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7 jul. 2008

Los otros "gallinazos" Por Silvio Rendon

Via el post Los gallinazos veo que se van sumando evidencias para lo que se supo desde el primer momento: después del rescate a los rehenes en la casa del embajador de Japón se cometieron ejecuciones de personas desarmadas. Los secuestradores fueron capturados con vida, estaban desarmados, se los podía haber encarcelado, pero no se les respetó la vida y se los mató. Luego se lanzaron una serie de versiones falsas, para encubrir el delito.

En este post comentaba sobre el operativo Chavín de Huántar como lo vi en tiempo real (ver también memoria: el operativo chavín de huantar, diez años después de Roberto Bustamante). Sobre este asunto la memoria parece concentrarse en el operativo de rescate de los rehenes, siendo motivo de polémica la muerte de los secuestradores ya rendidos y desarmados. Esa es una línea que mucha gente no cruza. Rescate, sí; muerte en combate, inevitable. Pero matar a un enemigo rendido y desarmado es inaceptable para mucha gente "en todo momento y en todo lugar" (la frase entre comillas de Milton Friedman).

Sin embargo, hay un aspecto de este secuestro que se ha olvidado. El secuestro comienza en diciembre y el operativo de rescate se ejecuta en abril. El secuestro dura como cinco largos meses. Y no sólo eso. El secuestro tiene aprobación de la población que en su mayoría dice "tienen razón en lo que reclaman, pero esa no es la forma". Efectivamente, en los días posteriores al inicio de la toma por el grupo terrorista hay una serie de reacciones públicas. La más importante en mi opinión es la de la iglesia que le pide al gobierno que tome nota de "situaciones que hayan podido llevar a este desenlace" (cito de memoria). Recordemos. Estamos a fines de 1996, ante un gobierno monolítico, sin oposición, que controla la prensa, que tiene los pergaminos de haber estabilizado económicamente al país y derrotado el terrorismo. Un país que supuestamente va bien, que en los últimos tres años había duplicado sus exportaciones después de décadas de estancamiento. Una economía en expansión. Todo esto, y un grupo pequeño y derrotado se atreve a una acción espectacular en que casi secuestran al mismo Fujimori.

Una fuente me indicó alguna vez que se hicieron encuestas durante los cinco meses que duró el secuestro y que había una parte importante de encuestados que apoyaban los reclamos de los secuestradores pero no los medios y una parte no desdeñable que apoyaban el secuestro en sí. Dados estos resultados estas encuestas no fueron publicadas.... Estos son los "otros gallinazos". Los que ocultan la realidad. Sin este dato, crucial, no se entiende lo que pasó después. Había ocurrido algo parecido a lo visto el 5 de abril de 1992 cuando de la noche a la mañana quienes ayer estaban con la democracia, hoy apoyaban el golpe de estado. Bruscos cambios de opinión de una ciudadanía que no se ve representada por el sistema político. Un día apoya una cosa y otro día, apoya otra.

Pero claro, este apoyo al menos a las reivindicaciones (cambio de política económica, atención a la pobreza, etc.) se debilitó con el paso del tiempo. Los secuestradores hubieran podido aceptar las condiciones que el gobierno les ofrecía, al estilo del M19 en la toma de la embajada dominicana en Colombia. Pero no lo hicieron, quedaron atrapados en la lógica de la liberación de los miembros de su grupo, y he ahí el desenlace. La gente también entiende que la intransigencia en la negociación es contraproducente y desde luego no aprueba ni se ve beneficiada por la liberación de terroristas, menos de esa manera.

Y claro, quien cruza la línea mencionada arriba aplica la lógica que en estas guerras el que pierde, pierde y el ganador se lo lleva todo. Quien gana la guerra adquiere el derecho a beber chicha en el cráneo del enemigo. O a tomarse fotos al lado de su cadáver.

Sin embargo, los efectos demostración y la difusion de ejemplos son más sutiles que eso. Quienes aprueban las reivindicaciones pero no los medios violentos no tardan en entender que es su turno de hacer las cosas, y de una manera mejor. Pocos meses después de estos hechos una multitud de estudiantes saldría a las calles a protestar por la destitución de unos magistrados en el Tribunal Constitucional. Antes el gobierno de Fujimori había cometido atropellos iguales o peores al estado de derecho, pero poca gente dijo algo y nadie salió a las calles. Esta vez los estudiantes iniciaron una movilización espontánea, sin dirigentes nacionales de partidos políticos. Había un cambio de actitud entre la ciudadanía. Ya no era Fujimori salvador, sino Fujimori dictador. El panorama político se comenzaba a abrir. El apoyo interno y externo comenzaba a llegar a las organizaciones opositoras, hasta el momento relativamente inactivas. Una nueva generación, formada bajo Fujimori, comenzaba a hacer sentir su presencia. Una pequeña rajadura, que sería el comienzo del fin de Fujimori y Montesinos.

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