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16 ene. 2008

El Inca Garcilaso y los mortíferos esquemas mentales Por Daniel Salas

El principio es muy simple: gracias a los modelos cognitivos, nos hacemos una idea de quiénes somos, quiénes son los demás y cómo actuar. Hay modelos narrativos (por ejemplo, cuando vemos salir disparada una piedra o una pelota, podemos prever que va a caer; si alguien sufre algún daño, podemos prever que va a expresar dolor) y hay modelos metafóricos (cuando estamos tristes, estamos abajo, cuando estamos alegres, estamos con el ánimo arriba) Pero como todas herramientas humanas, tienen sus ventajas y sus desventajas y, en algunos casos, pueden producir la muerte.

Uno de los esquemas cognitivos más mortíferos es la idea de superioridad natural. Me refiero al esquema mental de que, dentro de un grupo, somos los que mandamos porque pertenecemos a un grupo privilegiado. Uno de los motivos por lo que podemos creer que estamos al mando son prejuicios étnicos o raciales: solemos pensar que, dentro de un grupo, aquel de ideas “occidentales” (cualquier cosa que esto signifique) lidera a los que poseen ideas “no occidentales”; asimismo, en un grupo en donde hay un blanco y varios indígenas, solemos presuponer que el blanco está al mando. Sé que estoy generalizando, que alguien me puede decir “yo no presupongo eso”, pero me refiero a los modelos más comunes y estereotípicos.

Estas creencias pueden ser favorables al sujeto en algunos casos: por ejemplo, cuando el sujeto está empeñado en una tarea colonialista, hará lo posible por seguir el esquema de superioridad y dominar a los otros. Si tiene suerte, puede llegar a convencer a los subalternos de que entre ellos se establece una relación “natural”: él o ella nació para mandar y ellas o ellos nacieron para obedecer.

Pero hay la posibilidad de morir en el intento. Veamos este pasaje sobre el oidor Lucas Vásquez de Ayllón referido por en Inca Garcilaso en su famoso relato sobre La Florida:

“dio en la costa de una tierra apazible y deleitosa, cerca de Chicoria, donde
los indios le recibieron con mucha fiesta y aplauso. El oidor, entendiendo que
todo era ya suyo,
mandó que saltassen en tierra dozientos españoles, y fuessen a
ver el pueblo de aquellos indios, que estava tres leguas la tierra adentro. Los
indios los llevaron, y después de los aver festejado tres o cuatro días,
asegurándolos con su amistad, los mataron una noche, y de sobresalto dieron al
amanecer en los pocos españoles que con el oidor avían quedado en la costa en
guarda de los navíos; y aviendo muerto y herido los más dellos, les forçaron a
que rotos y desbaratados se embarcassen, y bolviessen a Sancto Domingo, dejando
vengados los indios de la jornada passada” (La Florida. Introducción y notas de
Carmen Mora. Alianza Editorial. 1988, 111).


El oidor pensó que su sola presencia había bastando para conquistar a los indios del norte. La presuposición de la superioridad residía, muy probablemente, en la idea de que por ser noble, blanco y cristiano, era “natural” que los indios se sometieran. Aquí tenemos un ejemplo de cómo lo “autoevidente” puede ser peligroso y mortal.

Es posible sacar lecciones actuales. En mi opinión, la falta de flexibilidad, una de cuyas variaciones es el esencialismo, puede ser sumamente dañina y forzar decisiones que violentan los intereses de aquellos que, supuestamente, querríamos ayudar. En el análisis crítico, cuando los prejuicios se imponen sobre la observación de los hechos, podríamos llegar a conclusiones que nada tienen que ver con lo que la gente piensa y percibe.

Esto último es muy importante de anotar: las ideologías políticas se construyen como narraciones; es decir, tienen un comienzo, un nudo y un final. Cuando estamos convencidos de cómo va a ser la historia, seleccionamos de las evidencias aquellas que confirman nuestra predicción. El peligro del dogmatismo político reside en creer más en la narración que en el análisis de los datos. Es entonces que se abren paso los Pinochet, los Castro y los Fujimori, entre otros personajes deplorables, por supuesto.

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2 may. 2007

Metáforas que matan Por Daniel Salas

Concuerdo con casi todo lo que Susana expone en su primer post en el Gran Combo, si bien no siento la misma aversión por el artículo que tanto desagrado le produce. Creo, en efecto, que hay una pronunciada degradación de la calidad del periodismo cultural y de opinión.

Uno de los problemas que me gustaría señalar es el que se origina en la incapacidad de observar la retórica en la que se sostiene el discurso. Y esto prueba, una vez más, el poder de los tropos en la modelación del pensamiento y la conducta. Sobre esto han escrito George Lakoff y Mark
Johnson, por un lado, y Mark Turner por otro.

METÁFORAS QUE MATAN A LA IZQUIERDA

Vayamos a un ejemplo concreto. Hay por lo menos dos columnistas altamente ridículos y desubicados como Guillermo Giacosa en la izquierda y Carlos Espá en la derecha, ambos recurriendo a metáforas que de pronto se convierten en presupuestos que el autor deja de cuestionar. Giacosa, por ejemplo, reporta una serie de desastres naturales recientemente ocurridos para dar a entender, de una manera apocalíptica y nada sutil, que ello se debe a la acción humana. Cito:

Ecocidio: adelantos de lo que vendrá
1) En Coahuila, México, un fenómeno meteorológico semejante a un tornado provocó al menos tres muertes, 40 heridos y grandes destrozos. Los fuertes vientos, acompañados de granizo, azotaron 20 minutos el municipio de Piedras Negras, en la frontera con EE.UU. El embate fue terrible en el poblado de Villa de Fuente: casas destruidas, iglesia arrasada, techos levantados, árboles arrancados de raíz y daños a decenas de vehículos.
2) Varias tormentas severas mataron a una decena de personas e hirieron a otras 80 en la localidad estadounidense de Eagle Pass, en el estado de Texas.
3) En Houston, EE.UU., una tempestad con tornados y granizo dejó a 16,000 residentes sin electricidad, además de arrancar los techos de varias casas. En Dallas y en Forth Worth se registraron ráfagas de viento de más de 90 kilómetros.
4) En Carolina del Norte, debido a la sequía, los incendios arrasaron 700 hectáreas de bosques.
5) En Santa Fe, Argentina, las violentas lluvias provocaron la pérdida de un porcentaje importante de la próxima cosecha de soya.
Veamos. Todo comienza con la metáfora de que la Tierra es el hogar del hombre. Una vez que olvidamos que esta es una simple metáfora (porque, en efecto, la Tierra no ha sido diseñada con la finalidad de acoger la vida humana ni ninguna forma de vida y para saber esto basta ver el canal Discovery), nos olvidamos de que los desastres naturales son propios de las condiciones del planeta y soslayamos el hecho de que hasta el momento no existe ninguna prueba de que la acción humana sea capaz de producir tornados, huracanes, lluvias o nevadas. Los desastres climáticos han existido siempre y seguirán existiendo. Pero, de repente, en ciertos momentos de crisis política, dejan de ser accidentes y se convierten, sin mayor explicación, en señales o augurios. En este aspecto, hay una resistencia bastante incuestionada a reconocer que la vida es un acontecimiento precario, minúsculo e irrelevante. Los seres humanos somos tercamente homocéntricos y las metáforas cotidianas nos refuerzan esta noción. Pensamos que si hay un terremoto, un aluvión o un diluvio alguien nos está enviando un mensaje. Giacosa, en lugar de citar alguna fuente científica de credibilidad, presenta hechos que son comunes como si fueran extraordinarios o portentosos, fomentando una narrativa que se diferencia muy poco de aquella de los testigos de Jehová. La consecuencia más penosa de este tipo de prácticas retóricas es que dañan tremendamente una causa que sí es justa y que sí posee fundamentos, como es el desarrollo de energía renovable y la administración más sensata de los recursos naturales. Los científicos de la Universidad de Colorado, donde estudio, sí han concluido que la acción humana ha producido y produce efectos atmosféricos sobre los cuales hay que llamar la atención; pero en ningún momento se atreven a sostener que los desastres climáticos (para ellos, acontecimientos de todos los días) sean consecuencia de la acción humana. Si queremos definir una acción justa y científicamente fundamentada respecto de este problema ningún beneficio produce el discurso apocalíptico, que es un discurso enfocado en el miedo.

METÁFORAS QUE MATAN A LA DERECHA

Por su parte, Carlos Espá recurre a la vieja metáfora liberal de oponer el presente al pasado, como si la modernidad sólo tuviera un camino. Leamos lo que dice respecto del actual Congreso: “A un lado del hemiciclo siguen aposentados el atavismo, el nacionalismo autocrático, el resentimiento irreductible. Al otro, se ubican posturas modernas y pragmáticas.”

Sobre esto último, hay dos aspectos que deseo resaltar:

En primer lugar, a mí me parece evidente que la incapacidad de comprender la complejidad de la modernidad llevó al emergente liberalismo peruano a un rotundo y lamentable fracaso en 1990. La metáfora temporal es incapaz de admitir que la modernidad consiste en mil avenidas diferentes y contradictorias. ¿Por qué son atávicos el nacionalismo, la reivindicación étnica o el racismo? Yo no concuerdo con ninguna de estas tres ideologías, pero es bastante simplista excluirlas del debate en razón de un tropo que más tiene de recurso propagandístico que de categoría de análisis con poder explicativo. Si las llamadas ideas “atávicas” alcanzan tanta fuerza es porque son funcionales para ciertos intereses. La tarea crítica debería consistir en explicar la racionalidad de estas ideas y la manera en que operan dando forma a la vida diaria e interviniendo en la cosa pública. El liberal a lo Espá, lamentablemente, se niega a ver a sus oponentes ideológicos como oponentes políticos. De esta manera, da a entender que su batalla está perdida. Pero lo que me parece aun más grave es que a través de estos discursos simplistas, de una calidad crítica casi inexistente, fomenta prejuicios y resentimientos. No nos engañemos: el resentimiento no es exclusivo de los pobres y los excluidos. Para mí es claro que la burguesía peruana tiende, de una manera cada vez más agresiva, a echarle la culpa de sus frustraciones a los “serranos atrasados a los que les hace falta el oxígeno.”

En segundo lugar, no entiendo cuál es el grupo dentro del Congreso que representa el “pragmatismo y la modernidad” en un sentido liberal. Lo que tenemos son derechistas mercantilistas, oportunistas y sin ninguna orientación ideológica liberal. Apenas fue derrotada la candidatura de Mario Vargas Llosa, la mayoría de estos “liberales”, consecuentes con su pragmatismo, se fueron con Fujimori, lo alzaron sobre sus hombros y lo aplaudieron. Luego pudieron influir a través de Toledo. Pero no existe, no es visible, una fuerza liberal autónoma. Queda muy en ridículo Aldo Mariátegui burlándose de la pobre votación de la izquierda porque, hasta donde cualquiera alcanza a ver, la votación liberal es, simplemente, inexistente. Esto se debe en gran medida a la pobre formación de las fuerzas liberales, a su poca capacidad de entender la lucha política que es, ante todo, una lucha de comunicación. Aquí viene a cuento la preocupación de Susana, a saber, las cuestionables estrategias de los comunicadores y su poca conciencia de cómo se interpretan los tropos del discurso. Sobre ello, hay mucho más que reflexionar.

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La "creatividad" de algunos comunicadores Por Susana Frisancho

A veces me encuentro en los periódicos con artículos pésimos, que sin embargo han encontrado quién sabe cómo su lugar en alguna columna de opinión. El sábado leí uno de Carlos Carlín en Perú 21 que aunque seguramente estaba destinado a hacer reír a mi me hizo renegar, por lo mal escrito que estaba y lo intrascendente y absurdo de lo que decía. Me pregunto cómo consiguen tribuna estos individuos. Pero no me ocupo aquí del artículo de Carlín. Más bien, aprovecho mi fastidio del sábado para decir algo sobre el uso de cierto tipo de ironía en la comunicación, cosa que quería hacer hace tiempo. Por ejemplo, no entiendo en absoluto la intención de este artículo, escrito en el contexto del problema legal de la PUCP en relación a la administración de los bienes de Riva Agüero:

Gracias, Juan Luis

El artículo me parece poco claro y ambiguo, e imposible de descifrar para un grueso sector de la población. Juega con una ironía que –pienso- la gran mayoría de peruanos no entiende, así como tampoco entendieron la ironía que pretendía dar forma al mensaje de la campaña La Perra Habla (si te dicen perra tienen razón… ¿recuerdan?) que este mismo comunicador plantó por todo Lima hace unos años y que mucha gente interpretó de manera literal, según me consta por diversos comentarios oídos en aquella época. Además de que este artículo en particular me parece mal escrito e incluso falaz (¿por qué la inspiración viene de la fe? Eso será para los creyentes…), el punto que quiero sostener aquí es que estos mensajes invertidos (en los que se dice algo para que el lector interprete lo contrario), no funcionan bien con una población como la nuestra, que lamentablemente, como sabemos los psicólogos que nos especializamos en los procesos cognitivos, y como saben también los educadores que conocen el rendimiento nacional en lectura, por ejemplo, tiene grandes dificultades para interpretar mensajes irónicos, entender metáforas o simplemente comprender lo que lee. Sin tener nada personal en contra del autor del artículo, a quien conozco, me sorprende que estos mensajes que no creo sirvan de mucho - más allá de su impacto mediático, como el de la Perra- sean publicados en un periódico. Y uno que se dice serio, además. No quiero sonar paternalista, pero existen muchas investigaciones, avaladas además por la experiencia cotidiana, que nos indican que una mayoría de peruanos lamentablemente no entiende lo que lee.

Recuerdo la experiencia que tuve cuando visitaba a un amigo enfermo en neoplásicas: En el ascensor, mientras subía a su piso, me topé con un poster en el que se veía el rostro de un hombre maduro (como de 50 años o más), de raza negra, y calvo. El poster decía algo así como: ayuda a que un niño con cáncer vuelva a perder el pelo, y pedía dinero a la gente para una colecta. Yo lo interpreté como que al dar dinero se ayudaba a un niño con cáncer –que ya había perdido el pelo por la quimioterapia- a vencer el cáncer, llegar a la adultez, y así volver a peder el pelo, esta vez por causas naturales (la edad). Como me pareció un mensaje altamente complejo, en el mismo ascensor, de subida y bajada, hice mi pequeña “investigación”: les pregunté a los demás a bordo qué quería decir el mensaje, y descubrí que nadie, ni siquiera las 3 enfermeras a las que pregunté, lo interpretaba como yo. Todos me decían que el mensaje quería decir que los niños con cáncer perdían el pelo. No sé si mi interpretación se acerca más a la intención original del que diseñó el poster (quizá no y yo soy la equivocada, si puede usarse este término), pero me parece que las personas a las que pregunté interpretaban literal y parcialmente el mensaje, y que esta interpretación lo empobrecía. A mi modesto entender esta experiencia revela algo acerca de las capacidades lectoras y de pensamiento de mucha gente.

Regreso a mi punto: A los que son o se dicen comunicadores les haría falta conocer un poco más los sistemas cognitivos humanos, antes de mandarse con todo y echar a andar su “creatividad”. Insisto, he leído artículos francamente deplorables, de los que no he oído mayores críticas y a cuyos autores sigo viendo publicar, semana tras semana. Quizá los lectores deberíamos ser más explícitos en señalar que no somos tontos y que nos damos cuenta de la poca calidad de muchas de las cosas que diversos “columnistas” publican. Imagino que en un artículo de opinión vale todo bajo la responsabilidad del autor, pero aun siendo democrática y defensora de la libertad de expresión, creo que los periódicos deberían ser un poco más selectivos con lo que publican.

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