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21 ene. 2008

Nuestra falta de ciudadanía Por Susana Frisancho

No hay algo que me cuestione e indigne más que ver en el día a día la falta de ejercicio de sus derechos (y deberes) ciudadanos que es común en muchos peruanos.

Primer ejemplo:
El primero de Enero me fuí a la playa. Allí, mucha gente dormía la borrachera del día anterior, o seguía aun tomando. El asunto es que en una playa en la que está prohibido andar con carros por la arena habían hasta tres camionetas 4 x 4 dando vueltas por la orilla a toda velocidad, poniendo en peligro a los niños y adultos que transitaban por alli. A mi y a Susana Villarán, que estaba conmigo, nadie nos hacía caso cuando les pedíamos a esos autos que dejaran de circular. Cuando ya el asunto se tornó más serio nos fuimos a hacerle el pare a uno de ellos, el peor, el que estaba dando vueltas en la arena a velocidades impensables y peligrosas. Tratamos de levantar gente que estaba echada en la arena para ir en grupo pero nada, nadie queria moverse. Estaban durmiendo la tranca del año nuevo, o estaban simplemente muy cansados como para tomarse la molestia de preocuparse por hacer respetar su derecho a la seguridad. Algunos que estaban menos borrachos nos decían que era una barbaridad lo que hacía el carro pero aun así no quisieron comprometerse. Tuvimos que ir solas Susana y yo a tratar de impedir que esos irresponsables siguieran poniendo en peligro a los niños: estaban completamente borrachos, eran una familia en la que había una mujer mayor sobria que había sido incapaz de decirle a su pariente que no se debía manejar borracho y menos aun en la arena donde habían tantos niños. Encima esa familia inconsciente nos dijo que nos relajáramos, que nos iba a ir mal el 2008 por empezar el año renegando...

Segundo ejemplo:
Voy a poner gasolina y veo a un hombre en su carro poniendo también gasolina y hablando al mismo tiempo por celular, lo cual está prohibido pues resulta peligroso. La chica que lo atendía se lo permitía sin inmutarse. Yo inmediatamente le llamé la atención a él, pero se fué al terminar de poner su gasolina, prepotentemente hablando aun por el celular, como si nada hubiera pasado. Entonces le llamé la atención a la empleada del grifo por su falta de ejercicio ciudadano: le dije que era su responsabilidad hacer cumplir la norma, que hay un cartelito enorme que dice que está prohibido hablar por celular alli y que ella tenía que hacerlo respetar, pero solo me respondió -un poco avergonzada- que nunca le hacen caso. Y seguramente es así, le doy la razón. La prepotencia de algunos clientes debe ser intolerable. Pero eso no justifica que ella haya renunciado a ejercer su función, que haya claudicado de lo que le corresponde. Nuevamente, como en el caso anterior, su falta de capacidad para el ejercicio ciudadano ponía en peligro incluso su propia seguridad, y la de todos en el grifo.

La educación ha fracasado: forma personas incapacaces de ejercer plenamente sus derechos ciudadanos, e incapaces también de asumir a conciencia sus responsabilidades. Este es el fracaso mayor, desde mi punto de vista, de nuestros sistemas educativos.

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