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2 may. 2007

Metáforas que matan Por Daniel Salas

Concuerdo con casi todo lo que Susana expone en su primer post en el Gran Combo, si bien no siento la misma aversión por el artículo que tanto desagrado le produce. Creo, en efecto, que hay una pronunciada degradación de la calidad del periodismo cultural y de opinión.

Uno de los problemas que me gustaría señalar es el que se origina en la incapacidad de observar la retórica en la que se sostiene el discurso. Y esto prueba, una vez más, el poder de los tropos en la modelación del pensamiento y la conducta. Sobre esto han escrito George Lakoff y Mark
Johnson, por un lado, y Mark Turner por otro.

METÁFORAS QUE MATAN A LA IZQUIERDA

Vayamos a un ejemplo concreto. Hay por lo menos dos columnistas altamente ridículos y desubicados como Guillermo Giacosa en la izquierda y Carlos Espá en la derecha, ambos recurriendo a metáforas que de pronto se convierten en presupuestos que el autor deja de cuestionar. Giacosa, por ejemplo, reporta una serie de desastres naturales recientemente ocurridos para dar a entender, de una manera apocalíptica y nada sutil, que ello se debe a la acción humana. Cito:

Ecocidio: adelantos de lo que vendrá
1) En Coahuila, México, un fenómeno meteorológico semejante a un tornado provocó al menos tres muertes, 40 heridos y grandes destrozos. Los fuertes vientos, acompañados de granizo, azotaron 20 minutos el municipio de Piedras Negras, en la frontera con EE.UU. El embate fue terrible en el poblado de Villa de Fuente: casas destruidas, iglesia arrasada, techos levantados, árboles arrancados de raíz y daños a decenas de vehículos.
2) Varias tormentas severas mataron a una decena de personas e hirieron a otras 80 en la localidad estadounidense de Eagle Pass, en el estado de Texas.
3) En Houston, EE.UU., una tempestad con tornados y granizo dejó a 16,000 residentes sin electricidad, además de arrancar los techos de varias casas. En Dallas y en Forth Worth se registraron ráfagas de viento de más de 90 kilómetros.
4) En Carolina del Norte, debido a la sequía, los incendios arrasaron 700 hectáreas de bosques.
5) En Santa Fe, Argentina, las violentas lluvias provocaron la pérdida de un porcentaje importante de la próxima cosecha de soya.
Veamos. Todo comienza con la metáfora de que la Tierra es el hogar del hombre. Una vez que olvidamos que esta es una simple metáfora (porque, en efecto, la Tierra no ha sido diseñada con la finalidad de acoger la vida humana ni ninguna forma de vida y para saber esto basta ver el canal Discovery), nos olvidamos de que los desastres naturales son propios de las condiciones del planeta y soslayamos el hecho de que hasta el momento no existe ninguna prueba de que la acción humana sea capaz de producir tornados, huracanes, lluvias o nevadas. Los desastres climáticos han existido siempre y seguirán existiendo. Pero, de repente, en ciertos momentos de crisis política, dejan de ser accidentes y se convierten, sin mayor explicación, en señales o augurios. En este aspecto, hay una resistencia bastante incuestionada a reconocer que la vida es un acontecimiento precario, minúsculo e irrelevante. Los seres humanos somos tercamente homocéntricos y las metáforas cotidianas nos refuerzan esta noción. Pensamos que si hay un terremoto, un aluvión o un diluvio alguien nos está enviando un mensaje. Giacosa, en lugar de citar alguna fuente científica de credibilidad, presenta hechos que son comunes como si fueran extraordinarios o portentosos, fomentando una narrativa que se diferencia muy poco de aquella de los testigos de Jehová. La consecuencia más penosa de este tipo de prácticas retóricas es que dañan tremendamente una causa que sí es justa y que sí posee fundamentos, como es el desarrollo de energía renovable y la administración más sensata de los recursos naturales. Los científicos de la Universidad de Colorado, donde estudio, sí han concluido que la acción humana ha producido y produce efectos atmosféricos sobre los cuales hay que llamar la atención; pero en ningún momento se atreven a sostener que los desastres climáticos (para ellos, acontecimientos de todos los días) sean consecuencia de la acción humana. Si queremos definir una acción justa y científicamente fundamentada respecto de este problema ningún beneficio produce el discurso apocalíptico, que es un discurso enfocado en el miedo.

METÁFORAS QUE MATAN A LA DERECHA

Por su parte, Carlos Espá recurre a la vieja metáfora liberal de oponer el presente al pasado, como si la modernidad sólo tuviera un camino. Leamos lo que dice respecto del actual Congreso: “A un lado del hemiciclo siguen aposentados el atavismo, el nacionalismo autocrático, el resentimiento irreductible. Al otro, se ubican posturas modernas y pragmáticas.”

Sobre esto último, hay dos aspectos que deseo resaltar:

En primer lugar, a mí me parece evidente que la incapacidad de comprender la complejidad de la modernidad llevó al emergente liberalismo peruano a un rotundo y lamentable fracaso en 1990. La metáfora temporal es incapaz de admitir que la modernidad consiste en mil avenidas diferentes y contradictorias. ¿Por qué son atávicos el nacionalismo, la reivindicación étnica o el racismo? Yo no concuerdo con ninguna de estas tres ideologías, pero es bastante simplista excluirlas del debate en razón de un tropo que más tiene de recurso propagandístico que de categoría de análisis con poder explicativo. Si las llamadas ideas “atávicas” alcanzan tanta fuerza es porque son funcionales para ciertos intereses. La tarea crítica debería consistir en explicar la racionalidad de estas ideas y la manera en que operan dando forma a la vida diaria e interviniendo en la cosa pública. El liberal a lo Espá, lamentablemente, se niega a ver a sus oponentes ideológicos como oponentes políticos. De esta manera, da a entender que su batalla está perdida. Pero lo que me parece aun más grave es que a través de estos discursos simplistas, de una calidad crítica casi inexistente, fomenta prejuicios y resentimientos. No nos engañemos: el resentimiento no es exclusivo de los pobres y los excluidos. Para mí es claro que la burguesía peruana tiende, de una manera cada vez más agresiva, a echarle la culpa de sus frustraciones a los “serranos atrasados a los que les hace falta el oxígeno.”

En segundo lugar, no entiendo cuál es el grupo dentro del Congreso que representa el “pragmatismo y la modernidad” en un sentido liberal. Lo que tenemos son derechistas mercantilistas, oportunistas y sin ninguna orientación ideológica liberal. Apenas fue derrotada la candidatura de Mario Vargas Llosa, la mayoría de estos “liberales”, consecuentes con su pragmatismo, se fueron con Fujimori, lo alzaron sobre sus hombros y lo aplaudieron. Luego pudieron influir a través de Toledo. Pero no existe, no es visible, una fuerza liberal autónoma. Queda muy en ridículo Aldo Mariátegui burlándose de la pobre votación de la izquierda porque, hasta donde cualquiera alcanza a ver, la votación liberal es, simplemente, inexistente. Esto se debe en gran medida a la pobre formación de las fuerzas liberales, a su poca capacidad de entender la lucha política que es, ante todo, una lucha de comunicación. Aquí viene a cuento la preocupación de Susana, a saber, las cuestionables estrategias de los comunicadores y su poca conciencia de cómo se interpretan los tropos del discurso. Sobre ello, hay mucho más que reflexionar.

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