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23 oct. 2007

El TLC como Pacto Social Por Silvio Rendon




Artículo publicado en Gestión el 19 de octubre de 2007

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El TLC como Pacto Social

Por Sílvio Rendon

El 10 de mayo de 2007 los republicanos y demócratas americanos después de semanas de negociaciones llegaron a un acuerdo sobre cómo deberían ser los tratados comerciales internacionales: los EEUU se abren al comercio exterior, sí, pero con derechos sindicales y protección del medio ambiente en sus países socios. Este primer acuerdo bipartidista importante en el nuevo congreso controlado por los demócratas fue considerado en los EEUU como muy inusual. En cualquier lugar lograr un consenso es difícil, y claramente este acuerdo reflejaba un toma y daca de dos lógicas en acción: la lógica del libre comercio y la lógica de la protección a los trabajadores (en los países socios comerciales; el acuerdo no incluía a los trabajadores americanos). Se alcanzaba así una solución salomónica, acorde con la actual correlación de fuerzas políticas en los EEUU y precedente de futuros tratados comerciales de ese país.

En el Perú, fue el gobierno de Toledo el que tuvo la iniciativa de firmar un TLC con los EEUU. Como bien le diría el congresista Charles Rangel al expresidente peruano “It’s your baby”. La política seguida por nuestro anterior gobierno, orientada por darle un curso acelerado el TLC, era muy sencilla: nos piden ajustes, ajustes hacemos. No había mucho margen para la negociación. Estos ajustes incluían no sólo temas comerciales, sino también temas laborales y ambientales. Más aún, el ministro Kycyznski y el embajador Ferrero enviaron en Julio de 2006 una carta a los congresistas americanos a través del congresista Charles Rangel en la que explicaban que en el Perú sí se respetan los derechos laborales y el medio ambiente. En esta carta se describían las leyes laborales y ambientales entonces recientemente modificadas. Sin embargo, a los congresistas americanos no les bastaba con que en el Perú existieran ciertas leyes; lo que les interesaba definitivamente era que éstas se cumplieran. De ahí que siguieran insistiendo con el tema laboral y ambiental.

En nuestro país, aún no se ha asimilado el acuerdo logrado en los EEUU. Todavía nuestros agentes económicos quieren el mejor de los mundos para sí mismos. Los empresarios peruanos quieren un TLC, pero se oponen a los estándares laborales incorporados a éste; los sindicatos, en proceso de fortalecimiento y mayor activismo, se oponen al TLC pero aprecian las exigencias demócratas de mayor protección laboral y ambiental en el Perú. De esta manera, el acuerdo salomónico logrado en los EEUU todavía no se logra en el Perú.
En mi opinión, el TLC es un pacto social que nos viene desde fuera. Más que verlo como un tema externo, debemos pensarlo como parte del pacto social que necesitamos en el país. Lamentablemente no tenemos instituciones capaces de representar a toda la sociedad peruana: ni el congreso de la república, que no cumple con su función de canalizar las demandas sociales y lograr acuerdos, ni las múltiples, ineficaces y superpuestas instancias de negociación creadas desde el ejecutivo, ni el desprestigiado poder judicial. Al no funcionar las instancias peruanas, se pasa a requerir la intervención de instancias internacionales. Es lo que hemos visto recientemente: al no funcionar la justicia peruana, los perjudicados, sean éstos víctimas de violaciones de derechos humanos o empresas que denuncian que les incumplieron un contrato, acuden a tribunales internacionales. En tal sentido, el TLC ofrece un marco jurídico con garantía externa para que se respeten los derechos laborales y ambientales en el país. Los trabajadores, y en general los peruanos y peruanas, pueden ampararse en el TLC mejor que en cualquier institución nacional.
Y, por supuesto, al suscribir un acuerdo internacional de este tipo perdemos algo de soberanía. Sin embargo, eso es precisamente lo que queremos y necesitamos, dada la inoperancia y falta de credibilidad de nuestras instituciones, que podrían también fortalecerse a partir de esta presión externa. Las ventajas están a la vista. El pacto social y económico que significa el TLC puede impulsar la actividad exportadora e importadora y dar lugar a una importante reconversión productiva en el país, acompañada de mayores salarios y mejores condiciones de trabajo obtenidas en base a la propia capacidad de negociación de los sindicatos. Esperemos que ambas reconversiones, la productiva y la social, traigan beneficios para todo el país: mayor crecimiento que llegue a cada vez más personas.

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