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29 mar. 2008
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19 feb. 2008
El Otoño de la Revolución Por Gonzalo Gamio

Quien escribe pertenece a la generación de la caída del Muro de Berlín y del colapso del bloque del Este. Tenía entonces dieciocho años y apenas había ingresado a la Universidad. Recuerdo que en el patio de Estudios Generales Letras nos reuníamos muchos estudiantes – por lo general frente a algún periódico mural de alguna agrupación universitaria – para discutir de qué modo los ideales socialistas que el fundamentalismo marxista (estalinista o maoísta) había estropeado o degradado – justicia social, solidaridad, libertades cívicas – podría recuperarse y reformularse honestamente desde un discurso y una práctica más democráticos. Entonces ya había leído al joven Marx – que me gustaba enfrentar al viejo Marx, el del Manifiesto y La Ideología Alemana – y empezaba a leer al joven Hegel (cuya Fenomenología del Espíritu me apartó definitivmente del marxismo, a pesar de mi profunda simpatía por los Manuscritos de 1844). Siempre leí a Marx como un filósofo – especialmente en la órbita de Hegel y su conciencia crítica de la modernidad -; deploraba cualquier forma de ortodoxia y sujeción del pensamiento.
En aquel tiempo no era difícil reconocer a los “marxistas” radicales. No conocían a Marx desde sus propios textos, sino desde la literatura secundaria que vulgarizaban vergonzosamente su pensamiento, como el lamentable manual de Marta Harnecker, de cuya inspiración provenían sus slogans y el corazón de su prédica. El vínculo con Hegel prácticamente no existía (curiosamente, salvo en términos de "superación"). Algunos hablaban de la violencia con cierto aire de condescendencia – como “herramienta dialéctica” para activar el “complejo mecanismo de la historia” -, aunque cuestionaban severamente los crímenes de Sendero Luminoso y del MRTA. Este discurso complaciente con la violencia en lo doctrinario, anexado tendenciosamente a la retórica vana de la "inevitabilidad histórica" nos resultaba moralmente inaceptable y profundamente irresponsable en una época en la que el terrorismo sembraba la muerte por doquier, y generaba formas irracionales de represión. Un signo fundamental de esta ortodoxia era la suscripción acrítica del régimen de Fidel Castro. En la otra orilla, nosotros, los “cristianos de izquierda”, los meros "intelectuales", sujetos completamente renuentes a la partidarización y al recurso a la consigna, rechazábamos la dictadura cubana, la represión de la discrepancia, las violaciones a los Derechos Humanos. Por ello, éramos considerados en aquellos debates “revisionistas” y “tibios”. Incluso se nos podía reprochar el hecho de que algunos de nosotros prefiriéramos la música de Joaquín Sabina antes que la trova de Silvio Rodríguez. No se nos hostilizaba – para nada -: sólo éramos el blanco de su ironía revolucionaria, porque no éramos capaces de “comprometernos”. Ante sus ojos, no nos merecíamos el Paraíso.
Recuerdo todo esto a propósito de la noticia de la renuncia de Fidel Castro a ser reelegido en el cargo de presidente del Consejo de Estado en Cuba. Hay quienes se preguntan si este hecho constituye el germen de una suerte de caída de un segundo muro. Lo peor que podemos hacer es precipitarnos en el análisis de lo que se ha anunciado hoy. Debemos interpretar los hechos en una perspectiva histórica. Castro llegó al poder en 1959 justificando su causa en el legado de Martí. Combatió un gobierno corrupto y autoritario, el de Batista. Medio siglo después, el romanticismo de esa gesta ha cedido el paso a la constatación de una sociedad sumida en la pobreza, que no encuentra los espacios necesarios para tener presencia en el diseño de la agenda política y en la administración del poder. Una sociedad alfabetizada, pero que no puede ejercer la crítica intelectual y social. Una sociedad que padece el régimen del Partido Único. Una sociedad en la que no se permite a sus miembros que sean propiamente ciudadanos. Más allá de los adelantos en salud, educación y acceso a la cultura, se trata de un sistema que reprime las libertades y los derechos básicos de las personas.
Pero el gobierno de Castro representa una paradoja dramática bastante clara: la revolución cubana se nutrió de una ideología basada en la confianza en la cooperación de las clases oprimidas, que se convertirían en el sujeto del curso necesario de la historia universal conducente al Reino de la Libertad. Sin embargo, ese sistema colectivista supuestamente - ese es el argumento ideológico que esgrimen los castristas - precisó de un individuo para su realización efectiva en el mundo de las realizaciones históricas. Tamaña contradicción. De modo que las dictaduras caudillescas constituyen el fracaso del socialismo, o encarnan su distorsión más perversa. La consigna “¡El Pueblo soy yo!” debería sonar terriblemente mal tanto en oídos socialistas como en oídos liberales.
Raúl Castro simboliza hoy el continuismo dictatorial y dinástico en la isla. Desearía para Cuba una próxima transición democrática, que haga posible la construcción de un régimen político pluripartidario y amplio, que juzgue los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la dictadura y promueva la existencia de una sociedad civil organizada y vigilante. No le deseo a Cuba el imperio de los cubanos de Miami. Sería terrible ver a Cuba ir de un extremo al otro: pasar de ser una sociedad controlada a convertirse en un gigantesco McDonalds. Una Cuba libre no puede ser simplemente Ron con Coca-cola: no se puede regresar sin más a los tiempos de Batista (que son también nefastos). No es posible volver atrás para reproducir las antiguas jerarquías sociales que otrora desangraban la isla. Ello supondría pasar de una tiranía a otra de un signo político diferente, y lo que se busca es plantear una vía hacia una genuina democracia. Ello me devuelve al tema político de mi adolescencia: el de la posible articulación ética e institucional de los principios políticos del liberalismo con los postulados sociales de la izquierda y el ideario socialdemócrata. Se trata más bien de apostar por la construcción de una sociedad de ciudadanos, abierta a una economía moderna tanto como a un sistema político inclusivo y participativo. Corresponde especialmente al pueblo cubano pensar cómo será posible conciliar las exigencias poderosas de la equidad con las (no menos irrenunciables) demandas de libertad individual.
Etiquetas: Cuba, Democracia, Izquierdas, Karl Marx
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24 dic. 2007
La Economia como Ciencia Dura (Mediocridad de la Educacion en el Peru III) Por Anónimo
Hace unas semanas escribí dos ensayos cortos sobre el origen de la mediocridad en el Perú. Algunos lectores interpretaron mal aquellas palabras... hablar de la mediocridad de la educación en el Perú no significa que considere a la educación peruana en todo lugar en toda profesión como mediocre. No soy autoridad alguna para decirlo. Me referí y refiero, evidentemente, a los componentes mediocres. La misma aclaración es valida para las siguientes líneas referidas al estudio de la economía, en particular la economía peruana.
Las frases "la economía es la mas dura de las ciencias débiles" o "economics: the dismal science" son estándares en esta profesión. Discrepo con esta visión. Es engañosa. Hace unos doscientos anos esta palabra, a diferencia de la fisica, la quimica o las matematicas prácticamente no existía. Un Adam Smith, un David Ricardo, un Karl Marx y más adelante un John Maynard Keynes han sido desde entonces los referentes. A mi se me hacen realmente difíciles de leer. Los encuentro poco útiles profesionalmente más allá de un interés histórico o de cultura general. El método que usaron era el de la retórica. (Ello no significa que no admire las ideas de Keynes a quien considero un genio).
El mundo, para bien, ha cambiado. Nuestra Deidre McCloskey, epistemóloga mas reputada de la profesión, lo pone en las siguientes palabras "Economics made progress without mathematics, but has made faster progress with it. Mathematics has brought transparency to many hundreds of economic arguments".
Yo soy mas agresivo que McCloskey. Realmente el avance de la economía fue prácticamente nulo antes de este siglo. La econometría, el “caballito de batalla”, era rudimentaria, lo cual mantuvo a nuestra profesión en la oscuridad. No se conocían conceptos básicos como la simultaneidad de la ecuaciones, o el papel de las expectativas. Lo mismo que decían Marx o Smith lo podria decir cualquier personaje poco respetado en la plaza San Martin. Peor aun, se podrían interpretar sus palabras de cualquier manera y adoptar como dogmas. El resto de la historia ya la conocemos.
Un Leon Walras, un Wilfredo Pareto y, más adelante, un Kenneth Arrow y un Gerard Debreu le cambiaron el rostro a esta profesión. Estos gigantes fundaron los cimientos de un método que ha permitido, ante todo, la incorporación del rigor científico a una profesión que se caracterizaba por la retórica, como la de los cuatro clásicos que menciono líneas atrás. Ello gracias a que descubrieron los dos teoremas fundamentales de la economía sobre los cuales escribiré en algunos días. Sin embargo, anticipo que la utilidad de estos teoremas no es el dogma liberal que se podría crear en torno a ellos, si no un paradigma, un estándar al cual nos debemos referir cuando se argumenta al respecto de la economía. Es decir, son útiles porque, cuando no se aplican, se puede identificar que es lo que exactamente esta sucediendo: externalidades, mercados incompletos, carencia de información, fricciones de busqueda, fricciones geográficas, carencia de un "tatonnemont walrasiano" etc. Los neokeynesianos son expertos en eso. Lo fueron tambien Harold Hotteling o Peter Diamond.
En el mundo de la macroeconomía, este rigor científico se lo debemos otros cinco grandes nombres. A Paul Samuelson y a Milton Friedman para comenzar y más adelante a Robert Lucas, Ed Prescott y a Tom Sargent. La ventaja de la matematización (contribución de los dos primeros), como lo señala el comentario de McCloskey, ha permitido unificar el lenguaje económico, verificar en el sentido popperiano las teorías y brindar una armonía teórica (contribución de los tres últimos) que ha contribuido en la mayor prosperidad del mundo, en particular el desarrollado.
Así pues, la teoría monetaria se ha desarrollado significativamente en los últimos 50 años. Lo mismo con las teorías fiscales. Se ha avanzado en la comprensión del funcionamiento de los mercados financieros y de los mecanismos de desarrollo, el comercio se suele considerar como positivo etc. Por ejemplo, con un poco de trabajo, se entiende que puede pasar con la distribución ante un aumento en el IGV. O, como lo viene haciendo Silvio Rendón en un artículo que me gusta mucho, se puede entender cuáles son los costos y beneficios que enfrentan los migrantes mexicanos al cruzar la frontera con EE.UU. Me atrevo a decir que el éxito de la política de estabilización después de nuestra hiper-inflación se lo debemos más a Tom Sargent y a Neil Wallace, que al chino fujimori.
Así pues, la economía, se acerca más a la astronomía que a la astrología, a la teoría de los números que a la numerología, a la neurociencia que los libros de autoayuda o a la investigación de operaciones que a los libros de administración pirateados, que escriben nuestros "Drakes" o "Posners" locales. Por eso, en cuanto a mi profesión se refiere, soy muy territorial al respecto.
El marxismo por ejemplo, interpreta a la función de producción como una línea en donde el capital y el trabajo son perfectos sustitutos. No hay interacción entre ambos factores, como en la función de producción Cobb-Douglas. Así pues, la acumulación de capital reduce el salario real y ello lleva a la crisis del sistema capitalista. Pero la tecnología de producción no es una línea. Es un error fundamentar una teoría bajo ese supuesto. Es una curva, en todo caso, y el avance tecnológico es clave y no puede ser descartado. La esencia del marxismo puede ser descartada desde un punto de vista científico en tanto que sus supuestos son muy poco plausibles. A pesar de ello, hay múltiples modelos con componentes marxistas que son rescatables pero, en esencia, el ciclo capitalista que predice el modelo marxista esta equivocado. Lo mismo que la planificación central por la carencia de incentivos o de un sistema de precios que sea mejor organizador.
El Perú cuenta con estupendos economistas. Lamentablemente, en esta ciencia, sobre todo, existe aun un cohorte que le da la espalda al avance tecnológico o científico para seguir con la retórica. Paul Krugman, escribe un libro que a se aplica a muchos “heroes locales” titulado "The Accidental Scientist" en el cual destaca lo mismo del periodismo o el político norteamericano. En nuestro país lamentablemente, muchos de estos sujetos pertenecen a la profesión. Los argumentos clásicos de "las recetas extranjeras no son válidas en el Peru" o que las teorías "son válidas para EE.UU., nosotros conocemos nuestro pais" son el caballito de batalla. Pero eso no es ciencia.
La economía como ciencia es un lenguaje en donde las ideas son claras y no ambiguas. Donde existe la posibilidad de contrastar, con información o calibrando modelos. Donde los canales están claros, donde los objetivos de una política son explícitos. Modelos que son sujetos a un proceso de depuración científico, proceso Darwiniano claro está, en donde se puede haber un consenso profesional.
Este ensayo es motivado por el post, con el cual discrepo rotundamente, de un joven estudiante de economía a quien no conozco. Aplaudo su iniciativa, y espero que, con el entusiasmo y la buena pluma con la que escribe, sepa encontrar el camino del argumento científico y no el de la retórica.
Etiquetas: ciencia, Economía, Economía peruana, Karl Marx, Mediocridad
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13 ago. 2007
César Hildebrandt, Greg Palast y "el milagro chileno" Por Silvio Rendon
En el blog de Greg Palast leo este artículo de Palast sobre Chile.
Hadas: Campanita, Pinochet y el Cuento del Milagro Chilenoy su versión en inglés
Tinker Bell, Pinochet and The Fairy Tale Miracle of Chile,que parece basada en este artículo publicado por Palast en 1998
Miracle Cure, But The Medicine Was Bright Red.Por lo que afirma César Hildebrandt en su artículo, Greg Palast no dice nada muy diferente a lo que ya dijo en este artículo escrito en 1998. Como no tengo el libro de Palast, me limitaré a hacer dos comentarios.
1. Las opiniones de Palast son controvertidas y algunas afirmaciones son erróneas. De hecho en su propio blog tiene opiniones discrepantes. Aquí va un comentario:
Dear Greg Palast,
I concur with your general picture of the Pinochet dictatorship and the “economic success” stories distortions.
However your statement “Chile could boast some economic success. But that was the work of Salvador Allende - who saved his nation, miraculously, a decade after his death” is abolute BullShit!
The Allende govt. although idealistic and fighting an enormous battle agianst conservative forces was a terrible out of control desaster.
I visited Chile one jear after the Pinochet coup, investigating the impact on agriculture, speaking with farmers of the left and the right. (I was then young and very sympathetic of socialism).
The fact is that under the Allende govt. the large latifundio landholdings where barely touched, the expropiations affected mainly mid sized succesful owner operated farms.
Apparently these farmers where the backbone of opposition to the govt. expropiations scheme.
The stories I heard of how the expropiatons took place where terrible, farmers with families where arested in early morninghours and dratged of their farmsteads, KGB style.Various of these farms I visited where run by worker cooperatives, and it was painfull to observe the complete deterioration of the infrastructure and equipment. Any workier who felt like hopped on a tractor and ruined the equipment in short time. Management was in the hands of persons whose main qualification was partymembership.
with best regards,
Christoph Meier
Las evidencias de Palast sobre la crisis económica en el gobierno de Pinochet corresponden a lo ocurrido a comienzos de los ochentas, y es un hecho que el PIB per cápita de Chile cae monotónicamente del 1981 a 1985. Sin embargo, es equivocado, y más aún, tendencioso, absolutizar lo ocurrido en esos años de crisis (enfrentada además por toda la región) y extraer consecuencias generales exclusivamente de esa etapa.
El gobierno de Pinochet tuvo en realidad muchos sube-y-bajas en términos económicos. Recuperó la caída del PIB per cápita sufrida con Allende (y aquí Palast ignora u obvia tanto la caída de Allende como la recuperación posterior); a comienzos de los ochentas la economía vivió una recesión; y a fines de los ochentas se recuperó. ¿En total qué pasó? Cuando Pinochet derroca a Allende en 1973 se encuentra con PIB per cápita del 25% de los EEUU. Cuando entrega el poder a Alwyin le da un PIB per cápita igual al ...25% de los EEUU. Chile con Pinochet no recupera el 40% histórico que tuvo hasta 1970. Sólo lo recupera después; hace poco. Eso es lo que tanto los partidarios como los opositores de Pinochet coinciden en considerar un "milagro", cada uno llevando agua para su molino. Mucho fervor en la discusión, pero coincidencia al fin...¿Qué milagro?
2. César Hildebrandt es inexacto en reproducir lo que afirma Greg Palast.
Hildebrandt (el texto no está entre comillas) afirma:
Fue Keynes, entonces, y no Friedman el que salvó a Chile. Keynes y un poco de socialdemocracia pinochetista, así como lo oyen.Mientras Palast asegura:
Así que ahí lo tenemos: Keynes y Marx, no Friedman, salvaron a Chile.En negrita en el original. Ups, Hildebrandt se voló a Marx. Cambió la conjugación en plural "salvaron" por la conjugación en singular "salvó". Tuvo su límite en asumir lo que decía Palast. Pero, bueno. Ya puestos a adjudicarse los méritos del llamado milagro chileno no hay por qué borrar a nadie de la foto, sobre todo si el autor a quien se cita lo afirma tan categóricamente. Tal vez Marx sólo fue un colaborador. Tendrá que quejarse con el INDECOPI de que lo hayan borrado en la segunda edición.....
Hildebrandt (una vez más no hay comillas):
Pinochet (...) autorizó un programa para crear 500,000 empleos públicosPalast:
Pinochet, quien había diezmado previamente las filas del gobierno, autorizó un programa para crear 500.000 empleos.Palast habla de crear medio millón de empleos, no dice que públicos. Hay una importante diferencia. Tal vez sea simplemente un error, digamos de traducción. Sino, ¿alguien se cree que a través del empleo público se va a producir un milagro económico? Que ni lo escuchen Mantilla y Múlder, que inmediatamente nos justifican un mayor copamiento aprista en la administración pública para así obtener un "milagro económico".
Ironías aparte, el público se merece un poco más de precisión.
Hasta aquí pescao vendido...(como dirían los guiñoles)
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12 ago. 2007
Smith, Marx y el Padrino Por Silvio Rendon
Hace algún tiempo Guillermo Rochabrún escribiría una carta de Marx a Engels Windows Vista comentado por Karl Marx. El tema del pensamiento de los clásicos sigue siendo fascinante y de cuando en cuando se vuelve a hablar de ellos. En Smith, Marx y el Padrino resulta que Don Corleone supera dialécticamente a Marx y a Smith. Curioso. En A propósito de Libertad y la ausencia del Liberalismo en la derecha peruana de José Talavera Morales se describe a una derecha peruana más pro-empresarios que pro-mercado, justo lo contrario al pensamiento de Adam Smith quien era pro-mercado, pero tenía una gran distancia con los empresarios como personas. Los clásicos siguen dando vuelta en algunos temas presentes.
Etiquetas: Adam Smith, Economía, Karl Marx, Liberalismo