística destinada a promover o desprestigiar intereses. Y Palacios no sólo la describe: la propone.

¿Qué diferencia hay entre un debate de ideas y una guerra propagandística? Es obvio: nadie sostiene un debate intelectual partiendo del entendido de que su posición original no será modificada de ninguna manera: un debate de ideas es necesariamente un intercambio.

Una guerra propagandística, en la otra cara de la moneda, es un despliegue de estrategias destinadas a la imposición de mis ideas; en ella, las nociones y las propuestas ajenas existen sólo como objeto a destruir, reducir y descartar.

Según el diagnóstico de Rosa María Palacios, las empresas mineras están perdiendo “el combate de las ideas” porque, mientras que sus rivales del “activismo antiminero” han desplegado una efectiva y práctica estrategia de diseminación del discurso ambientalista, las mineras sólo son capaces de responder con prepotencias y caballazos.

Lo que las mineras deberían hacer, dice Palacios, es diseñar ellas también una estrategia similar, es decir, deben invertir “en convencer”. Suena excelente, suena democrático. No lo es tanto, sin embargo. El quid está en un aparente detalle que a los abogados suele escapárseles por deformación profesional: lo interesante (para nosotros, para la civilidad) no es cómo hacer para que gane uno de los bandos; lo interesante es que gane quien tenga la razón, o que ambas razones encuentren un terreno de intersección y elaboren una nueva vía a partir de ello.

En resumen. Lo que Palacios predica es algo así: ya que los ambientalistas dicen que las mineras dañan el medioambiente, colapsan el ecosistema y atentan contra la salud de las personas, las empresas mineras deben diseñar una estrategia que diga: “las mineras no dañan el medioambiente, no colapsan el ecosistema y no atentan contra la salud de las personas”. Y deben hacer que, tácticas propagandísticas mediante, ese discurso se imponga y reemplace al otro.

Muy buena idea, salvo por un detalle: ¿qué pasa si es verdad todo o parte de lo que dicen los ambientalistas? Entonces, de triunfar el discurso de las mineras, usando los métodos que propone Rosa María Palacios, se habría impuesto una gran mentira.

No es una paradoja: es que Palacios ha dejado de lado en su artículo, por completo, el factor crucial de una “batalla de las ideas”: el hecho de que el espíritu de un verdadero intercambio racional es la inclinación a descubrir una verdad y obrar de acuerdo con ella, no el espíritu de ganar mis litigios siendo siempre más vivo, más despierto y más rápido que mi rival. Razón y propaganda no son sinónimos; verdad e interés, menos aun. Palacios está confundiendo una “batalla de las ideas” con “la guerra de las cervezas”.

Las ideas no valen por el simple hecho de ser ideas: las ideas pueden ser verdaderas o falsas; moralmente no da lo mismo defender una verdad que imponer una mentira.

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