l

Últimos Posts

Mortalidad prematura por enfermedades crónicas y p...Unknown
El friaje: no se necesitan abrigos, se necesitan v...Unknown
ACTUALIZACION SOBRE LA GRIPE H1N1Unknown
MITOS Y REALIDADES DE LA FIEBRE PORCINA H1N1Unknown
GRIPE PORCINAUnknown
grancomboclub.comSilvio Rendon
El presupuesto de ESSALUD y las exoneraciones a la...Silvio Rendon
Alan Sokal: Tomando en serio las evidenciasAndrea Naranjo Gamarra
La transición religiosa latinoamericanaSilvio Rendon
Un ejercicio de coherenciaCarlos Mejía

.  

.  
.   .  
.  
. . .     .    

.    

.

14 nov. 2008

1961: Los puñetazos de Javier Heraud Por Silvio Rendon

El post 1963: Heraud y el rechazo del pueblo fue comentado por Aldo Mariátegui en Peinando a Heraud . Como comentaba en estos Combitos, y actualicé en el mismo post, la fuente, confirmada esta vez, para la afirmación sobre el ataque a un grupo de cubanos anti-castristas es Alaín Elías y Jorge Salazar (1976) "Piensan que estamos muertos". Mosca Azul, Lima. Una fuente muy bien informada, pues son los protagonistas de esas épocas y acontecimientos quienes los cuentan, en primera persona.

Un grupo de cubanos anti-castristas celebraba una misa por los caídos en Playa Girón o Bahía de Cochinos en la iglesia de San Francisco de Lima. La misa era oficiada por el padre Mojica, ex-actor de cine mexicano convertido a cura franciscano. Un grupo de izquierdistas, de San Marcos y Católica, compuesto de diversos poetas, entre ellos Javier Heraud, se organizó para sabotear el acto. Si el cura hablaba de política, iban a gritar "Cuba sí, yanquis, no" dentro de la iglesia; si no lo hacía, la armarían afuera de la iglesia. "Ya en la iglesia, tuvieron que comerse las consignas. Porque el sermón del cura fue amoroso, conciliador y humilde".Elías y Salazar lo cuentan:
¿Qué pasó?, cuando sería mejor preguntarse qué pasa, ya que estás todavía dentro de la iglesia, apabullado de gusanos lujosos, de raídos fotógrafos, reconociendo tres filas más allá, delante tuyo, a Frank Díaz Silveira y a Armando Cruz Cobos, agentes de la CIA-del gobierno-cubano-en-el exilio y a los jefes del Apra y sus matones y sus mujeres elegantes y sus periodistas y oficiales de Seguridad del Estado, todos amplios democráticos y circunspectos, pensando sólo en las cámaras de televisión, en vivo y en directo, rodando tan importante escena en la historia de la guerra por la libertad occidental y cristiana, en peligro seguro. Y de súbito una, dos ocultas voces ¡Fidel, seguro!

La plaza de San Francisco se conmueve con las voces que responden hermanas ¡A los yanquis dales duro!
Comienza así el ataque, puñetazos, carterazos de las mujeres del grupo, insultos ("gusanos maricones"). El asunto, un acto de intolerancia, es contado década y media después como un acto heroico.


"Atacaron a un grupo de cubanos anti-castristas que asistieron a un oficio religioso por los caídos en la invasión"

Página 30 de Elías y Salazar (1976). La fuente original parece ser El Comercio.

Hacer click en la imagen para ampliarla



Es interesante ver quiénes son los cubanos tan rechazados por estos izquierdistas.
Frank Diaz-Silveira tiene en su haber un ataque, el 16 de noviembre de 1960, a la embajada cubana en Lima, apropiándose de archivos de la embajada. El 9 de agosto de 1961 fue retirado de la Conferencia Social y Económica Interamericana por provocar una trifulca a puñetazos y por interrumpir un discurso pronunciado por Ernesto Guevara. La intolerancia iba por aquí también....

El caso de Armando Cruz Cobos es el de un cubano radicado en Lima en los cincuentas y vinculado al Apra, ver aquí, como que compuso la marcha de los CHAP (Chicos Apristas Peruanos), aquí. El Apra se había caracterizado también por la intolerancia, propinándole con frecuencia golpizas a sus adversarios políticos. En los sesentas, Luis Alberto Sánchez, rector de la Universidad de San Marcos, era conocido por estar rodeado de personas muy dispuestas al ataque físico a los contrincantes.

Tiempos de intolerancia en que mandaba el más fuerte, no quien tuviera la razón.

***************

El resto del grupo

El grupo de Javier Heraud estaba conformado por alrededor de cuarenta hombres. Entró al Perú por Bolivia, cruzando un río en dos lanchas comandadaas por sus compañeros bolivianos. El grupo decide enviar una avanzada de ocho personas a inspeccionar la situación, entre ellos a Javier Heraud. Cuando el grueso del grupo tiene noticia del tiroteo de Puerto Maldonado, los bolivianos abandonan a los insurgentes peruanos llevándose todo: gasolina, alimentos, medicinas, quedándose varados en la selva. Tienen que decidir si van a Puerto Maldonado o si se repliegan. Están convencidos que el Ejército Peruano les había tendido un "corralito". En su larga marcha de cuatro meses de La Paz a Puerto Maldonado el ejército boliviano ya los había perseguido y emboscado a algunos. Así había ocurrido en el Paraguay con tres columnas guerrilleras similares, donde no quedó ni uno solo vivo. Probablemente el ejército boliviano ya había notificado al EP de su presencia.

Marchan en dirección del río Tahuamanu, sin saber que el Ejército Peruano se había movilizado para capturarlos. El jefe de las fuerzas americanas acantonadas en Panamá había volado a la frontera boliviano-brasileña. El ejército boliviano también estaba buscándolos. Parte del grupo es capturado en el puerto de San Francisco y es conducido a Cobija. Otra parte, al parecer, se dispersa, vive en forma semi-clandestina en Bolivia, con cierta ayuda de algunas organizaciones de izquierda, y paulatinamente regresa al Perú. Se reagrupa en el "Movimiento 15 de mayo" y se constituye en el ELN (Ejército de Liberación Nacional) que reaparece en 1965 en La Mar, Ayacucho.

***************
Javier Heraud intenta suicidarse

El grupo de ocho insurgentes es denunciado por alguien que confunde a uno de ellos con Hugo Blanco. El grupo es detenido por la policía, que les comunica que se sospecha que son contrabandistas...

Ya en la persecusión, Javier Heraud destruye primero su diario y luego sus poemas, "¿Para qué sirven los poemas?", dice....
"La metralla llueve sobre nosotros. Javier responde desde la popa, a tiros. Súbitamente descubrimos que nos acercamos al puerto. El río arrastra las canoas hacia allí. Desde el muelle el gentío también comienza a disparar. La presión es abrumadora. Miro a Javier, tiene los ojos más tristes que nunca, levanta lentamente su pistola. Se la pone a la altura de la sien.

- ¿Qué vas a hacer...?
- ¡Matarme!
- ¡No...no...!
- ¡Así me han enseñado...!
- ¡Aquí se muere peleando!
- No hay nada que hacer Alaín; mira, la población también...
- Están azuzados por la policía ¿no te das cuenta? No podemos contestarles a esos mierdas, pero eso no nos obliga a matarnos...Están engañados...Además tienen mala puntería...
- ¿Qué hacemos?
- Saca unas naranjas.

Javier me entrega unas naranjas y comenzamos a pelarlas, las balas de la gente que dispara desde la orilla pasan cerca, lejos, lejos, lejos...

- Tienes razón, Alaín, son unos huevones. Javier ha recobrado su sonrisa. Aprovecho para preguntarle:

- ¿Nos rendimos?
- Tú ve...
p. 147-148
Lo comentado en este post, el rechazo del pueblo fue real. Desalentó a Javier Heraud en su hora final.

***************
Heraud y Elías se rinden, pero igual les disparan

El relato del protagonista lo deja muy claro: los dos hombres están armados. Elías ha vaciado ya su cacerina disparando.

Elías grita "¡No disparen!", pero les siguen disparando. "Nos quieren liquidar", constata. Los impactos llegan primero a Elías. Un disparo en el cuello que le inmoviliza el brazo izquierdo; otro en la clavícula izquierda. Entonces Javier Heraud amarra una camiseta a un palo y la levanta agitándola, pero los disparos continúan. "Deja nomás, Javier... deja...nos quieren matar....". Javier Heraud es alcanzado por un disparo en la clavícula derecha y luego por la espalda. Muere con un boquete en el estómago...

Primera plana de La Prensa sobre las dos "asonadas comunistas" en que murieron cuatro personas: el sargento Sam Jara, el balsero Roberto Vásquez, Javier Heraud (no sé quién es la cuarta persona, posiblemente sea el insurgente Nelson Rodríguez).

Hacer click en la imagen para ampliarla. Página 42 de Elías y Salazar (1976).



***************
Cuarenta años después, la CVR

Hace poco Martín Tanaka, en el contexto de un tema diferente al del presente post, recordaba aquí este párrafo de la CVR:
“La CVR considera que aquellas personas que hayan resultados heridas, lesionadas y muertas en enfrentamientos armados y que pertenecían en ese momento a una organización subversiva terrorista no pueden ser consideradas víctimas. Estas personas tomaron las armas contra el régimen democrático y, como tales, se enfrentaron a la represión legal y legítima que las normas confieren al Estado. Por otro lado, los miembros de las FF.AA., policiales o comités de autodefensa que son heridos, lesionados o muertos en enfrentamientos armados sí son considerados víctimas en este esquema. Estas personas fueron dañadas como consecuencia de un acto legal y legítimo de defensa del orden democrático y merecen el reconocimiento y respeto del Estado y la sociedad” (tomo IX, capítulo 2).
En mayo de 1963, había un gobierno militar, pero que ya había convocado a elecciones para junio de 1963. ¿Implica este párrafo que Javier Heraud no puede ser considerado víctima? Es claro que la CVR se ocupó de los ochentas y noventas; los sesentas fueron diferentes. Pero un principio ético es más universal y permanente que un análisis particular. Un insurgente que ha librado un combate, disparando un arma, se ha rendido y a pesar de eso ha sido muerto, ¿no es víctima?

En fin. No es de sorprender que luego los estudiantes de la PUCP, que han leído párrafos de la CVR como el citado, se pregunten qué hace alguien como Javier Heraud, u otros, en "La plaza de la memoria".





"Plaza de la memoria de la PUCP". Circunstancias diversas.

Etiquetas: , ,

.  
.   .  
.  
. . .     .    

.    

.

24 set. 2008

1963: Heraud y el rechazo del pueblo Por Silvio Rendon

[Comencé a escribir este post para el 45 aniversario de la muerte de Javier Heraud, hace algunos meses. El post se quedó en el teclado, pero ahora va aquí, más orientado hacia la reflexión a 40 años del golpe de estado de Velasco Alvarado.]

Javier Heraud murió no sólo por la balas policiales sino por las balas de la población civil de Puerto Maldonado, que portaba fusiles de caza. Después de su muerte, según relata un testigo, trataron su cuerpo de forma brutal, tiraron el cadáver al suelo, lo arrastraron y lo tiraron a la loza. Un hecho usualmente omitido en la historia sobre su muerte. El rechazo del pueblo a su presencia.



Reportaje del periodista Marco Sifuentes

En Pobladores y azuzados Daniel Salas señala la tendencia a negarle responsabilidad a la gente por sus acciones, como si fueran menores de edad, o como si la población tuviera que identificarse con los grupos insurgentes. En un testimonio se cuenta que a la población le dijeron que iban a matar a los curas y monjas.

Llega un grupo de jóvenes muy llamativo a un hotel, el hotel Chávez. Estos jóvenes son en realidad una columna guerrillera que ingresa al Perú desde Bolivia y tiene como objetivo llegar a La Convención, cruzando 300 km de selva, para apoyar militarmente a Hugo Blanco. Ya había caminado una distancia similar para llegar al Perú desde Bolivia. Se detienen en Puerto Maldonado porque están exhaustos.

Son denunciados y detenidos por la policía. No es que la población los quiso linchar. Ya estando detenidos en cierto momento se produce un tiroteo donde muere el sargento Sam Jara, se hiere a dos guardias republicanos y a un joven del grupo, Nelson Rodríguez, quien salva la vida (Mercado 1967). Sin embargo, el grupo es finalmente reducido. La versión de los miembros de este grupo es que los policías fueron heridos y muertos por sus propios compañeros.

Javier Heraud y Alaín Elías logran escapar, esconderse y convencer a un balsero a que los cruce a la otra orilla del río mediante una canoa. Son interceptados y, según se cuenta, "se produce un tiroteo". Elías y Heraud se rinden, pero les siguen disparando, con la policía animando a las personas armadas que les disparaban a que sean rematados. Muere Javier Heraud, al igual que Roberto Vásquez, el balsero que los llevaba, quien sin saber nadar se lanza al agua y se aferra a la popa de la canoa, pero es alcanzado en el cráneo por una bala.

Después de los incidentes, había consternación y sorpresa porque un muchacho blanco, enorme, de Lima fuera muerto. Un hecho incomprensible al parecer, que alguien que "valiera tanto" entregue su vida por gente pobre, que "vale tan poco", en los crueles estándares convencionales. En el reportaje anterior los/as entrevistados/as dicen que no se podía hablar, y que posteriormente mejoraron la tumba de Javier Heraud, y le pusieron su nombre a avenidas, colegios, avenidas.

Quince días después de estos sucesos, Hugo Blanco desde prisión diría: "admiré la valentía de los muchachos de Madre de Dios, pero siento mucho que tanta energía revolucionaria se haya desperdiciado" aquí, citado por José Luis Rénique.

Definitivamente, que se tratara de un poeta marcó una gran diferencia en que se le recordara como se le recuerda. Los nombres del sargento y del balsero muertos quedaron olvidados. Los objetivos del grupo, muy posiblemente armado (el "fuego amigo" ocurre, pero no es muy creíble en este caso), eran prestar apoyo militar a Hugo Blanco. Se trató de un plan mal diseñado. Cruzar la selva no es tan sencillo. Además, ya los estaban esperando. La policía sabía que venían y a qué venían.

Un par de comentarios a la luz de la historia reciente

El rechazo del pueblo es un factor real en la insurgencia. Las guerrillas de los sesentas no concitaron gran apoyo o fueron directamente rechazadas por la población, no sólo en Madre de Dios, sino en Ucayali (entre otros lugares, como veremos en otro post), donde Máximo Velando es capturado por los campas y entregado a la policía. Dos décadas después, con Sendero Luminoso y el MRTA, hubo mucho más aceptación popular, en particular en Ayacucho y en San Martín. Fue el resultado de un largo trabajo político previo. Sin embargo, también fueron rechazados por la población. Y, desde luego, sabemos cuál fue su reacción: matar a la población que los rechazaba. Lucanamarca por Sendero, y asesinato de dirigentes campas por el MRTA (absurdamente, en venganza por la muerte de Máximo Velando - tan absurdo como si a alguien se le ocurriera ir a Puerto Maldonado a vengar a Javier Heraud), por dar dos ejemplos.

Evidentemente, Abimael Guzmán estudió la insurgencia de los sesentas y al parecer diagnosticó que ésta fue conducida por grupos llenos de desviaciones ideológicas, que esperaban que la gente los apoye por la sola presencia del foco guerrillero. Su conclusión fue resolver el rechazo del pueblo mediante la intimidación y la violencia extrema. Las acciones de Sendero Luminoso son brutales. Se basan en el factor sorpresa y la muerte de policías y métodos aberrantes como arrojarles ácido en la cara. Inicialmente, esta conducta les da credibilidad, de que van en serio, y no serán aniquilados rápidamente, como la insurgencia de los sesentas. También sirve para que sus integrantes asuman que son "homicidas-suicidas", que tienen que dar una "cuota" de sangre (Gorriti 1990). El MRTA dentro de su propia lógica va por una ruta parecida con sus "sicilianos".

Efectivamente, desde un punto de vista militar Sendero Luminoso y el MRTA llevaron a cabo insurgencias más desarrolladas que las de los sesentas y conocían mejor el terreno y a la población. No soñaban con cruzar 300 km de selva a pie.

Es difícil decir qué habría pasado si la insurgencia de los sesentas se hubiera extendido. Las guerrillas latinoamericanas fueron idealizadas por algunos sectores izquierdistas, pero la verdad es que fueron unas grandes violadoras de los derechos humanos, léase asesinatos, muertes, abusos, robos, etc. Es posiblemente antipático recordar que Javier Heraud fue parte de un grupo de jóvenes simpatizantes del régimen castrista que agredió a puñetazos a un grupo de personas que pacíficamente celebraba un acto de condena al régimen castrista (si no me equivoco se trataba de una misa en la iglesia de la Merced, en Lima). La intolerancia estaba ahí*.

Pero bueno, los insurgentes de los ochentas no han inducido ninguna medida redistributiva o de interés nacional. Nada que alguien pueda decir "efectivamente, hacer eso estaría bien". Nada constructivo. En cambio, dentro de su estrepitoso fracaso, la insurgencia sesentera conmovió profundamente a la sociedad peruana, comenzando por los propios militares que la derrotaron. A la larga los vencidos y rechazados insurgentes triunfaron a través de un gobierno militar que nacionalizó el petróleo e hizo la reforma agraria, programa de la insurgencia y promesa incumplida por todos los partidos políticos de los sesentas.

________

Bibliografía

Gorriti, Gustavo. 1990. "Sendero: Historia de la Guerra Milenaria en el Peru. Lima: Apoyo.

Mercado, Roger 1967. "Las guerrillas del MIR, 1965", Lima: Editorial de Cultura Popular.


* Este post le gustó a Aldo Mariátegui (ver Peinando a Heraud ). Haciendo un esfuerzo de memoria me acordé que el incidente de los puñetazos está contado en Jorge Salazar y Alaín Elías (1976) "Piensan que estamos muertos". Mosca Azul, Lima. En base a este trabajo se hizo una historieta sobre la vida de Heraud, incluyendo el incidente. Lógicamente, quien tiene una agenda aprovecha de un intento de versión balanceada de la historia para llevar agua para su molino...
La revolución cubana producía encendidas pasiones a favor y en contra. En la Universidad Católica hubo un grupo de estudiantes, simpatizantes castristas, que hizo un homenaje a la revolución cubana; las autoridades de la universidad reaccionaron expulsándolos.




Plaza de la memoria, PUCP, 2007.



Chabuca Granda: El fusil del poeta es una rosa



Martina Portocarrero: "Lo mataron soldados y gamonales"

Más en Presencia cultural:
Uno y dos.




"Canoa", película mexicana de Felipe Cazals. El cura del pueblo incita a la población al ataque a un grupo de jóvenes citadinos y escaladores de montañas. El cura agita a la población diciéndole que los comunistas venían a matarlos y robarles. Ver más aquí

Casos así han ocurrido, pero el de Javier Heraud no fue uno de ellos.

Etiquetas: , , , , , ,

.  
.   .  
.  
. . .     .    

.    

.

13 may. 2008

Heraud Por Daniel Salas

El traslado de los restos del poeta y guerrillero Javier Heraud ha removido el mito el joven escritor comprometido que muere en una causa justa y que sirve de guía a un mundo que, sumergido en el utilitarismo, ha perdido la ilusión. Heraud es como la encarnación del idealismo que nos llama a recuperar los ideales, el joven soñador que nos enfrenta al imperativo de soñar. Por supuesto, me toca una vez más disentir.

Mi interés no es cuestionar a la persona. Por los testimonios de quienes lo conocieron personalmente, cabe convenir que Javier Heraud era un hombre bueno, cuya ética estaba fuertemente compelida por la indignación (que todos deberíamos tener) ante la pobreza y la injusticia. Como poeta, pienso que era bastante mediano, si bien demostró la inusitada energía que requiere un escritor de vocación. Es posible especular que murió demasiado joven (veintiún años) como para que su obra madurara y alcanzara el nivel de dos poetas que sí me parecen grandes, como Antonio Cisneros y Rodolfo Hinostroza.

Pero justamente aquí está mi punto: de haber sobrevivido a la experiencia guerrillera, hubiera sido más útil para el Perú, sin lugar a dudas. Por tanto, su muerte no signfica para mí el encumbramiento de un idealista que señala la pauta que debemos seguir, sino todo lo contrario: en mi opinión, Javier Heraud debería representar lo que los jóvenes peruanos no deben hacer, el camino que no deben seguir.

Me parece muy fácil idealizar el sacrificio cuando el sacrificado es otro. Lamentablemente, es lo que encuentro en esta nota de Marco Martos sobre el poeta y en la que se dice:

En una época en la que lo que más escasea son los ideales, su aventura política es incomprensible para muchos, o peor, desconocida, ignorada. […]

Nietzsche vaticinó a fines del siglo XIX el peligro de que las futuras generaciones sean formadas por una ciencia altamente tecnificada que solo persigue fines utilitarios medibles en monedas, totalmente alejada de fines humanísticos que no son otra cosa que el amor entre los seres humanos. Tragedia que vivimos ahora.

Martos quiere rescatar al héroe y llamar la atención sobre el valor de su hazaña. Por el contrario, a mí me parecería muy bien que tal aventura política permanezca incompredida, desconocida e ignorada. La razón que ofrezco es muy simple: el camino de Heraud es letal, peligroso, perjudicial. Multiplica la pobreza y alimenta el sufrimiento. Nada positivo puede rastrearse en sus ideales políticos. La Cuba que amaba es una horrenda tiranía. No ha producido hombres y mujeres nuevos, sino individuos sometidos, acallados y empobrecidos. Y en el Perú, los mayores beneficiarios de las guerrillas han sido los cárteles del narcotráfico y los políticos corruptos.
Es bueno soñar, siempre y cuando el sueño esté regido por la lucidez. La muerte de Heraud me parece lamentable no por lo que significó sino por el signficado perdido. No ganamos nada con la alabanza de la muerte.Si me pidieran nombrar personajes que me parezcan más encomiables, preferiría María Elena Moyano, Pascuala Rosado o, fuera del Perú, a Arnulfo Romero, es decir, no aquellos que persiguieron la muerte sino quienes se encontraron con ella.

Etiquetas: , ,